«Mañana voy al Arenal Sound --un festival musical que se celebra en Burriana-- con mis amigas y más que ganas de disfrutar estoy muerta de miedo por si nos pinchan a alguna. No entiendo cómo estamos pasando por esto». «Tener que estar pendientes de que no te pinchen unos desgraciados y te droguen o te transmitan enfermedades es tener toda la noche el miedo en el cuerpo. Si alguna siente algo raro y estoy cerca que me lo diga, sea o no un pinchazo. No estamos solas». «Qué miedo que la próxima víctima de un pinchazo o una violación pueda ser una amiga mía». Estos son solo tres de los cientos de mensajes difundidos por jóvenes a través de redes sociales antes del pasado fin de semana que reflejan el temor de las mujeres a salir de fiesta.

Este domingo se conoció el primer caso en Extremadura. Un padre interpuso una denuncia porque su hija, de 15 años, había recibido supuestamente un pinchazo en el muslo en la madrugada del viernes al sábado en las fiestas de Madrigal de la Vera. 

La región fue una de las primeras comunidades en lanzar una alerta a través del Servicio Extremeño de Salud (SES) y activar un protocolo. «Avisa a alguien de confianza que pueda cuidar de ti y esté pendiente en todo lo que te pase. Llama al 112. Acude inmediatamente al hospital más cercano. En el hospital explica que has sufrido un pinchazo», reza el escrito de la Junta de Extremadura. En la misma línea, el sábado se supo que la Ertzaintza imputará como delito de odio los pinchazos, de acuerdo a una circular que emitió el Departamento de Seguridad del Gobierno Vasco a las comisarías de la policía vasca. Según el documento se recogerá que «no se percibe que el objetivo del pinchazo sea cometer una agresión sexual o un robo, sino amenazar a las mujeres y que las víctimas lo son por su condición de mujer». 

Un día antes anunciaron la puesta en marcha de un protocolo en los locales de ocio nocturno para evitar esta práctica al tratarse de una de las comunidades que más denuncias acumulaba, seguida de Cataluña. Durante la misma jornada, sanitarios entrevistados por Efe coincidían en que descartan de hablar de sumisión química: «Son agresiones». A nivel nacional se han superado 60 querellas interpuestas desde los Sanfermines, fiesta en la que salieron a la luz los primeros casos, ocho en concreto, en España de esta práctica que ya habían denunciado en Francia y Reino Unido. 

«Nos hacen vulnerables»

«¿Una medida efectiva? Que no salgan a hacernos daño». Esto lo afirma Blanca Calle Ciborro Calle, una bióloga cacereña de 27 años que se encuentra realizando una tesis doctoral sobre la fisiología del músculo en la Universidad de Enfermería y Terapia Ocupacional de Cáceres. «Deberíamos reivindicar libertad. Nos están haciendo vulnerables llegando incluso a poner en riesgo nuestros derechos y hasta nuestra salud. Está claro que a priori es un problema social, sin embargo, aunque nos cueste, deberíamos protegernos porque también es un problema de salud», asegura. 

Dejando a un lado su visión personal y basándose en sus conocimientos científicos, la joven explica a este periódico los riesgos de sufrir un «pinchazo». Desde el momento de la difícil inoculación hasta los efectos que pueden provocar en el organismo las medidas preventivas a contraer enfermedades como el VIH o hepatitis, entre otras, pero que «son realmente necesarias para evitar importantes riesgos», añade.

El riesgo sí existe

Hasta ahora, las sustancias que aparecen en las muestras realizadas son benzodiazepinas, éxtasis líquido y ketamina. «Estas sustancias se inyectan a nivel intramuscular. No es ni siquiera como cuando te extraen sangre, que es un pinchazo limpio. Es más complicado de lo que parece», afirma. «Para que una de estas sustancias generen efectos en el organismo deben inocularse durante unos 15 o 20 segundos. Es muy difícil porque hay que estar quieto, no en movimiento. Es similar a poner una vacuna», continúa. «Además no sirve cualquier tipo de aguja, depende también de la que se utilice y, por supuesto, no todo el mundo conoce la técnica para inyectar intramuscularmente un líquido. Es un proceso complejo», recalca. 

«Por transmitir algo de tranquilidad debo decir que a través de esta práctica sería imposible que nos inyectaran escopolamina --burundanga-- por lo que no nos pueden llegar a anular la voluntad», apunta. Sin embargo, apunta a que el riesgo, aunque sea un leve pinchazo «sí existe». «Las personas más sensibles a las drogas por muy reducida que sea la cantidad podría llegar a notar los efectos. Pueden provocar somnolencia, cansancio extremo, pérdida de conciencia e incluso alucinaciones en caso de ser éxtasis o ketamina. Muchos de los casos no han notado síntomas porque no se ha llegado a inocular el líquido por completo», acuña. 

No obstante, la cacereña pone en relieve otro de los riesgos: las enfermedades de transmisión sexual como el VIH o hepatitis B. «El terror es el pinchazo en sí. La aguja ha podido pasar por muchas personas y esto pone realmente en riesgo la salud. Más aún sin conocer el sistema inmune de quién lo recibe», lamenta. «Los medicamentos para anular o prevenir estas transmisiones también son fuertes», señala. «Es una controversia, pero es sumamente necesario no correr el riesgo».

Debate abierto de si se trata de sumisión química, un intento de sembrar el pánico a las mujeres o de si es una moda macabra, como otras tantas virales en redes, lo que sí queda claro es que el origen es la violencia machista. «Al fin de cuentas es abuso contra nosotras, sí», concluye Calle.

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