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El Periódico Extremadura

DEBATE SOBRE EL ESTADO DE LA REGIÓN

El último tren de Monago

Oda a sí mismo, esos fueron los últimos minutos que protagonizaron el viaje final de José Antonio Monago en la Asamblea de Extremadura

José Antonio Monago, en su último Debate sobre el Estado de la Región ASAMBLEAEX.ES

Se colocaba la capa de "destructor de tebeos" el presidente del PP extremeño en el Debate del Estado de la Región. José Antonio Monago subió a la tribuna de la Asamblea extremeña para enmarcar la labor de estos tres años del gobierno socialista dentro de un cómic, cuyas viñetas se propuso desmantelar.

Aludió a la pandemia, a las consecuencias que la misma ha tenido sobre las empresas, los autónomos, la sanidad pública, los jóvenes, los mayores y por último, el mundo rural. En un intento de mímesis de la actuación del día anterior de Guillermo Fernández Vara en el hemiciclo, elevó sus brazos y pronunció con sorna "las cosas van bien; razonablemente bien", lo mismo que acuñó el presidente extremeño en su discurso. Los datos del INE que revelaban a una Extremadura con el menor nivel de renta del país y con una tasa de pobreza que había aumentado en tres puntos en el último año propiciaron el escenario adecuado para que Monago replicase al presidente que las cosas ni iban bien, ni razonablemente bien. Algo que repitió incluso en dos ocasiones con ese tono combativo suyo que hoy pierde la oratoria política de la Asamblea de Extremadura.

Siguiendo la senda del espíritu reiterativo, preguntó hasta cuatro veces "¿Cuál es el Estado del debate de la Región?". Cuestión que empleó para acusar al presidente de haber pronunciado un discurso quimérico, basado en promesas y alejado, a su juicio, del verbo “hacer”. Interrogación que utilizó para reprochar al Gobierno una gestión propia de cómic de ciencia ficción; una gestión que él, con un pie fuera de la Asamblea de Extremadura, pretendía demoler con su intervención.

Dirigiéndose al pleno con los ojos alejados del papel, apuntó el presidente del PP a las viñetas que conformaban la política del Gobierno. Las medidas contra el cambio climático fueron su primera diana; criticó la inversión realizada en placas fotovoltaicas, aunque no mencionase aquello de que Extremadura encabeza el cuarto puesto en la lista de regiones que reciben más rayos de luz al día. Continuó señalando las dificultades de acceso a la vivienda en la comunidad, apuntando a un incremento del 33% en el número de desahucios. Acusó al Gobierno de haber dejado a los agricultores y ganaderos en el olvido y se apoyó en la tractorada convocada el día 12 de julio por parte de la Plataforma en Defensa de Nuestro Campo. Aludió a la despoblación que sufre Extremadura, pero no presentó ante la Cámara los porqués de la misma. Alzó la voz y revolvió sus brazos cuando nombró la situación del tren en la comunidad. Tildó de "inexistentes" las decisiones adoptadas en materia de transporte por parte de Vara y concibió las charlas con la ministra como una parodia, convirtiéndose este punto en el momento más tenso de su intervención.

Oda a sí mismo, esos fueron los últimos minutos que protagonizaron el viaje final de José Antonio Monago en la Asamblea de Extremadura. Cantó a su ímpetu y a su pasión, con disculpas incluidas, prometiendo estar siempre detrás del teléfono para cuando la comunidad extremeña le solicite, se despide como presidente del PP con toda la Cámara en pie ante un emocionado Monago que terminó usando su capa como pañuelo. Un pañuelo que asoma desde la ventana de uno de los vagones de un tren, que funciona y que le lleva directo a la sede del PP nacional en Génova.

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