El de Castuera (5.784 habitantes) fue el primer destino de Elsa María Caballero. Llegó a él hace más de una década, en noviembre del 2009. «Aquí estoy cómoda. Es mi tierra, porque soy extremeña [de Navalmoral de la Mata], me gusta la zona y me queda relativamente cerca de mi casa», asegura. Ella optó de inicio por quedarse a vivir en la misma localidad en lugar de ir y venir a diario, una decisión que, echando la vista atrás, considera que le ha reportado sobre todo aspectos positivos. 

El rasgo que mejor define a su juicio el trabajo del notario rural «es el contacto constante e inmediato con el cliente. Aquí da igual que pongas cita previa porque vienen y te dicen ‘subo un momento’». Además, cuenta, «las cosas te las piden para ‘antes de ayer’». En una comarca, como la de La Serena, con un peso tan importante de la agricultura y la ganadería, es frecuente tener tareas que no pueden esperar y hay que resolver los asuntos «ya mismo porque su ganado no ha comido o deben irse a regar», añade. Eso hace que en este tipo de despachos todo sea «mucho más ágil, es la parte más positiva, aunque luego es verdad que son notarías un poco ‘vampíricas’, porque te tienen muy atada. Te implicas mucho con la vida de las personas».

Además de a vecinos de Castuera, en su despacho también se presta servicio a otros de poblaciones cercanas, como Esparragosa, Malpartida, Puerto Hurraco, La Nava, Helechal, Benquerencia, Quintana o Monterrubio.

«Te preguntan hasta cuestiones de su vida familiar, somos asesores, psicólogos, de todo»

Las herencias, las compraventas de fincas rústicas «no muy grandes», las hipotecas para la vivienda habitual y los testamentos -«muchísimos», puntualiza--, están entre los expedientes que se formalizan con mayor asiduidad en su notaría. No obstante, más allá de ellos, la relación de cercanía con los vecinos hace que se les preste «asesoramiento de muchísimas cosas, aunque a lo mejor no vayan a desembocar en una escritura ni nada. Te preguntan sobre el impuesto de sucesiones, por ejemplo, o también sobre cuestiones de su vida familiar. Somos asesores, psicólogos, de todo», detalla. En su oficina se ha llegado a presentar hasta «una señora indignadísima porque había recibido una carta, ‘me la tienes que leer’, me dijo. La abro y era el recibo de la basura… cualquier carta que llega del Catastro o liquidaciones complementarias de alguna valoración que les hace la Junta de Extremadura, todas esas cosas pasan por notaría». «Una vez un matrimonio mayor insistió en pagarme por una consulta. Como le dije que por los asesoramientos no se cobraba, me preguntaron dónde vivía, y aparecieron con una rama cargada de limones. La gente intenta compensarte con lo que tenga, por humilde que sea».

Además, «constantemente» toca asumir la mediación entre familiares, algo que sucede sobre todo en herencias o en testamentos que mejoran a uno de los descendientes y a otros no. «Te llaman las dos partes, una te cuenta ‘es que con mi hermana yo no puedo, ¿por qué no la llamas tú?’ Y la hermana igual, ‘es que yo con mi hermano’... y así hemos conseguido sacar bastantes expedientes. Gracias a que las dos partes te consideran como un mediador imparcial y se logra un punto intermedio de acuerdo», concluye.