Los escritores Mario Vargas Llosa e Irene Vallejo han protagonizado este martes el arranque de la Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad (EBAU) en Extremadura, la segunda desde que comenzara la pandemia de covid. Los más de 5.600 estudiantes que se enfrentan a esta prueba el próximo jueves templaron los nervios acumulados en las últimas semanas cuando se les entregó a las 10 de la mañana el primer examen de selectividad, el de Lengua castellana y literatura. Para empezar han tenido que elegir un texto para resumir y analizar entre dos opciones: un artículo del premio Nobel titulado La lengua oculta, publicado en El País, o un fragmento de El infinito en un junco, de Vallejo, Premio Nacional de Ensayo de 2020. 

«El examen ha sido asequible, hemos venido practicando en clase este tipo de prueba, pero el problema ha sido la falta de tiempo, es muy justo, pero creo que me ha salido bien», contaba Carmen Ambrona, del IES Al-Qázeres, a las puertas de la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres, una de las 19 sedes repartidas por toda la comunidad y que desde el año pasado no solo son facultades e institutos, sino también pabellones como Feval en Don Benito o el pabellón de baloncesto de Plasencia. Ella iba con ganas, pero sin presión porque aunque se trata de un examen decisivo para muchos, «yo voy a estudiar Animación en una universidad privada de Madrid, porque no existen estos estudios en la pública, y me vale con aprobar». A su lado, Celia Nevado se lamentaba de su error: «me he equivocado en el tema, venimos con tensión porque nos jugamos mucho y los nervios también juegan malas pasadas», reconocía. Quiere estudiar el grado de Historia en alguna universidad madrileña, pero si no logra plaza, dice que optará por una FP. 

Hablan los alumnos de la EBAU en Cáceres

La presión de las carreras demandadas

Relativamente tranquilo se le veía a Alejandro Román, un joven de La Cumbre, alumno del IES Turgalium de Trujillo, al que le gustaría estudiar Medicina, la carrera más demandada y con la nota de corte más elevada en la gran mayoría de los campus del país (en la UEx es un 12,924). «Sé que han subido las notas en el último año y está más complicado, pero yo vengo a hacerlo bien y a intentar entrar en Medicina y si no lo consigo me iré a Enfermería y ya está. Intento no meterme más presión a mí mismo». Tiene un 9,5 de media de Bachillerato que le puede ayudar a conseguir el reto que se marcó cuando a su padre le diagnosticaron un cáncer: «a partir de ahí me planteé ser médico y poder ayudar a la gente», relataba justo antes de entrar en el segundo examen de la jornada, el de Inglés. 

Las escenas e impresiones en el campus cacereño se han repetido también en otras de las sedes de la selectividad, como en Badajoz.  

En el primer descanso, los nervios se habían reducido considerablemente en el campus universitario pacense. Muchos alumnos, como Elena Fernández, de la Compañía de María de Badajoz, coincidían en que volver a ver a sus amigos después de un mes estudiando en casa les había tranquilizado bastante. Óscar Pérez, del IES Reino Aftasí de la capital pacense, aseguraba que la piña con sus compañeros y la confianza en el trabajo realizado a lo largo del año había sido clave para salir contento del primer examen. La mayoría se encuentran ansiosos por empezar la que esperan que sea la mejor etapa de sus vidas, pero otros, como Francisco Manso, solo piensan en terminar «y relajarme durante el verano».

Hablan los estudiantes de Badajoz

La fase para subir nota

Pero aún quedan dos jornadas más de exámenes o solo una para los que no se presentan a la fase de admisión para subir nota y llegar hasta un máximo de 14 puntos. Esta segunda parte voluntaria de la EBAU también se ha estrenado hoy, por la tarde, para los que eligieron examinarse de Física o Historia del Arte. Y lo hicieron, como en la mañana, siguiendo el estricto protocolo de seguridad y prevención del covid que ya funcionó el año pasado y que se ha mantenido esta edición sin grandes cambios. 

La principal diferencia es que este año es obligatorio tener la mascarilla puesta en todo momento (el año pasado se permitía quitársela en el momento del examen) y también se ha reducido la distancia interpersonal (de dos metros a un metro y medio) y los aforos de las aulas pueden llegar al 40% (en 2020 eran del 33%). Por lo demás, se han mantenido las mismas normas y organización. En los centros se han vuelto a ver a vigilantes de seguridad que, junto con los representantes de los centros de secundaria, han contribuido a evitar la formación de grupos tras los exámenes y han controlado los accesos a las sedes de personas acompañantes o familiares de los estudiantes para evitar riesgos.

Alumnos durante los exámenes, en dos aulas de la Facultad de Filosofía, esta mañana. SILVIA SÁNCHEZ FERNÁNDEZ

El balance que hacía a este diario a última hora de la tarde el presidente del tribunal calificador de la EBAU, José Antonio Pariente, era positivo: «La primera jornada ha transcurrido sin incidentes destacables y los exámenes se han llevado a cabo de manera normal; solo ha habido que hacer algunas aclaraciones en Lengua y Física, pero nada destacable ni generalizado, eran cuestiones de interpretación, no de contenido», explicó en la tarde de ayer Pariente. Añadió que todos han cumplido los protocolos de seguridad y sobre las quejas de algunos padres en sedes que no son habituales, como el pabellón deportivo de Plasencia, reconoce que el mobiliario instalado, mesas y sillas de plástico, «no era posiblemente el más adecuado, era mejorable, pero para hacer un examen de hora y media era suficiente».

Según ha explicado a primera hora de la mañana la vicerrectora de Estudiantes, Rocío Yuste, de los casi 5.700 alumnos matriculados en la EBAU, ha habido doce que se han acogido al plazo extraordinario que contempla la organización y harán estas pruebas el 21 y 22 de junio. De esos doce estudiantes que no han podido presentarse ahora, ocho están confinados en sus casas por ser positivos en covid-19 o contactos estrechos de un positivo y otros cuatro, por otras enfermedades. 

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Y de nuevo, la EBAU vuelve a estar a prueba de filtraciones tras el incidente ocurrido en la edición del 2018. «Desde que ocurrió aquello se puso en funcionamiento un estricto protocolo de custodia y manejo de las pruebas que se ha venido repitiendo en los últimos años y que se mantendrá de por vida», apunta José Antonio Pariente. Entre otras medidas, contempla que el transporte de los exámenes a cada una de las 19 sedes se realice por una empresa de mensajería, que llegan a los centros en sobre lacrados que no se abren hasta media hora antes del examen de la materia correspondiente. «Eso se mantiene porque funciona bien y evita cualquier tipo de filtración».

Una vez que finalicen todas las pruebas, los correctores (unos 300) comenzarán su trabajo y las notas se publicarán en el portal de la UEx el 18 de junio. Será entonces cuando se empiece a despejar la incertidumbre de los más de 5.600 alumnos presentados a la selectividad y comiencen a pensar, ahora sí, solo en su futuro.