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El Periódico Extremadura

La fruta del futuro que se hace en Extremadura

La región, puntera en el desarrollo e innovación de variedades adaptadas al cambio climático

Varios técnicos, trabajando en el invernadero. EL PERIÓDICO

¿Qué tienen en común Estados Unidos, Sudáfrica, Grecia, Turquía o Italia? Pues que todos estos países cultivan fruta de hueso desarrollada en Extremadura. Y es que en Don Benito se encuentra uno de los centros más punteros en la investigación y el desarrollo de todo el mundo. En Provedo llevan trabajando en la mejora genética del frutal desde hace más de dos décadas con el objetivo de lograr nuevas variedades de fruta de hueso y la obtención de nuevos portainjertos de frutales. Todo ello con un denominador común: la adaptación al cambio climático y a los nuevos patrones de consumo. 

«El consumidor quiere que la fruta sea bonita, pero sobre todo que sea rica de comer». Así de claro se muestra Luis Aliseda, director del centro de investigación que esta empresa riojana tiene instalado en la localidad dombenitense a apenas tres kilómetros de la N-430. Allí, cerca de un centenar de personas aúnan sus esfuerzos en potenciar uno de los principales motores económicos de la región como es la fruticultura. Para mantener a Extremadura como referencia en el sector a nivel nacional, es necesario ser competitivos. Por eso, hace varios años iniciaron una línea de investigación centrada en el sabor sin olvidar los demás patrones que pide el mercado. «Hemos conseguido variedades con una duración en postcosecha de 30 días, atractiva a la vista y dulce, el equilibrio perfecto», remarca Aliseda, quien lamenta que durante mucho tiempo el mercado haya primado lo atractivo por encima del sabor.  

Inviernos cálidos 

Por eso adelantarse a los acontecimientos es una de las claves para mantener esa competitividad, sobre todo en el caso del melocotón, la nectarina, el paraguayo o la ciruela, los principales tipos de fruta en los que centran sus esfuerzos. El cambio climático es uno de esos factores a los que es necesario adelantarse. Extremadura, gracias a su clima extremo, según cuenta Aliseda, es el lugar ideal para comenzar el desarrollo de esas variedades adaptadas a la nueva realidad del clima. «Los inviernos van a ser más cálidos, las primaveras más frescas y vamos a encontrar episodios de heladas tardías, algo que afecta a la fruta que esté cuajada en el árbol». Por ello, llevan ya varios años trabajando en variedades que son capaces de trabajar con pocas horas de frío (unas 800 horas), es decir, variedades que producen bien durmiendo menos. 

Investigadora en el laboratorio. EL PERIÓDICO

Para eso están aprovechando variedades de fruta en Sudamérica, adaptadas a zonas tropicales, para hacer cruzamientos con las de aquí. Dentro de esa gama, dice, han escogido aquellas que florecen más tarde porque tienen más capacidad de superar los inviernos fríos. «Cuando se seleccionan en condiciones extremas y duras se ven los individuos que interesan para hacer la selección», relata. Pero no solo la resistencia al frío es en lo que trabajan en este centro extremeño. Los portainjertos son otro elemento diferencial para adaptar a esas nuevas variedades a situaciones climáticas adversas como la resistencia a plagas, las necesidades hídricas o la adaptación a diferentes tipos de suelo. «El hecho de que los inviernos sean más cálidos hace que las plagas sean más difíciles de combatir, por lo que aprovechamos portainjertos que transfieren a la sabia del árbol la capacidad de resistir ante determinadas plagas, lo que nos permite reducir el aporte de químicos», cuenta el director del centro de investigación, quien agrega que ahora los agricultores demandan plantas «más eficientes y ecológicas». 

Y es en esa línea en la que avanza la investigación y el desarrollo de la fruticultura. Todo ello para que Extremadura siga a la vanguardia no solo en la producción frutícola por su calidad, sino también por conseguir que la fruta del futuro continúe saliendo de la región. 

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