"El paisaje que teníamos era espectacular pero ahora hay un negro desolador". Lo dice Raquel Fuentes, que gestiona desde hace tres años -abrió en plena pandemia- el bar de la piscina natural de Torre de Don Miguel, el municipio más afectado por el incendio declarado este pasado miércoles en la Sierra de Gata. La cercanía a las viviendas obligó a desalojar la localidad ese mismo día por la noche y los vecinos fueron acogidos en Moraleja, que habilitó dos pabellones con camas y duchas. Allí han pasado dos días y a primera hora de este viernes, una vez que se ha dado por estabilizado el fuego (aún no está extinguido), han podido regresar en autobuses habilitados por el ayuntamiento o en sus propios vehículos.

El viaje de vuelta ha sido duro. Una vez que se toma el cruce desde Villasbuenas de Gata o Hernán Pérez hasta Torre de Don Miguel, todo es negro. De lo que había, solo queda una pequeña superficie de pinos intactos en la margen derecha, todo lo demás está arrasado. "Todavía huele muchísimo a quemado y las zonas afectadas echan humo", insiste Raquel Fuentes, que desde primera hora de la mañana trabaja para poder reabrir su restaurante.

Las llamas se quedaron a un metro de la piscina natural, que está intacta.

Lo suyo ha sido un milagro porque las llamas se han quedado, literalmente, a un metro de la piscina natural y su negocio. Solo se han quemado unos olivos y los bomberos han arrancado unos cuantos árboles que habían prendido;. El resto, está intacto. Lo único afectado, el agua de la piscina, que se ha teñido de negro. Tendrán ahora que analizarla para confirmar si sigue siendo apta para el baño.

Los servicios de limpieza adecentan las calles, este viernes.

Por lo demás, "la media hectárea" que ocupan la piscina natural y el restaurante se ha salvado: “No se ha quemado ni una sombrilla, el aparcamiento está perfecto y el parque infantil también. El ayuntamiento lo tiene todo muy limpio y eso ha ayudado a que no prenda”, explica. Aunque nada es lo que era. A ellos este verano les habían concedido un Solete de Repsol por las vistas que deja el paisaje pero ha desaparecido de un plumazo. "Es desolador", insiste.

El fuego ha llegado en plena campaña estival, con el pueblo lleno, por eso tanto Fuentes como el resto de los empresarios del municipio se afanan en tenerlo todo listo para poder reabrir este viernes mismo. El fin de semana, de hecho, se celebraban las fiestas de verano, pero aún no se ha decidido si se suspenderán, tal y como ha asegurado a este diario la alcaldesa de la localidad, Valentina Jiménez. "Sientes impotencia y rabia, pero tenemos que seguir viviendo", ha dicho la regidora.

Las llamas no llegaron a entrar en el pueblo pero sí han arrasado casas de campo, fincas y casas de aperos, aunque de momento no se ha podido hacer balance de lo quemado. Ni si quiera saben si ha afectado a ganado. Será entre este viernes y este sábado cuando los vecinos puedan comprobar cómo están sus propiedades. El día del desalojo salieron con lo puesto. "Fue todo muy rápido, a las siete de la tarde estábamos tranquilos y a la media hora nos evacuaron", recuerda la alcaldesa, que acompaña a los vecinos en las labores de limpieza. Mientras tanto, Moraleja desmonta los puestos de acogida. "Ya no se necesitan porque ya no hay peligro, esperemos que todo vuelva a la normalidad", dice Alfonso Gómez, concejal del ayuntamiento.