Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Tomás Calvo Buezas SOCIOLOGO, ANTROPOLOGO. MEDALLA DE EXTREMADURA : "Los extremeños hemos contribuido al desarrollo de Cataluña y el País Vasco"

JESUS BAÑOS

Supo lo que era vivir en tierra extraña, alejado de los suyos, sumido con frecuencia de la morriña. En esta entrevista el sociólogo, antropólogo y catedrático, reciente Medalla de Extremadura, habla del fenómeno de la emigración y de su perspectiva histórica. Siempre es una delicia conversar con Tomás Calvo Buezas.

--Usted es un extremeño, que se honra de su tierra, pero que ha vivido muchos años fuera, viviendo en varios países extranjeros ¿Qué significa la emigración para Extremadura?

--Una de las señas de identidad de Extremadura, es la emigración. Actualmente somos casi la mitad los extremeños que vivimos fuera, aunque tengamos nuestro corazón en Extremadura. En los años 50 y 60 del siglo pasado, casi una tercera parte de la población extremeña, emigró a los centros industriales de Cataluña, del País Vasco, de Asturias y de Madrid y posteriormente algunos a Alemania, a Francia y otros países europeos. En mi caso, la emigración no ha sido tan dura, porque salí de mi tierra voluntariamente por razones profesionales, ejerciendo de profesor, y así residí cinco años en América Latina, en Colombia y Venezuela, y luego cuatro años en Estados Unidos, en California y Nueva York. No sufrí discriminación dura como otros paisanos, pero sé lo que es vivir en tierra extraña, alejado de los tuyos, sumido con frecuencia de la morriña

--¿Y cuáles fueron las razones de esa masiva emigración extremeña y española?

--Las causas estructurales son las mismas por las que en las décadas anteriores han llegado a España unos seis millones de inmigrantes. En sus países existe una gran cantidad de población activa sin trabajo y en otros países más ricos económicamente, como sucedía en España, se necesitaban trabajadores para cubrir la abundancia de puestos de trabajo, que se generaban, particularmente en la construcción. España y Extremadura, desde el tiempo de nuestros conquistadores y aventureros en busca del "Dorado" americanos, siempre ha sido un país de emigrantes, es decir eran más los extremeños y españoles que se iban a trabajar fuera, que los extranjeros que venían a trabajar a España. Pero esa secular tendencia se rompió a principios de los 60, en que España pasa de país expulsor de inmigrantes a receptor de inmigrantes.

--¿Y qué semejanzas y diferencias hay entre la emigración de los extremeños en los 60 y la presencia masiva de los millones de inmigrantes extranjeros actualmente residentes en España?

--Las semejanzas son muchas, también algunas diferencias notables. Tanto los extremeños que iban a otros centros industriales de España o del extranjero ocupan los puestos de trabajo que los nativos no quieren por esos precios y en esas condiciones, como son lo de la construcción, recogida de cosechas, trabajos domésticos, cuidado de niños y ancianos, etcétera. Se convierten en mano de obra barata, pero que en comparación de los salarios de sus tierras de orígenes, son para ellos muy altos, ganando en un día más que lo que ganarían en una semana o incluso un mes en su país, y por esas razones económicas principalmente emigraron, para ahorrar y enviarle dinero a sus familias. Y esto sucede tanto con los extremeños que se iban a trabajar fuera como a los inmigrantes marroquíes, africanos o latinoamericanos que hoy emigran a España.

--Pero con la crisis ya no vienen extranjeros y muchos se han ido a sus países, comenzando de nuevo la emigración de españoles en paro a otros pases

--Ciertamente una crisis tan dura ha afectado muy gravemente a los trabajadores de España, particularmente a los jóvenes, y la gran mayoría con estudios y bien preparados, que han comenzado a emigrar, particularmente a países europeos, como Alemania. Pero tengamos en cuenta que aunque este fenómeno es nuevo y muy significativo, su cifra total es bastante pequeña, no llegan a 300.000 en los últimos cuatro años y extremeños son muy pocos, en comparación con la desbandada de los años 60. Y con referencia a los extranjeros, es cierto que ha decaído sustantivamente la emigración extranjera, pero siguen llegando los más pobres y hambrientos de Africa, y se han marchado pocos, no llegan a 100.000 los que se han vuelto a sus países de origen, esperando en España a que pase el vendaval de la crisis, aunque el paro entre los inmigrantes es mucho mayor que entre los españoles.

