Una familia que empieza desde cero en Extremadura

Vida en Mérida, corazón en Afganistán

Hanifa Khwajazada y Edris Attar residen desde hace ocho meses en la capital extremeña junto a la madre de este último. El matrimonio llegó a España en condición de refugiados tras la toma de poder de los talibanes

Edris y Hanifa pasean en el parque del Acueducto de los Milagros en Mérida

Edris y Hanifa pasean en el parque del Acueducto de los Milagros en Mérida / JORGE ARMESTAR

Marian Rosado Gallardo

Marian Rosado Gallardo

Una pequeña tarjeta blanca y azul con su nombre y fotografía es lo primero que muestra Hanifa Khwajazada al presentarse. De alguna forma es su último recuerdo de su país y el más feliz, el que demostraba cómo se podía ser una mujer afgana libre e independiente. En la tarjeta también se lee en letras mayúsculas ‘PRESS’ (PRENSA) y el logo y nombre de la Radio Televisión Pública de Afganistán. Hanifa llevaba años trabajando allí, dirigía un programa familiar y cumplía el que era su sueño desde niña: ser periodista. Un sueño, como tantos otros, truncado el pasado mes de agosto. 

A Hanifa le acompaña su marido, Edris Attar. Ella le anima a que él también muestre su antiguo carnet de trabajo: en él una bandera reconocible, la de España. Trabajaba en la Embajada en Kabul. Formado en administración y especializado en comercio, Edris tenía un puesto en el departamento de compras y facturación.

La pareja se conoció a través de sus respectivos trabajos, ya que colaboraban en diferentes eventos. «Nos enamoramos y nos casamos», recuerdan. De eso hace poco más de un año. Justo antes de que todos sus planes de vida se fueran al garete. Este matrimonio recibe a El Periódico Extremadura en la sede de Cepaim en Mérida, un lugar donde pasan buena parte del día y en el que la organización les ofrece asesoramiento legal, asistencia psicológica o ayuda en la búsqueda de empleo, entre otras herramientas y, sobre todo, la más apremiante, clases de español intensivas. Hanifa, que habla fluidamente cuatro idiomas (darí, turcomano, uzbeko y turco) ya chapurrea y se lanza sonriente a soltar algunas frases en español. Para su marido, que habla dari y pastún, está siendo más difícil ya que primero ha tenido que aprender el alfabeto latino. Con la ayuda de una traductora, los dos cuentan su historia.

Hanifa nació en el norte del país, en la provincia de Yauzyán. Con su móvil se apresura a mostrar imágenes de su hogar, en las que llaman la atención los inmensos prados verdes: «Es una tierra de agricultores», asegura ella. «Cuando era pequeña estaba con una fundación en la que ayudaban a niños que eran huérfanos o que sus familias, como la mía, tuvieran dificultades económicas. Muchas veces venían periodistas extranjeros y así es como supe que yo quería hacer eso», recuerda. 

Por eso, con 15 años se trasladó a Kabul, donde trabajó como traductora hasta lograr su programa en la Radio Televisión Pública de Afganistán, en donde se desempeñó durante tres años hasta que los talibanes tomaron la capital. Hanifa continúa con el álbum fotográfico digital de su móvil y muestra instantáneas de ella como reportera frente a las cámaras y con sus compañeros de equipo. La pareja se detiene en una de sus colegas: «Ella es hija de Dostum», dicen entusiasmados –Abdul Rahid Dostum es un mariscal del Ejército afgano que fue uno de los hombres fuertes del anterior gobierno del país, del que fue vicepresidente desde 2014 hasta 2020--.

Hanifa y Edris charlan mientras pasean por Mérida

Hanifa y Edris charlan mientras pasean por Mérida / JORGE ARMESTAR

Edris saca su teléfono para mostrar también orgulloso otra imagen: la de él junto al entonces embajador de España. «Esta es su casa», afirma, «ahí trabajaba yo», agrega. Este administrativo acabó en la embajada tras pasar por diferentes empresas y hasta gestionar la suya propia, en la que ofrecían anuncios comerciales.

Hanifa trabajaba en la televisión afgana y Edris lo hacía en la Embajada española en Kabul

«Nunca hubiéramos imaginado esto. Veinte años después de que entrara Estados Unidos. Y, ojo, nunca hemos tenido paz completa. La guerra ha seguido, había atentados. En la Embajada de España en Kabul tuvimos uno y la cerraron seis meses –se refiere al ataque a través de una explosión que le costó la vida a diez personas en diciembre de 2015--. Pero estábamos mejor que ahora porque teníamos la esperanza de un futuro, de que podíamos trabajar para construir un país en paz. A mí ya me habían ofrecido antes salir de Afganistán pero nunca quise, porque nosotros queríamos hacer nuestra vida allí. Nunca pude imaginar que los Estados Unidos y las tropas internacionales después de tantos años se marcharían, nos dejarían tirados y volveríamos de nuevo a dos décadas atrás», lamenta Edris. «Nos acabábamos de casar, habíamos comprado una casa en Kabul y tuvimos que dejarlo todo atrás de un día para otros. Nos llamaron de la Embajada, que estábamos en unas listas y que nos fuéramos corriendo para el aeropuerto, con lo puesto», rememora.

 Al llegar a Madrid lo primero que hicieron fue hablar con las autoridades para intentar traer a las cuatro hermanas de Hanifa y desde entonces esa es su obsesión. Pero a día de hoy ellas siguen en territorio afgano.

