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El Periódico Extremadura

QUIEREN REUNIRSE CON EL CONSEJERO DE SANIDAD

La lucha de varias madres contra la violencia obstétrica en Llerena

L. M., indemnizada por el SES por mala praxis en el parto de su hijo en el hospital de esta localidad pacense, está recopilando testimonios de otras madres que han vivido situaciones similares en la atención

L. M., con su bebé en brazos CEDIDA

«No empujas, no sabes empujar». Esas palabras aún resuenan hoy, cinco años después del parto, en la cabeza de L. M., madre de un niño al que la mala praxis en su nacimiento le provocó una parálisis cerebral. Un juzgado de Mérida condenó al Servicio Extremeño de Salud a indemnizarles con 887.000 euros pero la lucha de esta madre de Zafra continúa: «Para mí no se ha hecho justicia porque el dinero no le va a quitar la discapacidad a mi hijo ni el trauma que tengo. Lo que yo quiero es que se adopten medidas para que esto no le vuelva a pasar a ninguna otra mujer», afirma. «Con ese dinero hemos podido comprar una casa y una furgoneta adaptada para mi hijo pero ojalá no me lo hubieran dado porque mi embarazo iba bien, mi hijo venía bien y desde hace cinco años vivo con una rabia interior porque no tendría que haber pasado», lamenta.

Ella recibe asistencia del Instituto Magnolia, una asociación para el apoyo psicológico de madres y padres de niños con discapacidad. Esta organización ha lanzado en redes sociales su llamada para que más madres que hayan sufrido violencia obstétrica den un paso adelante y se unan para reclamar una solución: «Yo no quiero que esto sea solo algo de mí, sino de todas las mujeres que tienen pánico de ir al Hospital de Llerena y se van a otros por si acaso. Ya tengo cuatro testimonios pero conozco más, lo que pasa es que muchísimas mujeres no hablan por miedo, por represalias, también por los costes económicos, yo tuve que pedir un préstamo para pagar a mi abogada».

«Ninguna sanción»

Esta madre subraya que durante su embarazo la trataron «profesionales maravillosos» pero apunta a que quien no lo fue en el parto sigue ejerciendo «sin ningún tipo de sanción», algo que considera injusto. Además, deplora que el SES no le ha ofrecido nunca ningún tipo de apoyo psicológico, «ni una llamada». «Mi hijo nació en mayo y yo no lo cogí hasta julio, porque mi niño no se veía porque estaba rodeado de tubos, eso es muy fuerte y yo a día de hoy sigo teniendo miedo a volver a ser madre. No recuerdo nada del primer año de mi hijo, imagínate. Me he tenido que buscar una psicóloga por lo privado porque el SES dio el dinero y ya está. Eso para mí no es justicia ni evita que lo que me pasó se vuelva a repetir», dice.

A través de la dirección de correo electrónico reclamacionrespeto17@gmail.com ya ha recibido varios testimonios que deploran el trato recibido. Su objetivo es recibir todos los que haya para poder presentárselos al consejero de Sanidad, José María Vergeles, con quien desean reunirse.

La Junta, por su parte, preguntada por este periódico, no se ha pronunciado al respecto.

A continuación el relato en primera persona de tres de esos testimonios. Sus protagonistas sólo quieren dar las iniciales. 

«Mi hijo tenía síndrome de Down y no se dieron cuenta ni los ginecólogos ni los pediatras»

«En mi embarazo todo iba muy bien hasta justo la semana 28. Fui a un ginecólogo privado, este vio algo raro, no sé exactamente qué, lo que sí me dijo es que me haría un informe para el ginecólogo de la Seguridad Social, al que yo iba al día siguiente. Una de las cosas que me dijo es que parecía como que el crecimiento de mi bebé se había quedado estancado, pero que no me preocupara», cuenta G.P. Esta madre informó a los ginecólogos del área de Salud Zafra-Llerena, que decidieron vigilar el embarazo y revisarla cada una o dos semanas. «Mi fecha de parto se supone que sería el 31 de septiembre, pero el día 14 me dice el doctor que tengo poco líquido amniótico, que si yo no había notado ninguna pérdida, yo le dije que no, que no noté nada, entonces este decide ingresarme para provocarme el parto. Desde el día 14 por la mañana hasta el día 15 a las 10 de la noche no tuve a mi bebé, que al nacer pesó 2,39 kilos. Esa noche del parto la pasamos bien, el pequeño iba cogiendo el pecho poco a poco, pero al llegar la mañana siguiente, día 16, pregunté que si el pequeño había echado el meconio en el parto, porque me parecía raro no ver el pañal manchado, me dijeron que no, pero que no me preocupara porque hasta las 24 horas lo podía echar, me quedé más tranquila. Pasaban las horas y mi hijo no echaba el meconio y el pediatra sin aparecer. Llegó el día 17, volvimos a decir a las enfermeras que llamaran al pediatra y nada. En un momento de estrés y de nervios, ya por la tarde, cogí a mi bebé e intenté estimular un poco el ano para ver si lo ayudaba a hacer la caca, entonces fue cuando me pareció ver algo raro. Al rato, el pediatra estaba allí, este examinó a mi hijo y me dijo que le quería hacer una radiografía, en el momento de examinar la radiografía vino a la habitación y nos dijo que había mandado la radiografía a Badajoz y que le habían dicho que lo mandaran porque lo tenían que operar de urgencia por una posible obstrucción. Esta noche del día 17, llegamos a Badajoz a más de las once de la noche. Yo les dije que en Llerena nos dijeron que podía ser una posible obstrucción. Resulta que mi hijo tenía una malformación, tenía el ano imperforado. También nos dicen que tenía una peritonitis. Claro, de haber comido lo poco que comía porque estaba fastidioso por no tener salida por ningún sitio. Una vergüenza, porque si mi pareja y yo no hubiéramos insistido no se qué habría pasado, no lo quiero ni imaginar. Por último, nos dice que ese tipo de malformaciones la mayoría de las veces van asociadas a un síndrome. Fue ahí cuando la enfermera nos comenta que por la malformación, más los rasgos que se le aprecian, creen que tiene síndrome de Down, cosa que se confirmó a los días. Esto me quedó cuadrada, es algo que no te esperas, más que nada porque es algo que con las 13 veces que me han visto y requeterevisado, lo más normal es que lo hubieran visto. Que no se hayan dado cuenta ni los ginecólogos ni los pediatras, eso sí que es fuerte. A pesar de ello, mi bebé es lo mejor que me ha dado la vida, lo quiero con locura». 

