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DEBATE ABIERTO

Placas por olivos

Son 209 los proyectos fotovoltaicos que se están tramitando en la región en este momento. La instalación de estas extensas plantas despierta tanto alabanzas como recelos por el arranque de cultivos tradicionales

Olivos arrancados en una finca entre Almendralejo, Solana de los Barros y Arroyo de San ServánEL PERIÓDICO

Son una nueva estampa del paisaje extremeño. Cada vez es más común encontrar grandes extensiones de placas solares por todo el vasto territorio de la región. Por un lado, materializan la transición hacia la producción de energías limpias y renovables. Por otro, donde antes había arboles y cultivos ahora hay grandes espejos inertes. Son 209 los proyectos fotovoltaicos que se están tramitando en la región en este momento, según los datos facilitados por la Consejería para la Transición Ecológica y Sostenibilidad a este periódico. En zonas como el área de Tierra de Barros-Mérida, se están tramitando a día de hoy 35 proyectos, cuatro de los cuales cuentan con autorización administrativa y otros seis están ya en construcción. Y es allí, tierra fértil, donde la estampa de decenas y decenas de olivos arrancados ha abierto el debate sobre este nuevo modelo de desarrollo. Un debate que cuenta con varias aristas. El Periódico Extremadura las analiza. 

1. El modelo de desarrollo

«Una barbaridad y una sinrazón». Así califica Santiago Prieto, de la Comunidad de Labradores y Ganaderos de Almendralejo, el arranque de «olivos centenarios en tierra fértil». «Simplemente hay que darse una vuelta por el campo. Nos sorprende muchísimo el tratamiento ambiental que no se está dando, ¿no existe un impacto ambiental, visual, económico?», se pregunta este ingeniero agrónomo que además remacha las «innumerables correcciones ambientales» que se les hace a agricultores que quieren poner nuevos cultivos en sus parcelas. «Si se quieren poner viñas con espalderas o almendros son todo limitaciones quizás por algún ave y estas placas se ponen masivamente. Vemos cierta arbitrariedad favorable para estas instalaciones y no para los agricultores», denuncia. De hecho, la comunidad ha lanzado una iniciativa para elaborar una base de datos de todos aquellos agricultores afectados colateralmente (aquellos por donde en sus tierras pasan tendidos y vías de comunicación) y así poder reclamar en conjunto las indemnizaciones a las empresas. 

También muestran sus dudas los ecologistas. De «fiebre» habla Ismael Sánchez, miembro de Adenex. «Nosotros entendemos que hay que apostar por las energías renovables pero se tiene que hacer con mejor criterio», dice Sánchez. Desde Adenex apelan a los «valores del cultivo» del olivo: un paisaje mediterráneo tradicional, centenario y que produce el aceite de oliva tan valorado en la cocina. Por eso piden una «normativa exhaustiva para saber dónde colocar las placas».

«Donde hay un pedregal no hay subestaciones eléctricas», replica por su parte Vicente Sánchez, presidente del Cluster de la Energía de Extremadura. Estas instalaciones son necesarias para enganchar y distribuir la energía que producen estas placas. Sánchez reconoce el «impacto visual» que genera estas instalaciones pero afirma que «precisamente las fotovoltaicas vienen a aliviar al medio ambiente». Alude a que estas energías no generan residuos y afirma, además, que en muchos casos se instalan en «tierras improductivas». Además, Sánchez se remite a datos de la Junta para señalar que estas instalaciones «no ocupan ni el 0,01% del territorio de Extremadura».

No comparte esa visión Juan Viera, de Campamento Dignidad y uno de los autores que hacen referencia a la llamada «colonización energética» de la región. «Eliminan muchas posibilidades de desarrollo económico del sector primario», denuncia. 

2. Rentabilidad y puestos de trabajo 

Las plantas fotovoltaicas son «rentables y beneficiosas» porque contribuyen a una «economía sostenible», dice Vicente Sánchez. «Las inversiones que se están haciendo son brutales, hablamos de más dinero que el propio presupuesto autonómico de Extremadura», añade. Desde el Cluster manejan la cifra media de 1.500 euros por hectárea como la que pagan las empresas eléctricas a los propietarios de las tierras por instalar los paneles. Este tipo de contratos suelen ser de arrendamiento y tienen una duración de entre 20 a 40 años.

