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El Periódico Extremadura

El Gobierno publica un borrador de estrategia nacional contra este problema

Extremadura, una de las regiones con más riesgo de desertización

Está entre los territorios que han sufrido un mayor aumento de la aridez en las últimas tres décadas. Casi tres cuartas partes de la superficie española se encuentran amenazadas por este fenómeno

Vista del lecho seco del río Guadiana, a su paso por el puente de Ajuda, que conecta Olivenza con Elvas, en Portugal, en 2017. NUNO VEIGA / EFE

Extremadura es una de las regiones que ha sufrido un mayor incremento de la aridez en su territorio en las últimas tres décadas (entre 1991 y 2020). Un aumento de la degradación de los suelos que se repite en buena parte del centro-este de la Península (Madrid, Castilla-La Mancha y centro de la Comunidad Valenciana) y en zonas montañosas de Andalucía. Y de forma más dispersa o con una menor intensidad, en Orense, Navarra, centro y oeste de Aragón, Pirineo Oriental, Murcia, Alicante y sur de Almería. 

Este es parte del análisis recogido en el borrador de la Estrategia nacional de lucha contra la desertificación, un documento elaborado por el Ministerio para la Transición Ecológica en el que se avisa de que los efectos producidos por el cambio climático «conducen a un escenario de aumento general de la severidad de las sequías, tanto meteorológicas como hidrológicas, debido a los efectos combinados de la reducción de las precipitaciones y el incremento de la evapotranspiración». 

Extremadura, una de las regiones con más riesgo de desertización

Extremadura, una de las regiones con más riesgo de desertización

La superficie semiárida supone ya el 56% del territorio español y el 74% de él es susceptible, por condiciones climáticas, de ser afectado por la desertificación, de acuerdo a los datos que maneja este informe. De estos espacios, algo más de 9.000.000 de hectáreas están catalogadas como zonas con un riesgo alto o muy alto de desertificación, una superficie que equivale prácticamente a toda la que ocupa Castilla y León, la comunidad autónoma más extensa del país.

«Estrés hídrico severo»

El borrador admite que la agricultura española viene experimentando un proceso de mejora de la eficiencia en el uso del agua «que se ha traducido en una ligera reducción del consumo». No obstante, añade, de la revisión de los planes hidrológicos de las diferentes demarcaciones y del análisis de las presiones que sufren las masas de agua en relación a las actividades agrícolas se desprende que «alrededor de la mitad del territorio español, particularmente las cuencas que vierten al Mediterráneo y a la Andalucía Atlántica, sufre actualmente un estrés hídrico severo». Entre los usos agrícolas, las mayores tasas de erosión tienen su origen en aquellos cultivos leñosos permanentes en los que no se realiza un manejo de cubierta vegetal adecuado a sus condiciones de clima y pendiente, y en los cultivos anuales en pendientes inadecuadas sin prácticas de conservación del suelo, se matiza.

El análisis de la evolución de la superficie regada en España revela que gran parte de su auge se debe al avance de los cultivos leñosos, destacando sobre todo el almendro. En Extremadura, este fruto seco ha pasado de unas dos mil hectáreas en 2010, a 18.314 en el 2021, 15.178 de ellas en regadío.

Igualmente, se indica, «se registran aumentos generalizados del olivar en todas las comunidades autónomas excepto Murcia», que han sido especialmente palpable «en Canarias, Extremadura, Baleares, Castilla-La Mancha y Castilla y León» . Un incremento tras el que se encuentra la proliferación de las plantaciones en intensivo y superintensivo. Algo similar sucede con el viñedo, cultivo en el que se resalta de nuevo a Extremadura, junto con Madrid y Castilla y León. 

Unas expansiones que se pueden explicar por las mejores perspectivas de rentabilidad de estos cultivos y por los progresos tecnológicos disponibles en relación a riego, nuevas variedades, cosecha, poda y fertilización. 

«La realidad que muestra el informe se ajusta a lo que estamos observando en nuestra región. No descubre nada nuevo», resume Fernando Pulido, profesor de Ingeniería Forestal en el Centro Universitario de Plasencia de la UEx, para quien «lo más interesante» de este documento es que por fin «plantea estrategias reales y con presupuesto» para luchar contra un problema «que a medida que pasa el tiempo y no hay actuaciones concretas, se va agravando».

