Junio fue el mes de la diversidad. Del Orgullo, que celebró su gran día el 28. Una fiesta a todo color que reivindica los derechos del colectivo LGTBI desde 1969. Nadie imaginaba que julio empezaría con un salto al pasado y con la peor de las noticias. Samuel Luiz, un joven de 24 años de Meicende, A Coruña, fue asesinado a golpes a grito de: «¡Maricón!» en la madrugada del 2 al 3 de julio. El suceso consternó a la ciudadanía española y concentró en las plazas de todo el país a numerosas personas que protestaron en repulsa sobre lo ocurrido con el joven gallego. 

Una semana después, desde las asociaciones extremeñas que representan al colectivo aseguran que no es un caso aislado. «El crimen de Samuel le puede pasar a cualquiera», coinciden. El acoso lo sufren en la mayoría de los casos desde que son niños e incluso mucho antes de salir del armario, explican también. En lo que va de 2021 los casos se han duplicado con respecto al mismo periodo de 2020. A final de junio del año pasado los delitos de odio por homofobia fueron 11, mientras que en la misma fecha de 2021 ya suman 24. Más del doble, según los datos recogidos por la Fundación Triángulo de Extremadura. ¿A qué se debe este incremento? «No es una cuestión que responda a un factor puntual. Es algo que venimos avisando mucho tiempo», explica Silvia Tostado, presidenta de la fundación a nivel regional. 

«Los discursos de odio tienen sus consecuencias en la sociedad. Estamos viviendo un caldo de cultivo que es muy peligroso desde espacios públicos y políticos. Las cuestiones de la homosexualidad llegan desde el Congreso de los Diputados. También se ponen en tela de juicio políticas públicas que abordan la diversidad, la igualdad o las migraciones que vuelven a colocar en la población diana a los que ya lo eran desde hace tiempo: los más vulnerables. Esto tiene graves consecuencias en los jóvenes. Les estamos transmitiendo que las personas pueden ser insultadas o agredidas en función de una moral. No se puede consentir», añade Tostado. «Estoy convencida de que la mayor parte de la sociedad no está de acuerdo con este tipo de mensajes», destaca. La educación tiene mucho que ver a juicio de la presidenta de la fundación. «Desde que son niños tienen que tener garantizados sus derechos fundamentales. Uno de ellos es disponer de una educación libre», establece.  

Con la pandemia se vieron vulnerados aún más sus derechos, según apunta Tostado. «Han incrementado las situaciones de vulnerabilidad. En algunos casos nos hemos visto encerrados con entornos afectivos hostiles hacia las personas homosexuales. Además, no todo el mundo podía tener acceso a los servicios que prestamos desde las asociaciones», resalta.  

En referencia a las movilizaciones a raíz del asesinato del gallego, Tostado precisa que la respuesta de que se saliera a las calles es un reflejo del trabajo que realizan desde hace tiempo en las organizaciones en colaboración con la ciudadanía. «Cuando ocurre algo tan grave y se ve reflejado de manera instantánea con protestas de la mayor parte de la sociedad, anima a seguir adelante y no rendirse en esta lucha. Que nos podamos casar está muy bien, pero hay que aterrizar en las vidas cotidianas y seguir trabajando duro en el camino desde las bases estructurales. Queda mucho por recorrer». 

Uno de los grandes problemas a tenor de Tostado es la heteronormatividad. Esto es dar por hecho que una persona es heterosexual y que las relaciones sexuales-afectivas solo pueden darse entre personas de distinto sexo. «Es que en la cena de Navidad si eres niño te preguntan por tu novia. Si eres niña, por tu novio, por ejemplo. ¿Cómo no va a costar que salgamos del armario si el canon está tan marcado que, en teoría, por ser diferente al resto te puedes sentir desplazado?», pregunta. 

La visión de Pilar Milanés, presidenta de la Asociación Extremadura Entiende no se aleja de la de Tostado. «Nosotras también nos preguntamos por qué en pleno siglo XXI continúan sucediendo estas atrocidades», considera sobre el crimen de Samuel. «La punta del iceberg fue el asesinato en Galicia, pero detrás hay problemas muy serios. Los delitos de odio crecen de una manera descontrolada», subraya. «La LGTBIfobia tiene que ver con un sistema estructural: el heteropatriarcado. Es el mismo que ejerce la violencia contra las mujeres y nacen de la cultura machista en la que estamos inmersas», añade. 

«Todo lo que se sale de la norma es cuestionado». De esto también culpa a los mensajes políticos. «Que ya hayamos conseguido adquirir ciertos derechos nadie nos asegura que no los podamos perder. Aún más viendo el panorama actual y el avance de la extrema derecha con sus mensajes de odio», acuña. 

«¿Qué hubiera pasado si Samuel hubiera sido un ‘machote’?», pregunta. «Está claro que hay un sistema que oprime y que violenta a las personas del colectivo que en este caso se ha traducido en una paliza mortal», señala. Por esto Milanés se muestra tajante con lo que debería hacer el resto de la sociedad ante estos casos: «Lo personal es político y si no condenas estos actos ya te posicionas en el lado del que oprime. En esto no existen las medias tintas», zanja.

Atención al odio

La Fundación Triángulo lleva a cabo un servicio de atención a víctimas desde el año 2017. Esta unidad se ha reforzado este último año con la firma de un convenio con la Consejería de Igualdad de la Junta de Extremadura. El plan incluye atención psicológica y acompañamiento jurídico para las personas que sufren este acoso por orientación sexual y de género. Esto lo explica el secretario de la Fundación Triángulo de Extremadura, Hugo Alonso, que además hace hincapié en el crecimiento de agresiones en el último año. Más de un 50% más con respecto a 2020. La edad media de las víctimas que recogen los datos de la fundación de 2021 es de 23 años. Aunque la más joven tiene 11 y la mayor 50. 

«De entre las 24 contabilizadas hasta julio, no en todas las agresiones se produce un componente físico, pero sí hay una discriminación», explica. Solo el 16%, 4 del total de casos, ha interpuesto denuncia. «Es importante denunciar para que las instituciones públicas pongan solución e intervengan en este tipo de situaciones. La demanda donde tiene que ponerse es en los juzgados», reclama Alonso. 

La visión de una madre

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«No quiero tener miedo a que mi hijo salga a la calle por ser homosexual. Con mi hija ya sufro por el machismo. Desde que ocurrió lo de Samuel no me lo quito de la cabeza». Esta historia la cuenta María, una madre pacense que vive con la incertidumbre de que su hijo, un joven de 15 años, sufra acoso por homofobia. Su nombre real no es María, pero no quiere desvelar su identidad por respeto al adolescente. «Me tranquiliza su entorno. Sus relaciones sociales son buenas y siempre le apoyarían», asegura. «Esto de decir que le apoyarían por ser homosexual me cuesta en pleno 2021», lamenta. Si echa la vista atrás, considera que ella ha sufrido más por los comentarios que ha tenido que aguantar el menor antes de saber que era gay. «Estoy segura de que sufro yo más», desvela. 

La conversación con María culmina con una reflexión: «Si hace 85 años que mataron a Federico García-Lorca por su condición sexual y el 3 de julio asesinaron a Samuel a grito de maricón, ¿qué ha cambiado en nuestra sociedad?».