Cerca de 4.000 kilómetros separan Extremadura y Ucrania. Un viaje que atraviesa prácticamente toda Europa y que han recorrido en algún momento de su vida los 239 ciudadanos ucranianos (según los últimos datos del INE) que residen en diferentes puntos de Extremadura y que viven con dolor y preocupación el ataque de Rusia por tierra, mar y aire a su país. También los 146 rusos y rusas establecidos en la comunidad miran con incredulidad y angustia el conflicto armado que en su primer día ha causado decenas de muertos, soldados y civiles. 

«Históricamente, Rusia y Ucrania somos pueblos hermanos. No hay nadie que se parezca más a los rusos que los ucranianos y viceversa», dice Maríya Bakhovska, natural de Lviv (Ucrania), residente en Montijo desde hace 20 años y presidenta de la Asociación de Inmigrantes Vegas Bajas. «Ya está habiendo pérdidas humanas, es un horror. Mi país va a quedar destrozado tanto emocional como económicamente», lamenta Maríya. 

El dolor de una guerra es compartida por los ciudadanos extremeños. La Asamblea de Extremadura, de hecho, se sumó ayer a la declaración institucional acordada por la Conferencia de Asambleas Legislativas Regionales de Europa (Calre) en apoyo al pueblo ucraniano y de condena a la guerra declarada por Rusia. Los parlamentos regionales europeos consideran que la declaración de guerra viola abiertamente la Carta de Naciones Unidas, así como los acuerdos de Minsk, y lamenta las muertes, al tiempo que ayer expresaron en un comunicado su preocupación ante el agravamiento de la situación humanitaria en Ucrania. 

Así, condenan en los términos más enérgicos la declaración de guerra de Rusia a Ucrania, expresan su apoyo sin reservas al pueblo ucraniano y llaman a las instituciones europeas a mantener una posición común condenando la agresión de Rusia y también a proporcionar la asistencia necesaria a Ucrania.

Pero además del dolor emocional y las pérdidas humanas, la incertidumbre y la preocupación por este conflicto también pueden dejar un daño económico en Extremadura, ya que pone en riesgo la actividad exportadora. La comunidad exporta a Ucrania y Rusia productos por valor de 26 millones de euros anuales, según informa la Agencia Efe. Tanto el tomate como la aceituna en conserva, el tabaco en rama, el aceite y el arroz son los productos extremeños que pueden verse más perjudicados por el conflicto bélico, según datos aportados recientemente por el director territorial de Comercio, Ramón Montero de Espinosa.

Nadiia junto a su familia reside en Badajoz. CEDIDA

NADIIA ASTAPENKO. Ucraniana en Badajoz

«Hace 8 años todo el mundo cerraba los ojos al conflicto»

Hace dos años y medio que Nadiia y su familia salieron de Donetsk y pidieron asilo en España. Residen desde entonces en Badajoz, pero su familia sigue viviendo en distintos puntos de Ucrania, incluida en la autoproclamada república separatista prorrusa de Donetsk, y está sintiendo con preocupación los últimos acontecimientos. «Me siento muy estresada. No pensaba que empezaría esta guerra así, en todos los lugares de Ucrania», cuenta. Aunque tampoco le sorprende la situación, porque ha vivido de cerca un conflicto que viene de largo. «Esto dura ya ocho años, la gente piensa que es una cosa de Ucrania, pero no, es Rusia contra Ucrania. Hace ocho años el mundo cerraba los ojos a este conflicto y solo ahora está escuchando y viendo la realidad». 

Nadiia salió de su tierra por la complicada situación de la zona en la que vivía y para buscar un futuro mejor a sus hijos. «Allí en los colegios se trabaja para una guerra con Ucrania. Ucrania es el enemigo y los niños crecen como si fueran soldados. Era imposible vivir y yo solo quiero paz y tranquilidad para mis hijos». Y aquí en Badajoz la ha encontrado, por eso espera que prospere el recurso del que está pendiente para que le concedan de nuevo el asilo. «No puedo volver a mi país, no tenemos dónde volver, necesitamos apoyo». Y pide también ayuda a Europa para abrir un corredor seguro para que la gente que está bloqueada en Ucrania pueda salir. «Me duele mucho esa situación en mi tierra, por mi familia y amigos». Muchos de ellos viven en Kiev, Odessa y Kramatorsk, tres de los territorios que fueron atacados hoy. «Estamos muy preocupados».

Maríya, ucraniana residente en Montijo. CEDIDA

MARÍYA BAKHOVSKA. Ucraniana en Montijo

«Es como si viene tu vecino y te dice que te vayas de tu casa»

Maríya saltó a las seis de la mañana de la cama al grito de su marido: «levántate, mira, que empieza la guerra», le espetó. Corrió hacia el salón a ver la televisión y ahí estaban, en directo, sonando las sirenas de guerra en Kiev, en Ucrania, que empezaba a ser asediada por Rusia. «No podía creerlo, qué horror». Con el corazón en un puño, esta ucraniana que reside junto a su marido y su hija en Montijo desde hace 20 años, no puede despegarse del televisor. «Es que es como si viene tu vecino y te dice que te vayas de tu casa, un sinsentido». 

