LA HISTORIA DE SUPERACIÓN DE UNA ESTUDIANTE INVIDENTE DE SAN VICENTE DE ALCÁNTARA

«Las dificultades están ahí, los límites los pones tú»

Beatriz Vega es la única extremeña ciega que ha hecho la selectividad este año. Un tumor cerebral le privó de visión, pero nunca se puso límites y en septiembre comenzará una nueva etapa en la universidad

Beatriz Vega Hormigo, de 20 años, es de San Vicente de Alcántara.

Beatriz Vega Hormigo, de 20 años, es de San Vicente de Alcántara. / CEDIDA

Nunca se ha rendido, pese a las piedras del camino. A pesar de aquel compañero de instituto que le ponía la mochila en medio del pasillo para que tropezara y le cambiaba las cosas de sitio para que se despistara. No ha sido fácil, pero Beatriz Vega Hormigo, de 20 años, nunca se impuso límites. Aprendió geografía sin llegar a ver nunca un mapa y matrices con un programa que traslada todo tipo de fórmulas a braille. Y así, gracias a todos los recursos educativos que posibilita la ONCE, acaba de aprobar la selectividad sin coger un bolígrafo.Ha hecho la Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad (EBAU) a través del ordenador, en braille, en el campus de Badajoz. Acaba de superar esa meta crucial en la vida de cualquier estudiante, con casi un 7 de nota, y ya prepara su nueva etapa en la universidad. 

No contemplaba otra opción y se ha esforzado mucho para conseguirlo. Ha contado con el apoyo fundamental de su centro, el instituto público Joaquín Sama de San Vicente de Alcántara, y de una profesora de la ONCE que adapta los materiales que necesita y le facilita la enseñanza desde la etapa de Primaria. «La voy a echar de menos ahora en la universidad, porque es como mi segunda madre», cuenta. Sus padres también han sido pilares para que ella consiga cada una de sus metas. Se llaman José y Juli y siempre han apostado por la inclusión educativa en el pueblo en el que residen y por intentar romper esa burbuja de sobreprotección tan humana que envuelve a las personas con cualquier discapacidad. «La sociedad no está preparada y hemos intentado que Beatriz conociera siempre el mundo real, porque la vida no es fácil y no hemos querido nunca engañarla», cuenta su padre. La lección que aprendió en casa es que, pese a las adversidades, hay que luchar por lo que uno quiere. «Porque ella puede hacer tantas cosas o más que los demás».  

Pese a las dificultades, la historia de Beatriz está plagada de victorias. Y la primera es su propia vida. Cuando solo tenía tres años le detectaron un craneofaringioma, un tumor cerebral que le llevó a pasar por quirófano en el Hospital Niño Jesús de Madrid y le dejó varias secuelas, entre ellas, la pérdida de la visión del ojo derecho. Solo dos años después el tumor regresó. Otra operación y, de nuevo, más secuelas. Esta vez la cirugía le mermó la visión del ojo izquierdo. «Lo pillaron más a tiempo y al principio tenía un 15% de visión, pero es un problema degenerativo y ahora está en torno al 3%», cuenta su padre. 

Cuando se recuperó, aún con distintos tipos de secuelas además de la ceguera, Beatriz comenzó el colegio. «Iba con miedo, pero la verdad es que los críos la ayudaban mucho al principio. Después, conforme se ha ido haciendo mayor ha sido peor, más duro, pero ella se ha ido haciendo a eso. Lo peor no es que ella no pueda ver, lo peor es que no ha tenido amigos en el instituto. La verían como una carga. Eso es lo más duro de todo, porque la falta de visión no tiene remedio, pero lo otro sí lo tenía», cuenta su padre. Aún así, ella remarca que en la etapa de Bachillerato sí se ha sentido más cómoda en su grupo de clase. «En general creo que falta más empatía en la sociedad, pero he notado que los estudiantes en estos cursos son más maduros».

Mantiene amistades en la distancia con otros estudiantes que ha ido conociendo en un colegio de la ONCE de Sevilla donde ha estado participando varios años en distintas actividades de convivencia y ocio. Y pronto espera retomar, ahora ya sí personalmente, todas esas relaciones de amistad que mantiene en Andalucía porque su siguiente etapa quiere desarrollarla en Sevilla o en Huelva. Con su casi 7 de nota de la EBAU espera lograr plaza para estudiar Psicología en alguna universidad de estas ciudades andaluzas. «Mi ilusión era estudiar Educación Infantil y trabajar con niños pequeños, pero hay que ser realista y eso es complicado para mí. Así que busqué otra opción y Psicología es una carrera que siempre me ha llamado porque me gusta ayudar a la gente». Escuchar música y leer son sus aficiones principales.  

«Me da un poco de miedo porque sales de casa y te vas a vivir sola a otra ciudad, pero tengo ilusión y muchas ganas. Las dificultades siempre van a estar ahí, pero hay que aprender. Los límites los pone cada uno y si de verdad se quiere algo, hay que echarse para adelante e intentarlo», dice. Fin de la lección.