El verano en los pueblos es el momento en el que los oriundos regresan a su hogar natal y las calles dejan a un lado la tranquilidad anual y se decoran de ruido. Este año, no son solo muchos los que vuelven a sus municipios durante el estío, sino que también lo hacen las estrellas de los meses más calurosos del año: las verbenas. Después de haber sido canceladas casi en su totalidad con el inicio de la pandemia en 2020 y de haberse visto afectadas por las restricciones de la crisis del coronavirus en 2021, las fiestas populares se celebran este verano en Extremadura sin ningún tipo de impedimento

De unas plazas apoderadas por las sillas y las mesas y unos habitantes que tenían que controlar su pie derecho para que no siguiese el ritmo de La Macarena, se vuelve a las aglomeraciones y a las festividades con normalidad. El retorno de estas ha sido acogido con los brazos abiertos por todos. Los verdaderos artífices del sueño de verano, los artistas de las orquestas, han despertado de la pesadilla del coronavirus con más fuerza que nunca: «La gente tiene ganas de bailar, y nosotros también», señala el gerente de Orquesta Alejandría, Alejandro García. Él dice que ha notado un cambio drástico respecto al año anterior: «El verano pasado apenas superamos las 25 actuaciones y ese es el número que haremos este año solo en agosto». 

«Ganas de bailar» 

Protagonizarán unos 80 espectáculos y ya han hecho horas extras. «Este año se nota la afluencia mucho más, los pueblos tienen mucha ilusión y ansían recuperar las fiestas», apostilla. Cuando recuerda el año pasado, apenas reconoce el estilo de las verbenas: «Recibimos muchas cancelaciones y en aquellos lugares a los que acudimos, tuvimos que poner mucho esfuerzo y modificar nuestros shows, adaptarlos a las circunstancias, hacerlos a modo de concierto y con canciones más lentas». Dice que aunque incluyeron algún que otro pasodoble y la gente estaba deseando bailar, no era lo mismo. Esta orquesta ya ha dado color a las festividades de Santa Marta de los Barros, Salvatierra, Esparragalejo y Trujillanos y asegura que ya tenían ganas de volver.

El tradicional 'Canguro loco'. EL PERIÓDICO

Una situación similar han vivido los integrantes de Nuevo Cobalto Show: «Lo peor, la parte económica y la psíquica», dice el gerente y trompetista de la orquesta, José Antonio Follarat. «Los músicos fuimos los grandes olvidados de la pandemia, recibimos muy pocas ayudas, dejamos de trabajar los primeros y nos incorporamos los últimos. Siempre hemos seguido ensayando, hacíamos pequeños contratos y nos los cancelaban con dos días de antelación, y eso desgasta mucho». Aún están sufragando los gastos del coronavirus. «Este verano tenemos planteadas unas 80 actuaciones y ya hemos dado 34, está siendo sin duda el mejor año», apostilla ilusionado. A la hora de hablar del público, se entusiasma: «Están más animados que nunca, todos tiene muchísimas ganas y se divierten con nosotros». 

Los ayuntamientos también reflejan su sonrisa ante la vuelta de las verbenas. Valentín Pozo, edil de Medellín, se muestra feliz al presentar sin restricciones las fiestas de agosto. Con ellas se han recuperado las actividades acuáticas para los más pequeños, los juegos populares y la fiesta de la espuma. También el festival de música del municipio con artistas como Raphael. Pozo dice que se percibió un ambiente previo mucho más animado que el año pasado y que se perdió ese miedo a las aglomeraciones: «La gente tenía ganas de volver». 

