No aguanto más este ruido, me dijo.

-Bueno, ya solo queda una semana, le dije.

-Siete días de insultos, de promesas y de reproches. ¿Tú sabes lo que es eso? No, bonito, quédate tú, yo me voy.

(Vació la hucha y salió de casa. Volvió con un libro y un sobre con un pasaje de avión para viajar a Islandia).

-Pero ¿qué vas a hacer tú en ese frío? ¿Supongo que no te habrás gastado este dineral para hablar con los elfos y acariciar las crines de sus caballos? ¿O vas a por bacalao?

-¡No seas ridículo! Islandia es mucho más que hielo y fuego, que volcanes, cataratas, géiser y morrenas. Además, allí no ponen a los zorros a cuidar de los gallineros.

-(Se puso seria y se explayó), en Islandia también hubo una crisis terrible a finales de 2008, un colapso financiero, la Bolsa se derrumbó y la moneda se les vino abajo; parecía que la explosión del volcán especulativo iba a hundir la isla por completo, pero ya ves, hoy ese país crece a un ritmo tres veces superior a la media europea, tiene un paro por debajo del 4% y los sueldos suben a un ritmo del 6%. El mismísimo FMI les ha dado la razón.

-¡Joder! -alcancé a decir-, ¿y qué hicieron?

-Pues precisamente lo que no se podía hacer, dejaron caer los bancos. Las autoridades argumentaron que ni podían ni querían pagar con fondos públicos los desmanes de sus banqueros, y no lo hicieron. Un país que se atreve a juzgar a un primer ministro y encarcela a los responsables de los desbarajustes de sus finanzas merece un respeto. Hace falta coraje para no amedrentarse ante la amenaza del "es lo que hay, y si no aceptamos sus condiciones tendremos que atenernos a las consecuencias". Es verdad que estar en la zona euro impide adoptar las medidas monetarias o fiscales que se tomaron en Islandia, pero, ¿por qué no hace eso mismo Europa en su conjunto? Y te digo más, fueron, sobre todo, las mujeres islandesas las que cuando el invento de la especulación se les vino abajo, cogieron las riendas del país y lo sacaron de la crisis.

--Ellas (prosiguió) no se dejaron engatusar por el lujo y la chulería tan propios de la testosterona, se fiaron únicamente del sentido común. Claro que allí no tienen que optar entre el trabajo o la familia, no sé si lo sabes, pero Islandia ocupa el primer lugar en igualdad de género. Además las mujeres tenemos la humildad de pedir ayuda cuando la necesitamos y no nos dejamos deslumbrar por el dinero rápido y el riesgo elevado.

Luego desenvolvió uno de los libros y me lo extendió, 'El país de los sueños: manual de autoayuda para una nación atemorizada' (Editorial Aire), de un tal Andri Snaer Magnason.

--(Andri Snaer Magnason) dejó de escribir libros para niños y ciencia ficción y se metió a ecologista --me dijo--. Hace una década el gobierno islandés en connivencia con la multinacional Alcoa quiso construir tres grandes presas eléctricas con las que suministrar energía a sus plantas de aluminio. Eran los tiempos del boom económico y de la expansión de los bancos. Hablaban de una rentabilidad de millones de euros y cientos de empleos, pero no decían nada del daño que causaban a la naturaleza, que es el bien más preciado de Islandia. Andri Snaer Magnason y otros muchos se plantaron y de esa lucha surgió este libro. El logro no fue total, pero los dirigentes se dieron cuenta de que no estaban solos y de que no todo vale. Luego fue cuando llegaron las mujeres y apostaron por la cultura.

Me atreví a insinuar algo, pero la respuesta fue inmediata:

--¿Quién te ha dicho que la cultura no ayuda al crecimiento? Eso es mentira. Algunos se empeñan en hacer creer que es un lujo para unos cuantos que pagamos entre todos, pero la cultura es un factor económico fundamental y a los islandeses les ayudó a salir de la crisis. Lo dijo su ministra de Cultura, Katrín Jakobsdóttir, "Los hombres se centran en cosas como la industria del aluminio. Nosotras hablamos de los sectores creativos. Hemos llegado a la conclusión de que las artes -en especial la música y la literatura- aportan tanto dinero al país como la extracción de aluminio. No creo que a los hombres se les hubiera ocurrido ni pensarlo". No sé si tú lo sabes, pero en Reikiavik habilitaron una vieja fábrica para que se reunieran grupos de trabajo, lo llamaron el ministerio de las Ideas, de allí salieron infinidad de proyectos. No se te olvide --concluyó-- que las artes no son un proyecto paralelo a la buena economía, es la base de su salud.

Ella vuelve mañana, cuando aquí ya esté todo el bacalao vendido. Y yo me pregunto, si hoy, día de decisiones, estaremos aún a tiempo de construir un territorio distinto en el que podamos vivir de otra manera, sin necesidad de tener que correr riesgos sísmicos ni morirse de frío.