Diecisiete meses después, Inés ha vuelto a compartir clases y recreos con sus compañeros, a recorrer los pasillos del colegio y a sumarse a las actividades colectivas del aula, aun con todas las restricciones que se impusieron ya el curso pasado y con las que ella ha debutado hace una semana. Aunque todo sea muy distinto a las últimas clases que pisó en marzo del 2020, la vuelta al cole era este año la más esperada por esta alumna del colegio Claret de Don Benito. Era el regreso más especial para ella y también el más necesario para que toda la familia empezara a romper la burbuja en la que Inés Rodríguez ha vivido durante el año y medio que ha transcurrido desde que la pandemia de covid-19 le obligó a reducir al mínimo cualquier contacto social que expusiera a la menor a un contagio que podía ser muy grave con su cardiopatía congénita. 

«Cuando nos confinaron, estaba metalizada de lo que venía. El día antes mis padres ya me habían dicho que no iba a volver al colegio. Pero pensaba que iba a poder incorporarme cuando comenzó el curso pasado, con la mascarilla y las distancias», recuerda esta adolescente de 14 años. Sin embargo, los padres entendían que era demasiado arriesgado. «Me fastidió bastante no poder ir. No es lo mismo estar en clase que estudiar en plataformas y libros digitales», reconoce. 

En casa le explicaron la situación y los riesgos sin muchos rodeos, y asumió que iniciaría el curso en el espacio que le habían habilitado en el salón de su casa para sentarse con el ordenador portátil, mientras sus hermanos y amigos regresaban a la rutina del aula. Con la sucesión de olas la medida se fue prolongando pasaron los ocho meses sin que pudiera retomar la normalidad que esperaba. No fue sencillo. La recta final del curso parecía no tener fin.  

«Ella necesitaba ya el contacto social después de un año sin salir y la clave ha sido la vacuna. No tienes garantías al 100%, pero el hecho de que ya esté vacunada da más seguridad. Nos da tranquilidad, aunque vayamos a seguir con muchas precauciones aún», dice Covadonga Godoy, la madre. 

Mucha implicación familiar

El curso 2020-2021 de Inés transcurrió entre clases virtuales, apoyo de sus profesores y mucha implicación familiar, mientras cruzaban los dedos para que la situación mejorara y los estudios en marcha sobre el uso de las vacunas frente al covid en menores arrojaran resultados esperanzadores. Al final fue que sí. A Inés Rodríguez le inocularon la primera dosis el pasado mes de agosto y la segunda un semana antes de iniciarse las clases. El día 10 de septiembre volvió al colegio con la pauta completa.

«Volver a ver a mis compañeros es lo que más me ilusiona. Estaba deseando hacer algo tan sencillo como estar en clase o levantarme de mi mesa para ir a entregarle los deberes al profesor», cuenta esta estudiante de 3ª de Secundaria sobre las rutinas que empiezan a devolverle parte de su vida anterior a la pandemia. Y con ella, al resto de la familia. 

El pasado mes de marzo los padres explicaban a este diario cómo se habían organizado para cuadrar sus obligaciones laborales con las necesidades educativas de su hija en casa y las de los otros tres hijos en su día a día en el cole: el padre optó por teletrabajar tres días a la semana y los otros dos los asumió la madre reorganizando la agenda de su clínica dental. Como ellos, alrededor de un centenar de alumnos seguían en la región el avance del curso desde casa por su vulnerabilidad frente al covid. 

«Al final del curso, Inés tenía que ir a hacer exámenes presenciales al colegio y siempre buscaba la forma de alargar un poco la visita. Me decía: «Mamá, ya que voy, me quedo a la clase siguiente también...»; «ya que voy, me espero allí hasta que pase el recreo», recuerda Covadonga Godoy. 

 «Ha sido una experiencia complicada para todos. Para la niña, por estar en casa. Y para nosotros (los padres) porque estás trabajando, pero tienes que hacer de profesor y de vigilante. Yo era más lo segundo y la madre asumió más carga docente. Pero con todo, es estrés que vas sumando», reconoce el padre, Juan Pedro Rodríguez, que ha podido volver a la oficina con la vuelta al cole de Inés. «Estoy contenta de tener clases normales», insiste ella. Ahora confía en seguir dando pasos para ganar los otros espacios de su día a día prepandemia: una salida con las amigas, las clases extraescolares... La vida.