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"Si se ataca a la filosofía, se ataca a la posibilidad de una vida libre"

Alfonso Domínguez y Raquel Rodríguez, profesores de filosofía del Brocense en Cáceres, ofrecen su opinión sobre la nueva LOMCE

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G. G.

Aquí hay un cuadro. El espectador ve el marco y los trazos y la filosofía consigue ir más allá. Plantea preguntas. ¿Qué pretende contar el autor? ¿Por qué ha elegido ese color y no otro? Va más allá. Así define la materia Raquel Rodríguez, una profesora del Brocense en Cáceres. Asegura que renunciar a ir más allá, es renunciar al mundo.

"Lo que ha ocurrido con la filosofía en la LOMCE hay que ponerlo en relación con lo ocurrido con la música o las artes: el ataque más brutal del que tengo memoria contra la educación integral y liberadora de la persona, contra la cultura. No se ataca a la filosofía, se ha pretendido borrar del mapa la posibilidad de una vida consciente, crítica, digna y libre. No les interesa eso". Alfonso Domínguez, profesor de filosofía del mismo instituto es claro y demoledor. Al igual que su compañera de profesión en el mismo centro, Raquel Rodríguez califica la decisión del ministerio como un "acto terrorista". Lleva 23 años impartiendo la asignatura y da clases a alumnos de la ESO y de primero de Bachillerato y lamenta que las consecuencias "estrangularán la creatividad de la sociedad". En sus más de dos décadas, asegura que la educación se orienta "erróneamente" hacia un concepto de mercantilismo y de instrucción que se aleja con el perfil de sociedad que "opina libremente y expresa sus opiniones".

Obreros del pensamiento

Ella se considera una "obrera del pensamiento" y califica la materia como un "acto de exhibicionismo" en el sentido en el que es necesario que se muestre a los demás. Asegura que los alumnos que tiene son muy jóvenes y pone como ejemplo a sus pupilos de primero de la ESO. "La asignatura les descoloca porque están acostumbrados a materias en las que tienen un patrón, en la filosofía no ocurre así". Al mismo tiempo que rompe sus esquemas, apunta, les atrae, y se muestran receptivos. Hacen preguntas, se plantean cosas y a partir de ahí perciben la realidad de una manera muy diferente. Es una puerta para el joven del siglo XXI que no está acostumbrado a pensar. "Cuanto menos pienses, menos lata vas a dar", apostilla. En términos sociales es más rentable "tener un trabajador que no cuestione". Y eso es algo que no debería ni contemplarse en una sociedad civilizada, concluye.

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