Muchos de los pacientes que han pasado esta semana por su consulta le han preguntado por la polémica del chuletón originada por la campaña del Ministerio de Consumo para reducir el consumo de carne. Es el mismo planteamiento que los nutricionistas como ella defienden desde hace años y que Mónica Pérez, repite a todo el que llega a su despacho de Badajoz.  

--¿Qué opina del planteamiento del ministro de Consumo sobre la ingesta de carne y de la polémica a la que ha dado pie?

--Es curioso. Lo que ha dicho el ministro es lo que los nutricionistas llevamos años y años recomendando: que hay que reducir el consumo de carne. Visto así, hasta se podría decir que el ministerio llega tarde. Lo asemejo a la afirmación que existe aún con la copita de vino en las comidas. A lo mejor en un futuro se llega a plantear por fin que lo ideal es cero alcohol, pero sigue habiendo quien lo aconseja en la comida. 

--¿Hasta qué punto hay que reducir el consumo de carne para que sea saludable?

--La carne es el grupo de alimentos más prescindible que hay y no pasaría nada si dejáramos de comerla. No quiere decir que no la tomemos, pero sí que se reduzca el consumo, porque en la mayor parte de las casas españolas se toma diariamente. Es adecuado disminuir el consumo por salud y también por el beneficio del medioambiente.

--España estar a la cabeza en el consumo de carne y Extremadura, aunque no sea la región con mayores cifras, la carne roja rebasa a la blanca.

--En Extremadura el consumo del cerdo es muy elevado por la importancia que tiene en la comunidad. En el caso de esta carne, el consumo debería ser aún menor, tanto por salud individual como medioambiental.

«La crianza de la carne influye mucho. Pero si consumimos mucho, hay que producir más»

--¿Es importante diferenciar qué tipo de carne se consumo y cómo?

--Siempre. La Agencia Alimentaria habla de dos a cuatro raciones de carne a la semana y de unos 100 o 125 gramos. Eso supondría como máximo unos 400 gramos de carne en general. Dentro de eso, es preferible el consumo de carne blanca como el pollo o el conejo y por supuesto carne fresca; que no sean salchichas o hamburguesas precocinadas. Está acreditada la relación entre un mayor consumo de carne roja y enfermedades como el cáncer colorrectal.

--Los productores de carne han puesto el grito en el cielo porque la polémica les ha señalado a todos como culpables.

--Es cierto que la forma de la crianza influye mucho al medioambiente. Habría que tener más control sobre las macrogranjas. Pero si consumimos más carne, la industria tiene que producir más y en condiciones que a veces no son tan adecuadas. Por eso planteamos reducir el consumo. 

--¿Hay muchos mitos en torno a la carne ?

--El más extendido es que el consumo de carne es esencial para prevenir la anemia, lo que no es cierto porque hay muchos otros alimentos ricos en hierro; o que el fiambre pollo o de pavo es saludable, cuando lo que menos lleva es carne. 

--¿El ritmo de vida nos lleva a abusar de los procesados?

--Nos excusamos en eso, pero se puede comer de forma saludable sin estar todo el día en la cocina: un bote de garbanzos cocidos con tomate, cebolla y huevo duro es rápido y saludable. Es más cuestión de organizar y priorizar a la hora de consumir.