«No vieron el problema que había» 

«Quiero dar visibilidad a la mala gestión que hubo por parte de Ginecología en el área de salud Zafra-Llerena. En una consulta privada, la ginecóloga que me trataba en la Seguridad Social me detectó varios quistes en el endometrio, mandándome un tratamiento de parches anticonceptivos para ver si se disolvían, me trató durante dos años y dichos quistes no habían sufrido ningún cambio, por lo que esta especialista decidió quitarme el tratamiento, asegurándome que con ese tipo de quistes no me quedaría embarazada, ya que yo tenía 39 años y no estaba en mis planes. A los cuatro meses de dejar el tratamiento bajo prescripción médica me sorprende un embarazo, se me consideró de alto riesgo, por la edad y por ser hipertensa, tuve controles muy periódicos, estando todo bien. En la ecografía de la semana 20, todo perfecto. La sorpresa vino en la semana 32, cuando en una revisión rutinaria, se dan cuenta de que los ventrículos de la cabeza están muy dilatados, esto llevaba a alguna patología, sin poderme decir a qué, ya que en este área de salud no había los ecógrafos más concisos. Inmediatamente nos derivaron al Materno de Badajoz, allí nos esperaban seis especialistas, entre ellos un neurólogo sin tacto ninguno, nadie sabe lo que tuvimos que escuchar de la boca de este especialista, es cierto que el diagnóstico era muy serio, se trata de hidrocefalia y mielomeningocele, diagnóstico que ninguna madre está preparada para escuchar, pero a eso hay que añadir el trato recibido por este neurólogo, fue muy duro. El resto de especialistas se involucraron mucho y en todo momento nos sentimos arropados. A la semana 38 programan una cesárea para que no me pusiera de parto y no sufriera el niño, ya que venía con la espalda abierta. A las 15 horas de nacer y yo sin conocer a mi hijo, se sometió a una gran operación, duró seis horas y media. El neurocirujano le cerró el mielo y le puso en la cabeza una válvula de derivación, estuvimos 16 días ingresados y del hospital tuvimos que salir aprendiendo a sondar al niño. Esto se le hace cada tres horas, teniendo que estar 24 horas al día pendiente de él, no teniendo tiempo de ser mujer y madre de mi otra hija. Todo esto por no haber visto en el área de salud Zafra-Llerena a tiempo el problema existente. Con mi testimonio quiero dar visibilidad a cualquier madre que se encuentre en mi misma situación, que no dude en denunciar, yo no lo hice porque en ese momento no tenía ni tiempo ni ganas de nada, pero después de 12 años, animo a que denuncien. En cualquier trabajo cuando no se hace bien tiene consecuencias, pues aquí debería de ser igual». Es el testimonio de A. R. 

«No me enseñaron ni a los niños»

«Soy madre de dos gemelos que nacieron en 2014. Todo empezó cuando el día 19, un día antes de que nacieran, me empezaron unos dolores que para mí no eran contracciones, por lo que me fui a Llerena. Me dejaron ingresada por el hecho de que eran dos niños, yo estaba de 35+5 semanas. A la mañana siguiente me pusieron los monitores y estaba con contracciones, la ginecóloga que entró venía con la intención de darme el alta, pero al estar con contracciones decidió hacerme una cesárea. La pediatra que estaba de guardia dijo: «Vengan como vengan los vamos a mandar a Badajoz», ella no se responsabilizaba de nada. Entonces yo le dije a la ginecóloga que si a los niños los iban a mandar a Badajoz que por qué no me mandaban a mí también y que me hicieran allí la cesárea. Se puso en contacto con Badajoz y le dijeron que no, que ella me hiciera la cesárea y que mandara a los niños, que no tenía nada que ver una cosa con la otra. A la hora me hicieron la cesárea, no me enseñaron ni a los niños. A mí me dejaron en Llerena y a los niños los mandaron para Badajoz para meterlos en la incubadora. El padre había venido a recogerme para irnos a Badajoz. A las 72 horas me llaman de Badajoz, que a uno de ellos lo tienen que operar de urgencias porque no ha echado el meconio y tiene una obstrucción intestinal. En ese tiempo nadie le había dicho al padre, que era el que estaba allí, que al niño le habían estado haciendo irrigaciones, vamos, que algo iba mal. Tuve que pedir el alta voluntaria para poder irme a Badajoz, no sabía si llegaría a conocerlo. Nos estaban esperando para firmar el consentimiento para la intervención. Al día siguiente, después de la intervención, nos informó la cirujana que lo operó que todo había salido bien dentro de lo que cabía, ya que le habían tenido que cortar intestino delgado y hacerle una ileostomía para poder salvarle la vida. Después ya empieza la odisea respecto al niño…». Es el testiminio de R. G. 


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