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Premios Turismo

Trujillo, un viaje al corazón monumental de Extremadura

Entre piedra, queso y tradición ganadera, la ‘Muy Noble y Muy Leal’ ofrece al viajero fiestas como el Chíviri y la Semana Santa, un patrimonio único y encuentros especializados como la Feria del Queso y la Agroganadera

Vista general de Trujillo.

Vista general de Trujillo. / TURISMO EXTREMADURA

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El Periódico Extremadura

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Trujillo

Hay ciudades que se visitan y otras que se quedan en el corazón del viajero. Trujillo pertenece a esa segunda categoría: un destino que no solo impresiona por la fuerza de su silueta de torres, murallas y palacios, sino por la forma en que ha sabido convertir su historia en una experiencia viva para el visitante. Levantada sobre un batolito granítico y con raíces que se remontan a la Turgalium romana, la localidad cacereña ha hecho de su herencia patrimonial uno de los grandes motores de su atractivo turístico. Su Plaza Mayor, con su inconfundible perfil renacentista, la estatua ecuestre de Francisco Pizarro, sus soportales y su entorno palaciego, sigue siendo la gran postal de una ciudad que encuentra en cada rincón un motivo para detenerse. A ello se suma el castillo, visible desde casi cualquier punto, las iglesias históricas y un casco antiguo que resume siglos de historia en apenas unos pasos.

Pero Trujillo no vive solo de la contemplación de su patrimonio. Una de sus grandes virtudes turísticas está en haber sabido unir monumentalidad y calendario festivo, cultura y producto, piedra e identidad. Pocas citas explican mejor esa simbiosis que la Feria Nacional del Queso, convertida ya en una de las grandes convocatorias gastronómicas de Extremadura y de todo el país. El certamen, que se celebra en la Plaza Mayor desde hace casi tres décadas, transforma el corazón monumental de la ciudad en un gran escaparate de sabores, donde productores, visitantes y profesionales se encuentran en torno a uno de los emblemas agroalimentarios de la región. La propia oferta turística extremeña la presenta como una cita capaz de atraer a más de cien mil personas y de reunir quesos de dentro y fuera de España, con una presencia destacada de las denominaciones de origen extremeñas. En Trujillo, el queso no es solo gastronomía: es una poderosa excusa para viajar.

A esa capacidad de convocatoria se suma otro de los pilares que explican la personalidad del municipio: la Feria Agroganadera, una cita profundamente vinculada a la tradición económica y social del territorio. Trujillo ha sabido mantener viva esa conexión con el campo y con la cabaña ganadera, proyectándola además como un evento de referencia en el calendario ferial extremeño. La feria, celebrada en el mercado regional de ganados y la Institución Ferial de Trujillo, representa esa otra cara imprescindible del destino: la de una ciudad monumental que no ha renunciado a sus raíces rurales ni a su papel como punto de encuentro del sector primario. Esa convivencia entre patrimonio histórico y vocación agroganadera aporta a Trujillo un perfil turístico singular, más completo y más auténtico.

Ese equilibrio entre conservación, promoción y capacidad para generar experiencias está detrás también de los reconocimientos que Trujillo ha recibido en fechas recientes. Uno de los más relevantes ha sido la declaración como Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, de su plaza de toros, una protección oficial publicada en el BOE en marzo de 2026 y que viene a reforzar el valor patrimonial del municipio más allá de sus iconos habituales. No se trata de un detalle menor: este tipo de reconocimientos consolidan el relato de Trujillo como ciudad de patrimonio múltiple, rica en capas históricas y con nuevos elementos que se suman a su oferta cultural.

Pueblo Bonito

Junto a ello, Trujillo figura además en la red de Los Pueblos Más Bonitos de España, una distinción que, más allá del efecto promocional, confirma su capacidad para competir entre los destinos patrimoniales con mayor encanto del país. Esa pertenencia refuerza una imagen que el visitante comprueba enseguida al llegar: la de una localidad con una monumentalidad excepcional, pero también con una atmósfera reconocible, una escala humana y un modo muy especial de enseñar su historia.

En un momento en el que el turismo busca cada vez más autenticidad, experiencias ligadas al territorio y destinos con personalidad propia, Trujillo aparece como una propuesta muy sólida. Tiene la fuerza de su pasado, la belleza de su arquitectura, el tirón de grandes eventos como la Feria del Queso y la Agroganadera, y un calendario festivo en el que brillan con luz propia el Chíviri, con su carácter alegre y multitudinario, y la Semana Santa, marcada por la solemnidad y la devoción en un escenario monumental único. Todo ello, unido a los reconocimientos que sigue recibiendo, ensancha aún más su prestigio como uno de los grandes referentes turísticos de Extremadura.

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