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El Periódico Extremadura

Avances en el estudio del yacimiento tras el parón desde 2018

El Turuñuelo, una joya viva

Los investigadores excavan por cuarta vez para seguir abriendo el túmulo que guarda un edificio monumental lleno de incógnitas. Regresan tras el parón obligado desde 2018 y suman hallazgos de marfil, cerámica, bronce y la primera moldura decorada

Trabajos para cribar la tierra de la estancia del pasillo norte, esta semana. S. G.

En la primera semana de esta cuarta campaña de excavaciones en el yacimiento extremeño de Casas del Turuñuelo ya recuperaron un brasero de bronce (van siete), el mango de un colador, un caldero, otro caballo sacrificado y otro perro. Después han ido apareciendo cientos de fragmentos de cerámica, placas de marfil, semillas, abalorios, una hoz de hierro y una moldura con decoración sogada similar a otra pieza que hallaron en una campaña anterior y que podría pertenecer a una bañera. En poco más de un mes de actividad, el almacén en el que acopian temporalmente los restos guarda más de medio centenar de bolsas etiquetadas con nuevos hallazgos. Otros ya se los han llevado para restaurarlos. «Este yacimiento es una joya, cada vez se hace más espectacular y siempre salen cosas. Es una sorpresa campaña tras campaña», dice Esther Rodríguez, codirectora de la investigación del yacimiento tartésico de Casas del Turuñuelo. 

El Turuñuelo, una joya viva

El Turuñuelo, una joya viva S.G

A principios de abril el equipo de arqueólogos volvió a pisar el túmulo que investigan, tras un parón obligado desde 2018 por las desavenencias entre los propietarios del terreno y la Junta de Extremadura, que ha terminado tras la declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) y la expropiación de la zona en la que trabajan desde 2015 los investigadores del Instituto de Arqueología de Mérida. El yacimiento ha vuelto a la vida tras cuatro años en los que solo habían podido acceder allí en una ocasión, para atajar el derrumbe que había provocado la entrada de agua en el patio que alberga la gran escalinata que se ha convertido en el símbolo de este espacio lleno aún de incógnitas. 

Un túmulo entre regadíos

El yacimiento del Turuñuelo se esconde bajo un gran montículo de una hectárea rodeado por plantaciones de tomates y almendros del término municipal de Guareña. La gran joya tartésica del sur de Europa es una isla en una zona de regadío en las Vegas del Guadiana, a la que se accede por carreteras secundarias y pistas que comunican parcelas y en las que asoman los canales de riego. No es fácil sin un GPS porque el yacimiento está aún cerrado al público y ninguna indicación lleva hasta él. Tampoco es visible desde el camino si uno no lo está buscando. 

Trabajos en el pasillo de la zona sur que siguen abriendo. S. G.

En el acceso a la finca en la que se encuentra hay una gran nave y varias casas bastante deterioradas que, de momento, usan en parte los investigadores como almacén, aunque lo previsible es que acaben desapareciendo para dejar a la vista lo que los expertos creen que será la fachada principal del edificio monumental que tratan de sacar a la luz. 

«Este yacimiento es una joya y cada vez se hace más espectacular. Es una sorpresa campaña tras campaña»

Esther Rodríguez - Codirectora de la excavación

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Al otro lado de esas construcciones modernas hay una segunda valla, y tras ella despunta sobre los tejados ese túmulo que no deja de arrojar secretos enterrados hace 2.500 años. Muchos están en muy mal estado por el tiempo transcurrido, las condiciones del terreno y porque «fueron destruidos con saña, con la intención de que no se pudieran volver a usar. El porqué, es otra incógnita», dice Sebastián Celestino, arqueólogo que codirige con Esther Rodríguez el proyecto. Los dos lideran un equipo que se ha reforzado este año con seis arqueólogos más para la campaña de excavación que se prolongará al menos cuatro semanas más. Con ellos hay tres obreros y más de medio centenar de personas en distintos equipos de investigación de todo el mundo. Los secretos del Turuñuelo inquietan a expertos de todos los rincones.  

 Tras rodear esos almacenes y coronar el montículo, uno tiene a los pies las planchas metálicas que protegen ahora la excavación de las inclemencias del tiempo. Levantar la mirada es dominar el horizonte de llanura; pero bajarla, supone posarla en un mundo lleno aún de misterios que estuvo lleno de vida en el siglo V a.C. y que ahora tratan de resucitar despojándolo de los rellenos con los que quisieron ocultarlo para siempre. Los historiadores buscan allí elementos que permitan despejar las incógnitas: ¿Para qué servía el edificio?, ¿quién lo habitó?, ¿cuál era su relevancia?, ¿por qué se abandonó? «Queda mucho trabajo por delante; para varios años, aunque ahora vamos avanzando más o menos rápido», dice la codirectora de la investigación.

Cuarta campaña de excavación en el Turuñuelo

Los arqueólogos prevén cerrar esta cuarta campaña a mediados de junio y habrá otra segunda más corta en otoño. El acceso al yacimiento es total para los expertos desde que está en manos de la Junta y el avance en los trabajos ya solo depende de la agilidad con la que puedan desarrollarlos. En los últimos días, por ejemplo, se han ralentizado porque encontraron fragmentos de placas de marfil en una de las estancias en las que están excavando ahora y han decidido cribar toda la tierra que saquen de allí en busca de más porciones. En eso estaban esta semana. La tarea que pensaban acometer en unos días, antes de seguir avanzando en nuevas estancias en el lado norte, se demorará al menos un mes; pero a cambio están rescatando también fragmentos de huesos de animales, semillas o cuentas de pasta vítrea, posiblemente de joyas, en los que esperan encontrar información para ir recomponiendo el puzzle de los habitantes de esta zona en la primera Edad del Hierro. 