El Plan Extremeño Integrado de Energía y Clima 2021/2030 estima que se generarán «87.550 empleos en el acumulado de esta década» por «entre otros, la construcción, el mantenimiento de las placas y la actividad pecuaria generada para el mantenimiento de la cubierta vegetal».

Una instalación de placas solares

«Por nuestra experiencia en sitios como Usagre el empleo que se genera es poco y precario», defiende por su parte Viera. «A los trabajadores del campo se les da cursos financiados de manera pública para instalar estas placas pero una vez que el montaje acaba se quedan sin trabajo», asegura.

Según datos facilitados a este periódico por agricultores de Tierra de Barros y corroborados por Prieto, una sola hectárea de olivo, que suele abarcar entre 60 y 64 árboles, necesita a lo largo del año de entre 10 y 12 peones para su mantenimiento y cultivo. Sin esos olivos, estos peones deben también «reciclarse» o perderán ese trabajo.

La instalación de las placas en zonas fértiles podría restringir un mayor desarrollo del sector primario

«Y no sólo afecta a los trabajadores del campo, sino a largo plazo a las fábricas que manufacturan esos productos que, recordemos, tienen mucha importancia para el empleo femenino», recuerda Viera, quien además lamenta que los ayuntamientos realmente «no obtienen nada, se les vende esto como un caramelo». «Las multinacionales controlan la producción y no se utiliza ni para apoyar a los negocios locales ni para reducir la factura de los extremeños. De nuevo vemos la extracción de riqueza de Extremadura y los beneficios se van fuera», denuncia.

«A nosotros también nos preocupa que esto se haya convertido en una vorágine que, al final, solo crea puestos de trabajo temporales», apoya Ismael Sánchez. «No vemos que se estén creando sinergias económicas que beneficien a las poblaciones», dice.

Por su parte, Vicente Sánchez reconoce que «lo que tiene que conseguir la Junta es que se quede aquí el máximo de beneficio».

Además, afirma que la apuesta del Cluster es la del autoconsumo y que la instalación de estas plantas sería una suerte de transición hasta la generalización del mismo. «Lo será en el futuro pero por el momento estas instalaciones son necesarias». 

3. Los fondos ‘Next Generation EU’ 

El trasfondo de estas grandes inversiones llega hasta Bruselas. Desde el Ejecutivo autonómico confirman que «estas instalaciones no tienen ningún tipo de financiación pública por parte de la Junta ni tampoco de los fondos Next Generation que corresponden a la región». Pero estos fondos están también disponibles para que lo soliciten las empresas. «Esto va muy en la línea de eso que se habla ahora tanto de la colaboración público-privada: es dinero público para la empresa privada», relata Juan Viera, de Campamento Dignidad. «Las grandes eléctricas, a través de las principales consultoras, captan el dinero europeo. Los fondos van para ellas, en los pueblos no se va a ver», afirma. 

Restos de olivos arrancados, en Tierra de Barros

4. Patrimonio natural

Más allá de la economía, también queda a la vista la fragilidad del patrimonio natural, a merced de la voluntad del ser humano. Por eso, en algunas regiones como Cataluña y la Comunidad Valenciana se han aprobado normativas que protegen a los olivos centenarios de ser arrancados precisamente por la instalación también allí de plantas solares. 

En respuesta a este periódico, la Junta de Extremadura afirma que «la corta de olivos en terrenos agrícolas no precisa de una autorización ambiental expresa» y que «no contempla el desarrollo de normativa al respecto». El Ejecutivo autonómico cita la figura del ‘Árbol singular’ en la Ley 8/98, de 26 de junio «que define los árboles singulares como los ejemplares o las agrupaciones concretas de árboles en atención a sus características destacables que los hacen especialmente representativos, atendiendo a su edad, tamaño, historia o valor cultural, belleza, ubicación u otras características análogas» para protegerlos.

«Hay determinadas figuras, como es la del árbol singular, que están muy bien pero son muy concretas y no protegen a nuestro ecosistema mediterráneo», explican desde Adenex. Desde esta organización están planteando reunirse para ver qué posibles acciones tomar. «Esto es una nueva realidad y hay que estudiar cómo afrontarla», dice Iván Sánchez.

Un ‘tsunami’ de placas que está convirtiendo a la región en un mar azul solar. Medio ambiente y economía se encuentran en un modelo de desarrollo definido como sostenible pero que también genera muchas dudas. El debate está servido. 

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