“Yo era todavía muy joven y la pobre de mi madre, cuando nos enteramos, ¿pues qué iba a hacer? Pues nada, llorar y ya está. Y después lo enterraban a él, pero no solo a él sino a muchos hombres, porque la guerra fue así”. Recuerdos desde una voz femenina. Y muchos otros recuerdos narrados en la voz de sus protagonistas. E imágenes inconfundibles de estampas de Extremadura. Esta es la carta de presentación de apenas dos minutos del documental La vida de antes, un adelanto que se ha estrenado esta misma semana. Detrás de este trabajo audiovisual se encuentran dos jóvenes productores audiovisuales: María Ángeles Cerrada (Badajoz, 27 años) y Gonzalo González (Jerez de los Caballeros, 23 años).

Mari y Gonzalo con un cartel de 'La Enramá' de Pinofranqueado

Mari y Gonzalo con un cartel de 'La Enramá' de Pinofranqueado EL PERIÓDICO

“Lo que hemos hecho es un documental histórico-costumbrista partiendo del etnocentrismo y la antropología”, dice Cerrada. Esta base teórica es el cimiento para después construir un emocionante relato de la vida de los mayores extremeños: “Y la gente allí iba a enterrar a los muertos y después bajaban a rezar todos. Y esto de darles de comer a todos los que habían ido pues eso era un trabajo enorme para la familia”, narra otro de los protagonistas en el corte que han presentado. “Yo cuando chico lo llevaba a la barbería. Mi abuelo, el padre de mi madre, era ciego”. “De chico, como todos los de aquella época, era guardando una cabra y algunos guarros, pero luego con 14 o 15 años, pues ya me fui al campo con mi padre”. “(Recuerdos) algunos no tan positivos, como la pérdida por culpa de la migración de muchos amigos de la infancia que se fueron del pueblo, incluso siendo yo niño”. Y así distintas voces, intercaladas con imágenes, aunque ninguna de sus narradores. “El no enseñar las caras es algo que hemos hecho intencionadamente, no queremos desvelar mucho hasta que no estrenemos el documental completo”, explica Cerrada.

Ella y su compañero Gonzalo se han recorrido la región de palmo a palmo cámara en mano buscando estos relatos. “Nos hemos encontrado testimonios en los que nos hablan de su infancia, del modo de vida… Son historias muy bonitas que creemos que deben ser contadas”, dice.

Gonzalo, frente al Templo de Diana de Mérida EL PERIÓDICO

Serrada reconoce que “al principio” les costó encontrar a gente “y luego han tenido que decir que no”. “Por eso, si este trabajo va bien, no descartamos hacer una secuela, o incluso una docuserie de varios capítulos”.

Ya habían realizado algunos cortometrajes enfocados a temáticas sociales (violencia de género, migraciones, derechos humanos…) pero este es su primer trabajo “grande” y lo están haciendo de manera autogestionada. “Esto es algo que teníamos muchas ganas de hacer. Sí nos habían dicho varias personas que podríamos optar a algunas ayudas pero, la verdad, no queríamos tener que esperar ni depender de actores externos. Nos hicimos además un calendario muy marcado”, describe Cerrada. Es ese calendario el que hace que ya hayan completado el rodaje y que para finales de este mes tengan previsto finalizar el montaje.

Mari, con la cámara en la localidad de Valle de Santa Ana, en la Sierra Suroeste

Mari, con la cámara en la localidad de Valle de Santa Ana, en la Sierra Suroeste EL PERIÓDICO

“Hemos funcionado mucho por redes sociales. Por Facebook hemos buscado voces y eso se ha compartido por grupos privados y ha llegado a muchísima gente”. Por eso, no descartan compartir el documental también por redes sociales. “Nos gustaría que llegara al máximo de personas. Por eso quizás lo compartamos (el documental) por ahí y en otras plataformas. También nos gustaría proyectarlo en las distintas filmotecas de la región o incluso en Canal Extremadura u otro medio”, afirma la joven, “pero eso ya es el siguiente paso”, añade.

Cigüeñas anidando, paisajes verdes y la dehesa, las alquerías de Las Hurdes, monumentos fácilmente reconocibles y calles de pueblos se intercalan en La vida de antes, que es también una ocasión para “destacar y defender lo que es Extremadura a través de sus abuelos y abuelas”.

“Creemos que a nuestra región se le reconoce poco y lo poco muchas veces es por cosas malas, como el tren. Nosotros queremos mostrar otra cara”, dice Serrada. “Los abuelos son unas personas fabulosas que tienen muchas historias que contar”, remacha. En este trabajo está la oportunidad de escucharlas.

*Vea aquí la carta de presentación del documental