Se siente triste y muy preocupada por el futuro de su tierra y por su familia que vive allí, en Lviv, al oeste del país. «No sé qué va a pasar con mi suegra, mi hermana, mi cuñado, mi sobrino... viven con miedo pero quieren luchar por su tierra, por sus casas, es muy complicado», cuenta. «Mi hermana es profesora y anoche me decía que hoy iban a enseñar a los niños cómo tienen que comportarse dentro de un búnker. Parece increíble, pero es verdad. Ya tienen problemas para comprar alimentos y hay largas colas en las tiendas y en las farmacias. Pero la gente quiere quedarse para defenderse». 

Maríya lleva semanas viviendo con recelo la tensión existente y, aunque no esperaba que llegara este día, es consciente de que la guerra sin armas comenzó hace años, en 2014, «cuando Rusia se anexionó Crimea. Sabíamos que cualquier día podía llegar la invasión de Rusia, pero nunca te lo crees y menos en pleno 2022. Es muy fuerte y doloroso vivir sin saber qué va a pasar mañana. Ojalá Europa nos ayude a parar esta guerra. Ucrania solo quiere vivir en paz».

Borus, de Moscú, residente en Cáceres. CEDIDA

BORUS SMOTROV. Estudiante de Moscú en Cáceres

«Esto no debería pasar nunca; Rusia y Ucrania son gemelas»

«Me duele mucho lo que está pasando, no puedo explicar con palabras la profundidad de mis sensaciones ni de mis sentimientos porque amo Rusia, donde tengo a mi familia y amigos, pero también a Ucrania, donde también tengo buenos e íntimos amigos. Ambos países me encantan y los echo mucho de menos. Y esto no debería pasar nunca porque históricamente rusos y ucranianos no es que seamos hermanos, es que somos gemelos. No hay nadie más parecidos entre nosotros», reflexiona Borus Smotrov, natural de Moscú (Rusia) y residente desde hace más de tres años en Cáceres, donde estudia en la Escuela Superior de Arte Dramático y en la Universidad de Extremadura.  

Sorprendido por los últimos acontecimientos, Borus ha querido ser siempre optimista y pensar que la guerra real no comenzaría nunca. «Cuando lo vi esta mañana quería pensar que era una pesadilla y que todo pasaría cuando me levantara de la cama. No fue así». Pero pese a ello, quiere seguir siendo optimista. «Espero que acabe pronto porque a toda la gente normal de ambos países nos duele mucho todo esto. Me parece lo más absurdo de este mundo y espero que el amor no se rompa aunque duela mucho». 

Bajo su punto de vista, es «imposible entender lo que pasa en Rusia. Dicen que es gran política, pero yo solo quiero que haya amistad, amor y apoyo. Todo eso es más importante que la política». Por eso Borus quiere seguir confiando en que alguien ponga sentido común a este conflicto y restablezca la paz.

Olga Bech, ucraniana residente en Mérida. EFE

OLGA BECH Cocinera ucraniana en Mérida 

«Nosotros queremos vivir como Europa, no como Rusia»

Olga Bech es una de las 240 personas procedentes de Ucrania que viven en Extremadura. Reside en la capital, en Mérida, desde hace más de dos décadas. Está casada con un excomandante ucraniano de la antigua URSS y está viviendo con dolor e impotencia el inicio de esta guerra contra su tierra, según informa la Agencia Efe. Desde la capital extremeña, pide a Rusia que se vaya de su país y ponga fin a un conflicto bélico que nunca pensó que fuera a iniciarse. «Que nos dejen tranquilos... nosotros queremos vivir como Europa, no como Rusia», asegura Olga Bech, de 57 años, cocinera de profesión en un restaurante emeritense y que llegó a España hace ya 22 años en busca de un futuro mejor.  

Con lágrimas en los ojos y muy nerviosa, Bech muestra su «miedo y preocupación» por su país y, muy especialmente por su familia. Por su madre, de 75 años, sus dos hermanas, su hija y su nieto, quienes viven en Ucrania, cerca de la frontera con Polonia. «Pensaba que esto no ocurriría nunca, que después de muchas palabras y conversaciones esto -la tensión diplomática- terminaría pronto», asegura Bech, quien dice no entender «qué tiene en la cabeza Putin» para «comenzar una guerra» contra el país vecino. «Antes vivíamos como una república como hermanos y ahora un hermano -en alusión a Rusia- viene a matar a sus hermanos y hermanas», lamenta esta ucraniana, que tenía previsto viajar a su país en abril, pero que ahora no lo ve posible. Según cuenta, su marido, excomandante ucraniano de la antigua URSS y ya jubilado, «sí quiere ir» a defender a su país frente a la invasión rusa.