Toito lleno de tierra / le levanté del suelo, / le miré mu despacio, mu despacio, / con una miaja de respeto. / Era un hijo, ¡mi hijo! / hijo dambos, hijo nuestro... / Ella me le pedía / con los brazos abiertos, / ¡Qué bonita qu’estaba / llorando y sonriyendo!. Es una estrofa de La Nacencia, uno de los poemas incluidos en la obra más reconocida de Luis Chamizo, El miajón de los castuos. Con estos versos, el poeta extremeño cantaba a la vida en los años 20 y con sus esculturas el artista extremeño Alfonso González quiere hacer lo mismo casi un siglo después.

González es el alma máter de un proyecto que está situando en el mapa a una pequeña localidad pacense: Villar de Rena. Se trata de un municipio de apenas medio millar de habitantes (aunque alcanza los 1.400 en los datos oficiales al contabilizar la población de sus dos entidades: Puebla de Alcollarín y Palazuelo) que gracias a esta iniciativa está empezando a conocer el turismo. El proyecto, llamado también La Nacencia, es un singular belén artístico que en su segunda edición está creciendo en tamaño y en expectación. Está formado por medio centenar de figuras: 17 de ellas son a imagen y semenjanza de los propios vecinos del pueblo que han querido poner su rostro en esta iniciativa. Y esa es una de sus principales singularidades, pero no la única.

Oriente, Occidente y África

«Hemos querido hacer algo diferente sin herir sensibilidades y cada uno de los reyes simboliza una religión distinta: cristianismo, budismo e islamismo». Cada uno de los tres protagonistas representa así a una zona del mundo diferente. Encabeza el séquito hacia el nacimiento el rey procedente de Occidente en caballo, le sigue su majestad llegado de Oriente en un espectacular elefante asiático -«el africano es mucho más grande»- y termina la comitiva real el representante de África que viaja en camello.

«Porque el nacimiento de un bebé produce alegría en cualquier parte del mundo, sin distinciones de raza, sexo, ni religión; cada vez que nace un niño todo el mundo se alegra y ese es el sentimiento que pretendemos despertar», explica González. Y a ese recién nacido, los magos de Oriente, Occidente y África no le llevan oro, incienso y mirra, como manda la tradición, sino con paz, osadía y futuro: «son tres cosas fundamentales que querríamos para nuestros hijos porque la paz lleva implícita muchas cosas, la osadía es necesaria para poder cambiar las cosas y el futuro es lo que nos permite soñar», reivindica el artista.

Completan, por ahora, la escena navideña sus pajes y otros personajes habituales en cualquier nacimiento, pero cargados de simbolismo y alegorías. Otro ejemplo de ello es Herodes, representada por una mujer, como también una de sus guardias. Lazos morados contra la violencia de género y alguna bandera del colectivo LGTBI contribuyen también a lanzar ese mensaje de integración y libertad que reivindica esta iniciativa rural.

Los orígenes

Los inicios, como casi siempre, no fueron fáciles. «Cuando planteé la idea con el objetivo de intentar atraer turismo al municipio, una de las pocas cosas que podemos hacer contra la despoblación, hubo gente que se echó a reír, pero con el tiempo han visto que no era una idea loca y estoy muy entusiasmado con lo que está sucediendo». Y lo que está pasando en este pueblo es que sus vecinos prácticamente al unísono se han volcado con la iniciativa y eso se está traduciendo en decenas de visitantes que están llenado el pueblo como pocas veces antes. Y para sacar rédito a todo esto, se ha instalado también un mercado navideño abierto a quien quiera participar y en el que varios vecinos del municipio están vendiendo castañas asadas, manualidades o dulces caseros, como es el caso de la asociación de amas de casa.

El proyecto comenzó a desarrollarse el pasado año. El primer belén artístico La Nacencia apenas constaba con las figuras que componen el nacimiento y algunos animales, pero ya era suficiente para ver su atractivo. Tras ese primer empujón por el que apostó la corporación municipal, el proyecto de Alfonso González logró una subvención de la Diputación de Badajoz de 30.000 euros que han servido para realizar tres contratos de trabajo y costear el material necesario. «Pero todo se ha podido llevar a cabo también con el altruismo de todo el pueblo, que se ha volcado para ayudar a montar y preparar el belén», insiste.

Con mucho futuro

Junto con Alfonso, Pauli, Maribel y Ariana, una joven graduada en Bellas Artes, han trabajado todo el año en dar vida a las últimas figuras que se han incorporado al proyecto y Alfonso, otro vecino del municipio, apasionado de los belenes, también ha colaborado dándoles «toque mágico», destaca González. Y mientras el pueblo disfruta de esta iniciativa que tanta vida le está dando, el impulsor del proyecto ya piensa en ponerse a crear nuevos personajes (hay muchos vecinos dispuestos a ponerles rostro).

La diputación se ha comprometido a incrementar en 8.000 euros la subvención para mantener el proyecto y los empleos generados. La idea es que el belén siga creciendo y que llegue hasta el punto más alto de la localidad: «colocar una estrella enorme en lo alto de la sierra, instalar el nacimiento en la ermita (en la falda de la sierra) y que todo el pueblo se convierta en el verdadero pueblo del belén sin tener que recrear las casas; La Nacencia no tiene límites», asegura. Y de este forma, seguir dando vida al pueblo y recordando al poeta extremeño con cuya obra, La Nacencia, se inaugura cada edición de este singular belén lleno de arte. Puede visitarse libremente hasta el próximo 7 de enero.