Mujeres

«Mi mujer se despierta todas las noches llorando, pensando en ellas», narra Edris. «No me siento bien porque mientras yo estoy aquí libre, segura, mientras yo puedo salir a pasear, ellas están escondidas», explica Hanifa. 

Según narra, las cuatro hermanas vivían en Kabul, donde estudiaban y trabajaban. Con la llegada a la capital de los talibanes, todas huyeron de allí para ocultarse del nuevo régimen. «El padre de mi mujer es muy mayor, no puede trabajar, y el resto de la familia, su madre y hermanas, son mujeres, lo tienen prohibido. Es una situación muy difícil, muy complicada, ¿quién se gana la vida para la familia? Nosotros no podemos pensar en otra cosa», tercia Edris.

Las cuatro hermanas de ella han tenido que huir de la capital y ocultarse del régimen talibán

Él aún conserva varios contactos en el país que le cuentan «cosas inimaginables»: «Todas las personas que han trabajado con el gobierno anterior están en riesgo. Cada día me cuentan cosas que no podemos concebir. A la comunidad internacional se les ha dicho que ya no son como antes, pero no es verdad. Ellos entran en una casa y se llevan a las chicas, para casarlas, para violarlas o lo que sea y el resto no puede decir nada o les matan», narra. Edris conoce bien el horror talibán ya que asesinaron a uno de sus hermanos. El resto de su familia cercana, afortunadamente, está a salvo: tiene un hermano en Estados Unidos y sus tres hermanas viven en Estados Unidos, Alemania y Madrid respectivamente. Además de su madre, Nafisa, que está en Mérida con el matrimonio.

 «Mi madre tiene mucho estrés, está aburrida. Nosotros estamos aprendiendo español pero para ella es más difícil. No quiere salir tampoco», cuenta apenado Edris. La pareja ha dejado la sede de Cepaim y pasea ahora junto al Acueducto de los Milagros de Mérida. 

«Nosotros estamos muy agradecidos a este país y a Cepaim. Cada día tenemos clase de español, estamos integrándonos en la ciudad y conociendo a la gente», dice Edris, «pero somos la única familia afgana aquí. No podemos hablar con nadie en nuestra lengua. Ha terminado el Ramadán y no hemos tenido una mezquita a la que ir. Estaría bien que agruparan a familias en las ciudades para poder arroparnos entre nosotros», argumenta él.

De nuevo recurren al móvil para mostrar su vídeo de boda y sus ojos se iluminan con el recuerdo: en las imágenes se ve a Hanifa, vestida de verde, maquillada y sin velo, baja unas escaleras de mármol deslizando su mano por un pasamanos dorado. Al final de los escalones, bajo una gran lámpara de araña, la espera un Edris enchaquetado y con corbata del mismo verde que el de su mujer. «En Afganistán las novias se visten de blanco cuando es una boda muy grande, pero la nuestra no lo fue. Tuvimos unos 30 invitados», explica Hanifa, a la vez que reconoce que le encanta cómo iba maquillada y peinada. 

«Teníamos la esperanza de un futuro, de que podríamos trabajar para construir un país en paz»

Por eso, ante las dificultades del idioma, esta periodista afirma que si no se puede dedicar a su profesión en España otro oficio que no le importaría probar sería el de peluquera. «Ya hago prácticas con él», ríe tocando el pelo de su marido. Ese es el único momento en el que el matrimonio habla sobre sus potenciales planes una vez acabe el programa de integración en el que están participando, que dura 18 meses. 

Los planes

Sienten la incertidumbre de plantearse el futuro en un nuevo país cuando el suyo está en completa descomposición y todos sus proyectos de vida allí se hicieron añicos en unos pocos meses.

Edris saca un cigarro. Terminado el Ramadán, vuelve a fumar. «De Afganistán echamos de menos todo: mi casa, mi vida, hasta el tiempo que hace allí», dice. Hanifa muestra otra fotografía en la que se les ve en su casa con el resto de la familia durante una comida. ¿Puedes cocinar aquí algún plato típico de Afganistán? «No, es muy difícil porque no hay casi ningún ingrediente… Pero en dos semanas es mi cumpleaños e intentaré hacer algo», asegura sacando una sonrisa. Ese día Hanifa cumplirá 25 años. Es joven, pero ya ha vivido varias vidas y no por voluntad propia. Esta nueva apenas acaba de comenzar en Mérida, aunque es una experiencia rota, porque ellos están aquí pero sus pensamientos y sus corazones siguen a miles de kilómetros, en Afganistán.

Breve cronología reciente: Un país codiciado por las potencias

1978

El comunista Partido Democrático del Pueblo toma el poder y establece la República Democrática de Afganistán.

1979

La Unión Soviética ocupa el país para sostener a este gobierno, aliado. Por su parte, Estados Unidos empieza a financiar a los muyahidines islámicos que quieren derrocar a ese mismo gobierno que apoya la URSS.

1992

Cae el gobierno comunista y el país sucumbe a una Guerra Civil en la que se acaban imponiendo los talibanes.

2001

Estados Unidos y la OTAN invaden el país tras los atentados acaecidos el 11-S.

2020

El Gobierno de Estados Unidos firma un acuerdo con los talibanes para la salida del país de las tropas internacionales en el plazo de un año. También establecía la creación de una hoja de ruta para un acuerdo entre el Gobierno afgano y los talibanes, que nunca se dio. 

2021

Con mayor fuerza en el campo de batalla y la retirada de las tropas internacionales, los talibanes fueron logrando el control de todo el país, culminando su victoria en Kabul en agosto. Dos décadas después y tras miles de vidas pérdidas y millones gastados, los talibanes retomaban el poder.

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