Autorizaciones 

En Medellín, como en el resto de municipios extremeños, tuvieron que pedirse autorizaciones a Salud Pública para que pudiesen celebrarse las verbenas del verano pasado y hubo que adaptarlas a la normativa vigente: se colocaron sillas y mesas en la plaza y no se hizo uso de la caseta municipal, los feriantes únicamente pudieron usar un lado de la calle destinada a las atracciones, se tomaron datos de los asistentes por si hubiese algún tipo de rebrote, incluso la música debía estar regulada para que no se tuviese que alzar la voz para hablar con quien estuviese al lado y se respetasen así las distancias

La fiesta de la espuma en Medellín. EL PERIÓDICO

En la provincia de Cáceres también se han vuelto a escuchar los acordes de Paquito El Chocolatero. En Jaraíz de La Vera este fin de semana celebran sus primeras fiestas sin restricciones desde el inicio de la pandemia. «Para muchos vecinos este es su único momento para cogerse vacaciones y respirar», señala el alcalde Luis Miguel Núñez. Dice que para este año se ha preparado una programación distinta hasta el 15 de agosto con concursos, deportes, orquestas y conciertos gratuitos. 

Los habitantes de Jaraíz esperaban con ilusión la subida al escenario del grupo Camela (el pasado 6 de agosto) debido a que esta actuación fue cancelada por el covid. Núñez dice que en estas verbenas «hay más gente que nunca en las calles» y que desde el ayuntamiento están procurando que «todo siga como siempre». Algo que intentaron a duras penas en 2020, trataron de mejorar en un 2021 lleno de restricciones y que aseguran haber conseguido este 2022. 

La otra cara 

Los vecinos de Medellín ya han disfrutado de este triunfo de las verbenas, aunque no todos han compartido tanta alegría. Una de las trabajadoras de la famosa atracción del tren de la bruja, Paqui Pérez, comenta que están intentando amortiguar aún los gastos del coronavirus. «Hemos conseguido solo un poquillo más de ingresos que los años anteriores, pero muy poco porque la cosa está muy mal», afirma. Señala que aunque depende de cada pueblo, «a las ferias no han vuelto tantas personas como antes del covid». También argumenta que ellos «nunca han tenido ningún tipo de ayuda». Y hace hincapié en que son de los pocos sectores que no han podido subir los precios: «Seguimos vendiendo nuestros tickets al precio de siempre porque si no la gente no se sube y se queja». Han aumentado los gastos de luz, los costes municipales... 

En las atracciones

En unos castillos hinchables casi vacíos responde Fátima Fernández, madre de dos niñas pequeñas, acerca de las primeras verbenas que están viviendo los pequeños. «Es la primera vez que traemos a nuestras hijas para montarlas en las atracciones, les pilló los dos años de la pandemia y no han tenido ocasión», cuenta. Cree que se ha perdido por fin el miedo y que era necesario disfrutar de ese ambiente. 

Cierto miedo es el que aún conservaba Concha Rodríguez, una habitante de Medellín de 80 años, en la verbena del pasado fin de semana. Ella ha vivido desde su infancia con gran entusiasmo las fiestas de su pueblo y ahora veía a su generación apagada. «No es normal que haya tan poca gente a estas horas (nada más oscurecer). En el pueblo han muerto muchas personas mayores con la pandemia y las que quedan vivas se han encerrado». Lamenta «un bajón muy considerable». «A la once de la noche de la no se podía pasar por las calles sin encontrarte con gentío, y eso ha desaparecido», expresa. Y sonríe cuando rememora las fiestas de años atrás, «las verbenas eran fundamentales para nosotros».

El botellón

Quienes se han despojado de todo temor son los adolescentes. Marisol Aval, de 14 años, decía desde Medellín que entre la gente joven se percibe un clima animado. «Veo que los adolescentes van al botellón como se hacía antes del coronavirus y que la zona ferial empieza a llenarse a altas horas de la madrugada por los jóvenes». Tiene claro que lo que más atrae de la verbena de su pueblo es el botellón y el dj que pone el ayuntamiento para ellos. Es algo que «echaban de menos». 

Por maneras que haya de vivir las verbenas, todos coinciden en algo: las ferias son el alma de los municipios