«¿Cómo vamos a levantar el nuevo Sistema Estatal de Cuidados? ¿Con la precariedad? ¿Con la inseguridad? ¿Con la pobreza de las mujeres que son quienes trabajan en ellos?». La pregunta la lanza Teresa Villar, quien ha trabajado como auxiliar de cuidados durante más de 12 años en Cáceres y que desde el pasado 1 de noviembre lleva acampada junto a otras compañeras de la Plataforma Unitaria de Auxiliares de Ayuda a Domicilio frente al Ministerio de Trabajo en Madrid a la espera de que la ministra Yolanda Díaz se reúna con ellas y escuche sus reclamaciones. Villar explica a este periódico cuáles son sus puntos.

«En primer lugar pedimos que se nos aplique la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Estamos excluidas por trabajar en el ámbito doméstico pero nosotras no somos trabajadoras por cuenta ajena así que no tiene sentido que estemos fuera. La segunda es la rebaja del epígrafe de jubilación, ya que con 67 años no podemos estar movilizando y cuidando a una persona de 70. Y la tercera es la reinternalización del servicio, que vuelva a tener una gestión pública, ya que ahora se mercantiliza la vida y los cuidados de las personas», expone. Este servicio está externalizado por la gran mayoría de los ayuntamientos de todo el país, también el de Cáceres, lugar de trabajo de Villar: «Es un subasteo a la baja de este servicio para que las empresas pujen y lo que provoca es un déficit del servicio y la precarización de sus trabajadoras», denuncia. Tal es la pauperización de las cuidadoras que ella misma ha sido usuaria de los servicios sociales por no poder mantenerse con su salario. «En el convenio está establecido un sueldo bruto de 1.080 euros brutos al mes. Teniendo en cuenta que el 80% de las trabajadoras estamos en jornada parcial, ese sueldo no nos da para vivir. Dicen que los cuidados son un nuevo nicho de empleo pero no lo es porque es lo más precarizado y lo menos valorado», lamenta.

Conflicto con Trabajo

La acampada es el recurso final al que estas mujeres han acudido para que las administraciones las escuchen. «Fue el 23 de junio de 2020 cuando presentamos una serie de trabajos y alegaciones, porque nuestra situación jurídica no se sostiene. En diciembre nos reunimos con el secretario de Estado, Joaquín Pérez, quien nos aseguró que íbamos a trabajar ‘codo con codo’. No volvimos a saber nada desde entonces», recuerda Villar. «El viernes de la semana pasada nos dijeron que aceptaban nuestras reclamaciones y que nos reuniríamos con la ministra el lunes para diseñar una hoja de ruta y un calendario», asegura Villar. «Cuando el lunes subimos al despacho nos dicen que si queremos la reunión debemos levantar el campamento y nosotras dijimos que sí porque entonces ya no tenía sentido seguir acampadas», continúa, «pero luego nos dicen que en esa reunión con la ministra no se iban a ver los puntos ni el calendario. Entonces, decimos, ¿cuál es el objetivo? Y nos responde el jefe de gabinete, que era quien estaba ahí, que le contáramos a la ministra lo que queremos y cómo nos sentimos. ¡Pero si llevamos un año diciéndolo!», cuenta indignada, «y que en 2 o 3 semanas nos mandarían un informe, o sea que nosotras sólo podríamos opinar pero no participar. Nos levantamos de allí, nos fuimos y ampliamos la fecha del campamento a diciembre», expone. Este periódico ha tratado de contactar con Trabajo para confirmar este extremo y la posición del Ministerio ante la protesta pero no ha recibido respuesta.

La lucha seguirá

«Dolor y decepción». Es lo que sienten Villar y sus compañeras ante la situación. Ella reconoce que la suya es «una posición beligerante contra el poder» y, a pesar de que se jubiló este pasado mes de octubre, afirma que está ahí por todos los años que ha trabajado en la precariedad y porque «las causas no tienen edad».

«Nos duele especialmente porque tres de los cuatro Ministerios implicados, Trabajo (Yolanda Díaz), Política Social (Carolina Darias) e Igualdad (Irene Montero) --el cuarto es Seguridad Social (José Luis Escrivá)-- están encabezados por mujeres que se autodefinen como feministas y de izquierdas», dice. «Ellas estaban antes con nosotras. Decían que iban a sacar a la casta y ahora se han convertido en otra».

Pero a pesar de este desengaño, las cuidadoras mantienen la moral alta y reciben otros muchos apoyos: «Han venido compañeras feministas de distintos grupos, jóvenes, sanitarios... Ellos y también vecinos de Madrid nos traen comida, un caldito caliente...», asegura orgullosa.

Todos ellos se manifestarán junto a las cuidadoras este domingo para seguir pidiendo que se les escuche y se les tenga en cuenta en el diseño de las nuevas políticas de su sector. Villar está segura de que lograrán su objetivo porque, al fin y al cabo, «los cuidados sostienen el mundo y todos nosotros, en mayor o menor medida, los necesitamos»