Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Premios Turismo

La ruta de la fe y el azúcar: los conventos donde la repostería también es patrimonio

Tres monasterios extremeños con Solete de la Guía Repsol trazan un itinerario de turismo espiritual y gastronómico en el que tradición, silencio y dulces artesanos conectan pasado, territorio y vida contemplativa

Jerónimas de Cáceres.

Jerónimas de Cáceres. / EL PERIÓDICO

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Juan José Ventura

Juan José Ventura

Cáceres

El turismo espiritual gana enteros. Extremadura cuenta con enclaves como el Real Monasterio de Guadalupe (Patrimonio Mundial) como epicentro, junto a otros enclaves como el Real Monasterio de Yuste (Carlos V) y el Santuario de Chandavila en La Codosera (cuyas apariciones de la Virgen fueron reconocidas por el Vaticano). A todo esto hay que añadir la Basílica de Santa Lucía del Trampal y la Ermita de la Virgen del Ara (Capilla Sixtina extremeña), combinando patrimonio monumental, leyendas y naturaleza para una experiencia de conexión y reflexión. Sin embargo, la propuesta de recorrer Extremadura siguiendo la dulzura de su repostería monacal surge gracias a los tres conventos extremeños que han recibido un Solete de la Guía Repsol por su tradición repostera. En todo el país han sido 27 los conventos galardonados pertenecientes a doce congregaciones religiosas diferentes. En concreto, los conventos extremeños con un Solete son el Convento de Santa Clara, en Llerena; el Convento de San Pablo, en Cáceres, y el Convento de Nuestra Señora de la Salud, en Garrovillas de Alconétar.

Convento de Santa Clara de Llerena: misterio

Las monjas de clausura de Santa Clara de Llerena abrieron excepcionalmente las puertas de su convento del siglo XVI a la Guía Repsol para mostrar el trabajo artesanal con el que elaboran sus célebres dulces, herederos de una tradición marcada por la convivencia histórica de las culturas cristiana, judía y musulmana en esta localidad del sur de Badajoz. Enclavado en un casco histórico de calles empedradas y un pasado ligado a la Orden de Santiago y a la Inquisición, el convento rezuma siglos de recogimiento, hoy impregnados del aroma de la almendra y el azúcar.

Nueve religiosas —dos españolas y siete mexicanas— mantienen vivo un obrador en el que, de lunes a jueves, elaboran hasta 26 variedades de repostería conventual. Desde el torno y el claustro mudéjar, luminoso y silencioso, hasta el espacio de trabajo donde se amasan recetas centenarias, todo el proceso está marcado por la calma, la precisión y la transmisión oral del saber entre generaciones de monjas, en un equilibrio entre fe, constancia y oficio artesanal.

Entre todos los dulces que preparan, destacan los famosos corazones de mazapán o corazones de monja, una receta nacida en torno a 1853, cuando la desamortización obligó a la comunidad a buscar medios de subsistencia. De clara influencia árabe y envueltos en un halo de misterio, estos corazones se han convertido en el emblema del convento: se venden alrededor de 20 kilos semanales y su demanda se dispara en Navidad. Aunque las hermanas aseguran no guardar ningún secreto y han enseñado la receta a religiosas de otros conventos, nadie ha logrado reproducirlos con el mismo éxito fuera de estos muros. La explicación reside en una combinación casi intangible de factores: el ambiente, la temperatura, la humedad y, sobre todo, la calidad excepcional de las materias primas locales. Así, entre tradición, paciencia y condiciones únicas, las clarisas de Llerena mantienen vivo un pequeño “milagro” gastronómico que sigue desafiando al tiempo y a la razón.

Convento de San Pablo, en Cáceres

El Convento de San Pablo, en pleno corazón monumental de Cáceres, es otro de los referentes de la repostería conventual extremeña tras recibir el reconocimiento del solete de Guía Repsol. Tras sus muros de clausura, las monjas dominicas mantienen una tradición dulce que forma parte del patrimonio gastronómico y cultural de la ciudad. El obrador del convento funciona como un espacio donde el tiempo parece haberse detenido: recetas heredadas durante generaciones, gestos precisos aprendidos por observación y una filosofía de trabajo basada en la sencillez y el cuidado extremo del detalle.

Entre los dulces más apreciados del Convento de San Pablo destacan: las perrunillas, los roscos, las flores fritas, los bollos de almendra y otros clásicos de la repostería tradicional extremeña, elaborados siempre con ingredientes naturales y de proximidad. Huevos frescos, manteca de cerdo ibérico, harina, azúcar y almendra se combinan sin prisas, respetando los tiempos de reposo y cocción que exige cada receta. El resultado son dulces de sabor profundo y textura inconfundible, alejados de producciones industriales y cargados de autenticidad. El Solete de Guía Repsol reconoce precisamente ese valor: el de un obrador humilde pero constante, donde cada pieza refleja años de oficio, silencio y dedicación, y donde la tradición no se conserva como un recuerdo, sino como una práctica viva que sigue conquistando a vecinos y visitantes de Cáceres.

Feria del Dulce Conventual de Cáceres.

Feria del Dulce Conventual de Cáceres. / Europa Press

Monacal: la feria del dulce conventual

La I Feria Monacal de Cáceres, celebrada en diciembre del 2025, concluyó con un balance positivo al registrar la venta del 90% de las existencias, que eran un total de 9.000 cajas de dulces procedentes de 14 conventos de Extremadura. Más de 8.000 personas pasaron por el Palacio Episcopal, donde la tradición, la solidaridad y la cultura se entrelazaron para ofrecer una cita que quiere consolidarse en el calendario prenavideño de la capital cacereña para ayudar al sustento de los conventos de clausura extremeños. Allí se han podido comprar hasta 129 variedades desde yemas, hasta hojaldres, pastas de almendras, chocolates o pasteles de fruta y miel, elaboradas de forma artesanal y siguiendo.

Jeronimas de Garrovillas de Alconétar.

Jeronimas de Garrovillas de Alconétar. / EL PERIÓDICO

Convento de la Salud de Garrovillas de Alconétar

El convento de las Jerónimas de Garrovillas de Alconétar, situado en uno de los conjuntos históricos más singulares de la provincia de Cáceres, es otro de esos lugares donde la repostería conventual se convierte en una expresión viva de la tradición y el recogimiento, también reconocida con un Solete de la Guía Repsol. Tras los muros de este convento, ligado desde hace siglos a la historia de la localidad y a su monumental plaza Porticada, las monjas jerónimas han conservado un obrador que funciona casi como un refugio frente al paso del tiempo.

Los dulces de las Jerónimas de Garrovillas destacan por su sencillez y por la calidad de unas materias primas escogidas con esmero, muchas de ellas procedentes del entorno cercano. Perrunillas, roscos, mantecados, bollos y especialidades elaboradas con almendra y huevo se preparan respetando los tiempos tradicionales, sin atajos ni producciones masivas. El obrador del convento de las Jerónimas de Garrovillas es hoy el auténtico motor económico del monasterio y funciona gracias al trabajo coordinado de las diez hermanas, que se reparten las tareas con naturalidad y sin jerarquías rígidas. Todas conocen cada fase del proceso y se van relevando entre la preparación de las masas, el uso de las batidoras y la laminadora, el corte de las piezas, el horneado y el empaquetado final.

Tracking Pixel Contents