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la entrevista RICARDO CANO PLASENCIA Jefe de sección del Servicio de Neurofisiología Clínica del Complejo Hospitalario de Cáceres y miembro de su Unidad Multidisciplinar del Sueño

«Los trastornos del sueño son un problema grave de salud pública»

«Los trastornos del sueño son un problema grave de salud pública» LORENZO CORDERO

Dormir mal acaba pasando factura. A corto plazo, la somnolencia diurna que ocasiona la mala calidad o la poca cantidad de sueño ocasiona problemas de rendimiento profesional o escolar. Con el paso del tiempo, el insomnio se vincula a una mayor probabilidad de sufrir enfermedades cardiacas, hipertensión arterial, o accidentes cerebrovasculares. Se estima que uno de cada diez españoles (más de 4 millones de personas, según datos de la Federación Española de Sociedades de Medicina del Sueño --Fesmes-) padece algún tipo de trastorno del sueño crónico y grave; y un 30% (más de 12 millones de personas), se despierta cada día con la sensación de no haber tenido un sueño reparador. Una prevalencia que en parte explica que España sea el país del mundo con un consumo más elevado de benzodiacepinas, utilizadas para el tratamiento de los trastornos de ansiedad y del insomnio.

¿Tan mal dormimos los españoles?

Las cifras sobre la incidencia de patologías del sueño son extremadamente variables pero, en cualquier caso, son muy llamativas por sus altísimas tasas. Gran parte de la población siempre ha dormido mal y, tal y como va la cosa, probablemente lo siga haciendo, porque no hay una concienciación del cuidado y de la higiene de sueño. Permanentemente estamos asediados con campañas para que no nos suba el colesterol, controlar la tensión arterial o hacer una dieta sana, que me parece fenomenal, pero el problema es que no hay campañas parecidas para procurar un sueño adecuado. No hay una concienciación, no ya para la población, sino a nivel de la medicina de atención primaria o incluso para la especializada. No son problemas que cuando el paciente los refiera el médico los tome como si fuera un factor de riesgo cardiovascular, por ejemplo. Y creo que ese es uno de los principales problemas: mientras no haya conciencia de que hay que dormir bien, va a ser muy complicado curar las patologías del sueño y reducir estas tasas tan elevadas.

¿Están normalizados estos trastornos en la sociedad?

Exactamente. Tan normalizado como que las costumbres a las que nos hemos habituado no favorecen una mejora en absoluto. El ‘prime time’ de la televisión lo ponen a unas horas a las que es muy difícil conciliar un buen sueño. Si la mayor parte de la gente que trabaja se tiene que levantar a las siete o las siete y media y los ‘prime time’ acaban a la una es imposible, no ya tener una buena calidad del sueño, sino dormir suficiente número de horas. Ahora también está el uso de los móviles o las tablets, que son muy perjudiciales, porque no contribuyen a que el proceso hormonal, químico, que debe preceder a un buen sueño se haga con eficacia. El deporte a última hora del día o el exceso de estrés dificultan igualmente mucho esa calidad de sueño.

El uso de móviles y tablets del que habla, ¿está haciendo que los menores pierdan calidad del sueño?

Muchísimo, pero no solo los menores, también los adultos. Lo que hacemos muchas veces a última hora del día es meternos en la cama y plantarnos delante de la luz del móvil, de una tablet o del ordenador. Con los niños el problema es mucho mayor porque el número de horas de sueño que requiere es superior que para una persona adulta o una anciana, que con cinco o seis horas de sueño en determinados casos puede vivir perfectamente. Eso, en ningún caso es apropiado para un niño o un adolescente, que debe dormir más de ocho o nueve horas. Este tipo de dispositivos dificulta muchísimo, no solo alcanzar un sueño de calidad, sino tener el número mínimo de horas necesarias. Y no está solo el efecto directo que produce no dormir bien, que es tener sueño durante el día, con los problemas laborales o escolares que pueden derivarse de ello, sino que esta falta de calidad de sueño acaba teniendo repercusión muy importantes en muchas enfermedades, tanto psiquiátricas, como no psiquiátricas. Influye en la tensión arterial. Ahora mismo no está considerado un factor de riesgo cardiovascular, pero sí que influye mucho en él y se están haciendo estudios que demuestran que numerosas enfermedades se ven agravadas o facilitadas en su aparición en aquellas personas que no tienen un sueño adecuado, como el alzhéimer. 

¿Cuánto tiempo antes de dormir habría que olvidarse del móvil?