--¿Y cómo cree usted que tratamos los españoles y particularmente los extremeños a los inmigrantes?

--Hay bastantes personas que tratan a los extranjeros con hospitalidad solidaria, reconociendo el gran aporte económico y cultural que han hecho a este país, como nosotros los extremeños hemos contribuido con nuestra emigración del siglo pasado al desarrollo económico y cultural de Cataluña y del País Vasco. Pero también hay muchas otras personas, contagiadas por prejuicios étnicos y raciales, que desprecian a los inmigrante, viéndolos falsamente como ladrones de puestos de trabajo y causante de droga y de prostitución. ¡Es una vergüenza que olvidemos que nosotros también fuimos inmigrantes y tuvimos que salir a otras tierras en busca de pan y de trabajo. El que los extremeños suframos de ésta amnesia histórica no tiene perdón de Dios!

--¿Usted piensa que nosotros tratamos a los inmigrantes peor que lo que trataron a los extremeños y españoles cuando se fueron a trabajar fuera?

--Las condiciones en que vivieron nuestros emigrantes en los años 50 y 60 particularmente en el extranjero, sin conocer la lengua, fueron durísimas. Yo aún recuerdo en mi retina infantil cuando se iban en Tornavacas a trabajar los hombres fuera cómo la gente les despedía en "la empresa", el autobús, llorando, dándoles una morcilla, un chorizo, partiendo entre lágrimas con sus fardo o maleta de madera, arada con cuerda. Recuerdo que mi padre dedicaba alguna hora los viernes a tratar de los problemas del pueblo, y en esos años era recordar a la gente que había salido del pueblo y de cómo les iba a los que lo hicieron antes. Tengo en mi mente que comenzaban en Madrid durmiendo en "el puente", después pasaban a dormir en chabolas, pasando los más afortunados después de años a tener una "vivienda" (social) de esas que regalaba Franco. Hay que anotar la dureza de vida en tierras europeas. Esto contrasta con la hospitalidad y el cariño que en general recibían los españoles y extremeños que emigraban a América en el siglo XIX y XX, en cuyo periodo fueron cinco millones los españoles que emigraron a América. Con frecuencia olvidamos esto. Yo puedo decir que según mi experiencia de vida en América Latina, en general, los latinoamericanos nos trataron y tratan a los españoles con mayor cariño y hospitalidad que nosotros a ellos.

--Finalmente, usted recibió la Medalla de Extremadura el año pasado ¿cuáles fueron sus sentimientos principales?

--Mis sentimientos fueron y son de gratitud, de compromiso y de orgullo. Gratitud a todas aquellas personas e instituciones,(más de 1.300 de 33 países diferentes), que lo han apoyado, como también a mis padres, maestros por más de 40 años en Tornavacas, que me transmitieron los valores que hicieron posible el alcanzar eses galardón. También recordé en mi discurso a mis hermanos emigrantes, que vivimos en otras tierras, pero que nuestro corazón sigue en nuestra patria chica extremeña. Compromiso con la causa de la justicia social y de la solidaridad con los inmigrantes y más desfavorecidos, por lo que luchado toda mi vida, desde mis años en Trujillo durante la dictadura franquista, como luego en América Latina y en los Estados Unidos, dedicándome a la defensa de los gitanos y de los inmigrantes posteriormente en mi vida profesional de profesor e investigador universitario. He intentado, en palabras de nuestro poeta Gabriel y Galán "dejar de mí en pos de esto que tengo de arcilla, de esto que tengo de Dios". Y mi tercer gran sentimiento al recibir la Medalla, es el orgullo de ser extremeño por herencia, por nacencia y sobre todo por querencia.

Tracking Pixel Contents