«Esto de llevar las gafas empañadas por la mascarilla se tiene que acabar», dijo Carlos Pérez Pizarro. Nadie sabía que esta afirmación iba a terminar convirtiéndose en una iniciativa empresarial. Pérez es de Cáceres, tiene 52 años y llevar lentes se convirtió en una odisea en su día a día. «Llamé a un amigo que tiene impresoras 3D y le dije: ‘Tenemos que hacer algo que estoy todo el día sin poder ver’». Ese algo ya tiene nombre y se llama Ciper, pero ¿qué es? «Es un pequeño mecanismo de un plástico especial que se adhiere a la mascarilla para evitar que salga vaho y se empañen las gafas», explica. «Tenemos diferentes diseños. Tanto para FFP2 y FFP3 como quirúrgicas y también tamaños especiales para niños», continúa.

Carlos Pérez Pizarro, uno de los creadores de Ciper. Silvia Sánchez Fernández

«Tenemos que hacer algo. No aguanto más con las gafas y la mascarilla sin ver», dijo Pérez

Todo empezó a final de noviembre. Fue cuando Carlos descolgó el teléfono desesperado para contarle su problema con los anteojos a Juan Carlos Cilleros Barrantes, un cacereño de 49 años que tenía una impresora 3D por hobbie. «Me gustaba hacer lámparas y llaveros. Objetos para regalar a personas de mi entorno», relata Cilleros. Durante el confinamiento, este último también fabricó material sanitario para donar a trabajadores en primera línea.

Juan Carlos Cilleros, diseñador de Ciper. Silvia Sánchez Fernández

El garaje de uno de ellos es el taller que utilizan para la fabricación. Hasta dar con el prototipo final, desecharon más de un centenar de diseños. «No fue fácil. Queríamos conseguir algo efectivo de verdad», afirman. Sin embargo, ambos coinciden en que en ningún momento pensaron que podría convertirse en el proyecto que hoy es. «Regalamos a nuestros amigos y familiares los ciper. Nos dijeron que era impresionante y que funcionaba». El boca a boca les hizo crecer. «Los seguimos regalando hasta que una amiga oftalmóloga nos dijo que no se trataba de ninguna tontería y aseguró que era una buen invento». El vaho no solo empaña las gafas, según la oftalmóloga también ocasiona la enfermedad del ojo seco. «Tendríais que pensar en llevar este invento más allá», les sugirió la oculista.

Algunos de los diseños de Ciper. Silvia Sánchez Fernández

Dicho y hecho, a mediados de febrero decidieron hacerse con la patente de la idea y llevarla al registro mercantil. Aquí es donde otro cacereño se une al proyecto. David Martínez Santano decidió ayudarles con la burocracia y formar parte de la iniciativa empresarial. Ya es oficial y se ha publicado: «Ciper es nuestro», confirman. El nombre surge al unir los apellidos Cilleros y Pérez. «Le dimos muchas vueltas hasta dar con el que más llamó la atención de todos». Después de este paso, ya solo quedaba empezar a comercializarlo. De esta parte es de la que se encarga Carlos Canseco. Él lleva las redes sociales y la página web a través de la que ya están vendiendo sus productos. «Tenemos tienda online en www.ciper.es». Los pedidos también se pueden realizar por Facebook.

David Martínez Santano. Silvia Sánchez Fernández

Todo se queda en casa

En el garaje de casa, empezaron con una impresora y ahora tienen tres por la alta demanda. «Tenemos muchos pedidos. Estamos desbordados», aseguran. Con todo, la cadena productiva también empieza en Extremadura. El ácido poliláctico, material que utilizan para fabricar los «cipers», también es de origen extremeño. Lo elaboran para una empresa que tiene sede en Cáceres, lugar donde ellos mismos lo compran. «Hemos decidido apostar por la producción de la tierra», señalan. Además el material está homologado para consumo alimentario, según explica Pérez. «Es apto hasta para elaborar cubiertos o cualquier otro utensilio que puedas llevarte a la boca. Los niños no corren peligro».

El material que utilizan para fabricar sus productos está también elaborado en Extremadura

Desde que decidieron vender esta solución al vaho de las gafas con las mascarillas, han enviado pedidos a Madrid, Barcelona, Sevilla, Alicante y diferentes ciudades de España. Algo que aún a día de hoy les emociona. «Nos preguntan de muchos lugares del panorama nacional que si los pueden comprar. Estamos muy contentos. Jamás esperábamos esta acogida», sostienen. No saben cuánto durará el éxito, pero en mente tienen seguir la misma senda que hasta el momento y continuar creciendo. «Queríamos ayudar y lo seguiremos haciendo».