«Los protagonistas de esta historia no son famosos», explica Alejandro Solís. Sin embargo, sí lo puede ser el relato. Esta historia es una que resuena en las cabezas españolas, solo que los personajes llevan otras caras, otros nombres y otros apellidos. Más de ocho décadas han pasado desde que una familia humilde de origen jornalero, de Puebla de la Reina, se diera el último abrazo. Concretamente, 86 años. Ahora, los descencientes –más de cien- se han podido reencontrar físicamente bajo emociones contrapuestas. Se han reunido en el lugar en el que se originó todo, Puebla de la Reina y Guareña, en una jornada en la que han participado la alcaldesa Ana María Redondo y el investigador de la Asociación Foro Historia de Guareña Pedro José Pascual Salguero. «Era una sensación rara, como una cita a ciegas», relata Alejandro Solís a este periódico mientras viaja hacia su lugar de residencia en Gandía, Valencia. «Había como una mezcla de dolor y de alegría», dolor quizás por el sentimiento de algo que había sido robado y alegría por recuperar algo de lo que ni siquiera se sabía su existencia. Eso sí, «era como si nos conociéramos de toda la vida».

A principios de septiembre de 1936, el ejército franquista logró entrar en este municipio pacense y con el estallido de la Guerra Civil española los protagonista de esta historia tuvieron que separarse. Los hermanos Luis –fruto de un matrimonio anterior de Juan José, padre de todos ellos- y Manuel, Francisco, Martina, Pedro y Juan –hermanos de padre y madre- se ganaban la vida con una panadería ubicada en Puebla de la Reina, donde tres de ellos habían nacido –los otros dos nacieron en Guareña-. «Venían de una familia de jornaleros y lograron luego tener una panadería, por lo que su vida mejoró», dice Alejandro. Pero lo que el esfuerzo les hizo ganar, la guerra hizo añicos y «cada uno tiró por donde pudo», Se puede escuchar a la abuela de Alejandro en uno de los casetes.

La lucha en el bando republicano o en el sublevado, la muerte, acabar en un campo de concentración o el exilio a Francia. Los hermanos Paredes ya no viven, pero sí dejaron descendencia. Así, como diferentes trozos del cristal de un mismo vaso se encuentran familiares en lugares de Extremadura (Almendralejo, Badajoz, Don Álvaro o Hernán Cortés), España (Madrid, Toledo, Barcelona, Tarragona, Valencia)y Francia (Normandía).

La pandemia y su tiempo libre, las redes sociales y el párroco del pueblo fueron cruciales en la investigación

Alejandro Solís es nieto de uno de los seis hermanos Paredes - de Juan-. Estudió periodismo aunque nunca ejerció, pero ya desde bien joven tenía cierto afán por contar historias y descubrir. Así, en su adolescencia se dedicó a preguntar a sus abuelos por su pasado y a grabarlos en un casete. Esas cintas, creadas a finales de los 80 y principios de los 90, cayeron en el cajón del olvido por un largo periodo de tiempo hasta que durante el confinamiento que trajo consigo el coronavirus Alejandro las recordó. «Si no hubiera sido por la pandemia, esto no lo habríamos conseguido, teníamos mucho tiempo libre», explica. Las reprodujo y quiso digitalizarla y entonces se percató de cosas que en su adolescencia no veía. «Me doy cuenta de algunos silencios que hacía mi abuela». Son silencios que esconden muchas cosas.

Sus abuelos emigraron a Gandía, cuando su madre era prácticamente un bebé. Mientras que con la familia extremeña por parte de su abuela sí había tenido contacto, el universo de su abuelo era uno más encorsetado. Y quiso conocer más sobre sus orígenes. Las redes sociales también tuvieron un gran papel en el proceso: «La información está, el tema es localizarlo y cruzar los datos», cuenta. Y lanzó un post en Facebook en marzo del 2020. «A los de Francia, si no llega a ser por las redes sociales no los habríamos localizado», detalla. A partir de ahí una cosa llevó a la otra y recibió una llamada desde Canadá. Había dado con el bisnieto de otro de los hermanos, se encontraba estudiando al otro lado del charco. También tuvo un papel fundamental el párroco de Puebla de la Reina, quien realizó una labor de investigación por las partidas de nacimiento y defunciones de la época. «Las partidas de bautismo son muy completas, se conocen hasta los oficios de los padres» y así se fue reconstruyendo el relato.

Esta historia puede ser el reflejo de lo que vivió no solo la familia Paredes, sino de muchas familias españolas. En su encuentro, la familia Paredes ha adoptado el lema «que las guerras no vuelvan a separar a hermanos y amigos». Toda la documentación que se ha conseguido durante la investigación mediante grabaciones, fotos antiguas, etcétera, hablan de la historia de un país. Con todo el material, se llevará a cabo la publicación de un libro prevista para diciembre con el que se pretende mostrar el contexto histórico, político y social del país en el que les tocó vivir a los españoles de las décadas 20 y 30 del siglo XX.