Aparte de los climáticos, ¿qué factores están determinando este mayor avance de los suelos áridos en Extremadura? «Son variables relacionadas con el uso de la tierra que agravan el efecto climático», responde Pulido. A su juicio, «cualquier intensificación de la agricultura, la ganadería o la gestión forestal» supone dar un paso más hacia la desertificación, ya sea ampliando los regadíos en explotaciones agrícolas y forestales, recurriendo en exceso a los fertilizantes, o mediante la sobrecarga ganadera. Por el contrario, los sistemas menos intensivos, «con una menor alteración del suelo y menos entrada de contaminantes», corrigen esta tendencia. «Hay que caminar en la dirección de la extensificación, no de la intensificación», razona.

«Cualquier intensificación de la agricultura, la ganadería o la gestión forestal agrava la desertificación»

Fernando Pulido - Profesor de Ingeniería Forestal en el Centro Universitario de Plasencia de la UEx

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De forma paralela a la amenaza de desertización que se cierne sobre algunas zonas por una sobreexplotación del territorio se está produciendo otro fenómeno que sucede por justo el motivo contrario: el abandono de las tierras. «En Extremadura están ocurriendo los dos problemas a la vez. En los sitios más fértiles hay desertización porque se hace más intensivo su uso; y en los menos fértiles, las zonas de montaña, lo que hay es extensificación y ahí se recupera la vegetación. En toda España está creciendo la superficie forestal, pero en las zonas de montaña, las marginales y despobladas», esgrime. La paradoja es que ambas situaciones pueden acabar derivando en lo mismo. «Cuando el abandono de las zonas de montaña es tan drástico y se produce una regeneración muy rápida de la cubierta forestal, si no hay ningún tipo de gestión, entonces el proceso de recuperación del monte se puede ver interrumpido por los incendios», aclara Pulido, lo que acaba llevando al mismo lugar: la degradación de las tierras.

La pérdida de superficie del olivar tradicional en favor de los intensivos y superintensivos, mucho más competitivos económicamente, ilustra ambas tendencias. «El olivar de montaña se está abandonando, lo cual es problemático y va a generar incendios en el futuro», asevera. «Hay una concentración desmesurada del interés por el regadío y eso nos hace olvidar las inversiones que también son necesarias en las zonas de montaña, que son las más despobladas y seguramente las más necesitadas», concluye.

Entre las muchas actuaciones correctoras que propone el documento del Miteco, figura la creación de un comité nacional de lucha contra la desertificación que cuente con la participación tanto del Ejecutivo central como de las comunidades autónomas, la elaboración de un atlas de la desertificación en España o el impulso de una ley nacional de conservación y uso sostenible de los suelos.

Este experto de la UEx confía en que la nueva estrategia implique al menos que las comunidades autónomas den el paso de crear equipos específicos para abordar esta cuestión. «Quizás una de las razones por las que hasta ahora no se ha avanzado es que es un problema que está diseminado en diferentes departamentos administrativos. De hecho, en Extremadura no existe un equipo que aglutine a la gente que trabaja en esta materia», arguye.

Siembra de plantas aromáticas en el marco del proyecto Desert Adapt, que se desarrolla en Sierra de Gata.

Fernando Pulido es además coordinador de la sección española del proyecto Desert Adapt, que se desarrolla desde 2017 en diez zonas piloto de tres países europeos (junto a Portugal e Italia), tres de ellas en la Sierra de Gata. Después del incendio que en 2015 castigó a esta comarca cacereña «empezamos a trabajar para generar herramientas que reduzcan la desertización y la erosión pero que al mismo tiempo sean rentables, que tengan un coste asumible o incluso generen beneficios», cuenta.

La iniciativa la está desarrollando en la región el centro de investigación Indehesa, asociado con dos ayuntamientos, los de Hoyos y Valverde del Fresno, y con una finca particular. «La novedad del proyecto es que las labores de prevención de la desertización están asociadas a productos comerciales. Son medidas que permiten restaurar la vegetación o parecida a la que había antes del incendio pero generando empleo y productos», resalta Pulido. Eso incluye la explotación comercial del castaño, del ganado caprino para carne y quesos o la obtención de aceites esenciales a partir de plantas aromáticas. «Las fincas que trabajan con estas medidas pueden generar incluso sellos comerciales que indiquen al consumidor que los productos proceden de una zona donde se está combatiendo este problema», subraya.