Restos de la moldura decorada que se ha recuperado en esta campaña. S. G.

El calor de esta última semana no ha ayudado a avanzar. No había ni una sombra en la que resguardarse y las horas centrales del día han sido complicadas hasta que han instalado dos sombrajes que ahora cubren al menos a los que se pasan la jornada cribando. Seis de los once componentes del equipo están en esa tarea junto a la nueva estancia abierta al norte. Uno de los tres obreros va excavando con tiento, con la ayuda de una paleta, la habitación en la que buscan los restos de marfil. De no ser por esas piezas, ya se habría despejado con pico y pala toda la estancia que ha aparecido este año al abrir el pasillo norte desde la puerta de acceso al gran patio de la escalinata. Los otros dos obreros se afanan con la criba. Tienen ya experiencia y ojo para colaborar en la tarea. 

«Yo no tengo estudios, pero a lo largo de las campañas he aprendido a conocer las texturas», dice Francisco Centeno, obrero de la construcción y jornalero de Zalamea de la Serena. Comenzó a trabajar con los investigadores en la campaña de 2017. Señala la caja en la que va echando las piezas que deja la criba y en la que se ven trozos de huesos y de cerámica. A su lado, Amanda Bravo es una de los cuatro arqueólogos que trabajan también con el tamiz.  

Piezas de pasta vítrea de un posible collar recuperadas en esta campaña. S. G.

Mientras tanto, otros dos siguen abriendo en el lado sur un tramo del pasillo plagado de cerámicas, que en 2018 se quedó a medias. «A nivel personal, sentimental y científico, trabajar en este yacimiento es algo inigualable porque va a permitir dar respuesta a muchas preguntas sin responder. Estamos en un ejemplo único del Mediterráneo occidental», dice allí Luis Miguel Carranza, arqueólogo procedente de Madrigalejo que afronta su primera campaña en el Turuñuelo. Está a dos metros de profundidad de la superficie del túmulo y a medio metro de distancia de los restos de una gran vasija semienterrada aún. En el suelo de ese tramo se ven más fragmentos de cerámica. 

Interés internacional en el yacimiento extremeño

La actividad en el yacimiento no cesa y el interés que suscita hace que reciba continuas visitas de investigadores estos días. La semana pasada llegó un restaurador para empezar a trabajar en la recuperación del edificio y están a la espera de que les visite otra investigadora de la universidad de Cagliari (Italia), experta en proyectos de restauración poco intrusivos, para trabajar en la conservación de los enlucidos. «Hasta ahora hemos ido reparando nosotros con barro; pero tenemos que empezar a pensar a lo grande para mantenerlo lo mejor posible», dice Esther Rodríguez. Cuentan a su favor con el enorme interés que el yacimiento ha despertado en investigadores de todo el mundo interesados en recomponer la historia de los tartesos en el valle del Guadiana. Por ejemplo, un equipo de la universidad de Helsinki está analizando los ladrillos y el adobe para conocer cómo se fabricaron.

Esther Rodríguez, con una de las piezas de cerámica que han aparecido en los últimos días en el Turuñuelo. S. G.

De momento hay pocas certezas en torno al Turuñuelo más allá de que se trata de «un edificio monumental» y que por tanto debió pertenecer a una persona notable en la época. «Su estado de conservación es excepcional», incide la codirectora. El sacrificio de caballos que se encontró lo ha cubierto de una enorme ritualidad, pero ella está convencida de que más allá de ese hecho previo al abandono, el edificio debió tener algún uso comercial o económico. «Representa el lujo y lo extraordinario. La mayoría de la gente no se podía permitir cerámica griega para beber vino o elementos de bronce», reconoce también. Tampoco decoraciones exóticas como la escultura fabricada con el mismo mármol del Pentélico que el Partenón de Atenas, los vidrios macedónicos que se hallaron a su lado o unas placas de marfil de hipopótamo. 

«Sería muy interesante saber a través de qué rutas llegaron y qué les daba la gente del Guadiana en un lugar tan remoto entones, sin puerto de mar o acceso fácil a uno», explica Esther Rodríguez. Es una incógnita más; otro de los secretos que aún guardan las entrañas del yacimiento protohistórico que los arqueólogos van devolviendo a la vida. En el Turuñuelo siguen buscando luz en medio de la oscuridad que impera aún sobre los tartesos que habitaron el Guadiana hace 2.500 años. 

¿Se pueden ver los hallazgos?

Ninguna de las piezas que se han desenterrado en el Turuñuelo desde que inició la excavación se puede ver aún en un museo. Buena parte del material está ya en el Museo Arqueológico de Badajoz; pero las de más valor (vidrios, bronces, marfiles...) están en el laboratorio de restauración y conservación de la Universidad Autónoma de Madrid. El Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid está organizando para 2023 la que será la primera gran exposición de Tartesos y en la que se expondrán por primera vez buena parte de todos los materiales inéditos del Turuñuelo. Está previsto que luego se queden en Badajoz.

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