Actualmente el sector industrial extremeño supone el 7% del PIB regional, mientras que a nivel nacional representa el 12%. El objetivo que se fija el Ejecutivo autonómico es duplicar este porcentaje de aquí al año 2020, de manera que se alcance el 15,3% dado que España tiene como reto llegar al 20%. Con esta misión se enfrenta la región a un nuevo plan de industrialización, cuyos pormenores está previsto que los presente el presidente de la Junta en el debate sobre el estado de la región del próximo 6 y 7 de mayo.

Según Miguel Córdoba, director general de Comercio e Inversiones, actualmente el peso específico de la industria en la economía regional es escaso, por no decir raquítico si se compara con otras zonas de España como Cataluña o el País Vasco, donde la crisis se ha pasado de otra manera bien distinta a Extremadura. En su opinión, hasta ahora ha habido un excesivo peso específico del sector público y una presencia exagerada del sector servicios. Para él, hay que apostar por el sector industrial, "cambiar el modelo para generar empleo" y acabar de una vez por todas con el plan endémico que hemos padecido siempre.

Según apunta, la productividad por trabajador en el sector industrial es mucho más alta que en el sector servicios o el agrario, como también el empleo inducido, dado que por cada puesto de trabajo generado en el mismo se crean otros dos empleos indirectos y eso no ocurre en el resto de sectores de nuestra economía. "El sector industrial es un multiplicador del empleo", enfatiza. De lo que se trata es de que sea la industria la que tire de la economía. "Se parte desde muy atrás, pero el reto resulta apasionante para lograr que la industria haga de palanca del PIB y la creación de puestos de trabajo", afirma.

El plan industrial que se ha elaborado y sobre el que ya se han ofrecido algunas claves se fundamenta en cinco ejes: por un lado, mejorar la fiscalidad de la Comunidad para atraer inversiones en Extremadura, no tanto esperar a que vengan como salir a buscarlas ofreciendo más ventajas que el resto de territorios, sobre todo en los proyectos que se consideren estratégicos. El segundo eje se basa en la financiación, utilizar fondos públicos combinados con fondos de capital riesgo para apoyar determinados proyectos; y el tercero apostar por la mejora de su dimensión estableciendo un red de polos industriales prioritarios a fin de no dispersar toda la actividad por el conjunto de la región y que se puedan generar sinergias.

El cuarto eje se fundamenta en mejorar la competitividad y la externalización de determinadas industrias y finalmente el quinto se basa en la agilización y simplificación administrativa.