«Hay que mantener un uso extensivo del campo, si no, se llenará todo de matorral y bosque sin manejar y habrá más incendios»

Susanne Schnabel - Catedrática de Geografía Física de la UEx. Directora de Interra

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Cuando Susanne Schnabel llegó como doctoranda a Extremadura hace cerca de 33 años, lo hizo para continuar estudiando el fenómeno de la erosión. En estas más de tres décadas, esta catedrática de Geografía Física de la UEx asegura que el avance de la desertización es un tema «que se ha olvidado completamente», lo que «a veces» le hace mostrarse «pesimista» respecto a que realmente se tomen medidas para frenarlo, pese a que «cada vez va a peor».

Reconoce que hay varios elementos que juegan en contra de la región: «Primero, su clima. En gran parte de Extremadura se puede considerar semiárido o subhúmedo seco», precisa, a lo que se suma que muchos de sus suelos «son pobres o degradados» ya de por sí, «lo que los hace más sensibles a este fenómeno». No obstante, invita a no ser alarmista, y señala también que se la comunidad autónoma cuenta con otras ventajas, como que «hay muchas grandes extensiones de un uso extensivo», que el impacto de la salinización de los suelos es escaso o que los procesos de erosión son de momento «reducidos».

En cualquier caso, afirma, se trata de un «problema grave que hay que atajar» y defiende que se haga manteniendo «un uso extensivo del campo. Si no, se llenará todo de matorral y un bosque sin manejar y tendremos más incendios forestales». También yendo de la mano de agricultores y ganaderos. «Sin ellos no haremos nada, todo se quedará en papel mojado», pronostica.

Extremadura, una de las regiones con más riesgo de desertización VICENT M PASTOR

Schnabel, que es también directora del Instituto Universitario de Investigación para el Desarrollo Territorial Sostenible (Interra), trabaja ahora en el proyecto Agromix, que se desarrolla en varios países de la UE. «Busca proponer alternativas al monocultivo en la gestión y manejo de los sistemas agroforestales», sintetiza. Y la dehesa es un ejemplo de esta opción, ya que cuenta con «un uso forestal, uno ganadero e, incluso, a veces incorpora cultivos». «Es una manera de tener sistemas agrícolas y ganaderos más resilientes, que resisten mejor al cambio climático», apostilla.

El borrador de estrategia incide en que los periodos de sequía se han ido agudizando a lo largo de los años tanto en su frecuencia como en su intensidad, «advirtiendo sobre las posibles consecuencias del cambio climático». Desde el comienzo del siglo XXI se han registrado dos de los años más secos (2005 y 2007) de la serie estudiada, que va del 1947 al 2020.

«La quema de restos de cultivos impide que el suelo retenga la humedad y hace que el terreno esté más seco y quede desprotegido cuando viene la lluvia»

Pablo Ramos - Coordinador de Ecologistas Extremadura

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«El cambio climático nos amenaza por una doble vertiente: por la reducción de los recursos hídricos y por la de que cuando caen lo hacen de una forma más torrencial», sostiene Pablo Ramos, coordinador de Ecologistas Extremadura. «Los fenómenos atmosféricos como las tormentas irán siendo más violentos, con más episodios de precipitaciones intensas. Si a final de verano, ya sin vegetación prácticamente, te viene una precipitación de doscientos litros, como ya ocurre especialmente en el Levante, se lleva toda la capa de suelo fértil y eso provoca mucha más erosión», agrega.

Ramos hace hincapié en la necesidad de sustituir definitivamente la quema de materia orgánica en el campo por su trituración. «La quema impide que el suelo retenga la humedad y hace que el terreno esté más seco y quede desprotegido cuando viene la lluvia. Además, una gran parte de nutrientes se van al aire». También pide una mayor planificación de los regadíos para evitar que «el nivel de los acuíferos baje en exceso». 

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