Para el móvil, como con otras coas, como hacer ejercicio, al menos una hora u hora y media antes deberíamos hacer una práctica de disponer a nuestro cuerpo a que los procesos químicos, metabólicos y hormonales para que se inicie el sueño se produzcan correctamente. Luego nos extrañamos de estar con el móvil antes de dormir y meternos en la cama y no dormirnos inmediatamente. El sueño no funciona como una tele que enciendes y apagas, han de producirse una serie de procesos que son necesarios para que se inicie. Y no solo es lo que hay que hacer previamente al sueño, sino a lo largo del día, como recibir luz o tener cierto grado de actividad. Una buena noche de sueño va precedida por un buen día. En las personas que tienen problemas de sueño hay que evitar también siestas largas o sedestaciones a oscuras continuas.Esto es algo que provocó muchísimos problemas durante la pandemia. Independientemente de los efectos directos que pueda tener la infección o el covid persistente, que aún están por estudiar, el efecto indirecto de mantenernos en casa durante muchos meses rompiendo nuestras rutinas de trabajo, de salir a la calle, o de hacer deporte a horas adecuadas, provocó una falta de higiene de sueño.

Entonces, ¿ha empeorado la calidad de nuestro sueño a causa de la pandemia?

[El efecto de la pandemia] Se ha apreciado en los problemas del sueño y en las complicaciones que dan. Sin entrar en que sean una auténticas patologías psiquiátricas graves, pero sí trastornos anímicos. Eso sí que se ha notado bastante. El problema es que los trastornos del sueño generalmente empiezan de forma muy subrepticia, muy sibilinamente, pero cuando se cronifican son cada vez más graves, provocan más complicaciones, y son mucho más difíciles de tratar y revertir. Tanto por el problema en sí como por revertir una mala costumbre del paciente. Cambiar un hábito siempre es más complicado cuanto más tiempo lleva ese hábito asentado.

El doctor Ricardo Cano junto al equipo de la Unidad Multidisciplinar del Sueño del que forma parte. LORENZO CORDERO

Es llamativo que España sea el país del mundo con un mayor consumo de benzodiacepinas, ¿abusamos de estos medicamentos para dormir?

Abusamos. Ese es otro de los grandísimos problemas que existen. En realidad la gente no tiene un acceso directo a las benzodiacepinas. En una farmacia no te las dan sin una receta. ¿Por qué hay tantas recetas de benzodiacepinas? Porque un médico no tiene tiempo físico de abordar con corrección una consulta de una patología de sueño. Son patologías que requieren mucho tiempo y en las que necesitas una empatía con el paciente brutal. Y eso es imposible de conseguir en una consulta de cinco minutos. Lo que resulta de todo esto es que se aplica la solución más rápida, que es dar un hipnótico, sea benzodiacepina o sea otro, que en efecto funciona, el problema es que tienen una serie de inconvenientes. En primer lugar la tolerancia. A medida que pasa el tiempo, después de ocho semanas aproximadamente, la cantidad de fármacos que necesitas para conseguir un mismo efecto va aumentando. Te vas acostumbrando a ese fármaco. Y o subes de dosis, lo que evidentemente tiene un límite, o deja de hacer efecto. A veces se cambia de benzodiacepina y otras simplemente se cronifica la que ya se toma, porque además esto produce otra cosa, que es la dependencia. No solo que ya no me hace efecto, sino que además si me la quito sí que no voy a dormir. Una dependencia tanto física como síquica, gente que o se toma su media pastilla de Orfidal o es seguro que no duerme. Los tratamientos farmacológicos tienen sus grandes ventajas y sus indicaciones, pero se aplican incorrectamente, básicamente por la falta de tiempo disponible para atender a un paciente, que necesita que se le reconduzcan sus hábitos, quitar las malas costumbres, fomentar la higiene de sueño y enseñar a dormir otra vez.

«El sueño no funciona como una tele que enciendes y apagas, han de producirse una serie de procesos que son necesarios»

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¿Se puede entonces aprender a dormir bien?

Se puede aprender, lo que pasa que es un tratamiento mucho más lento que con los fármacos. No funciona en una o dos semanas, funciona en meses. A largo plazo el tratamiento real no es el hipnótico, sino la higiene de sueño, las buenas costumbres. 

¿Cuáles son los trastornos del sueño más habituales?

Con diferencia es el insomnio, aunque está muy infradiagnosticado. Las distintas series apuntan niveles de prevalencia que pueden rondar el 30%, que es una incidencia altísima. Son muy frecuentes también, y a esto quizás sí se le presta más atención porque supone un factor de riesgo cardiovascular, las apneas de sueño. Además, hay otros trastornos como el síndrome de piernas inquietas, que en los casos graves puede llegar al 3% y en los no graves al 10% o al 14%, que es muchísimo. Que una de cada tres personas tenga problemas para conciliar o mantener el sueño es lo que nos lleva a pensar que parece mentira que no haya más campañas de promoción a nivel social y de formación a nivel profesional de atención primaria, o incluso de especialistas, que estén relacionadas con el sueño. La tendencia en Europa actualmente es crear un área de capacitación específica, como una subespecialidad, de tal manera que haya médicos especialistas en sueño porque, desde el momento en el que no hay un médico especialista en él o no se le reconoce, es más complicado que la gente piense que esto es una patología. 

«A largo plazo el tratamiento real no es el hipnótico, sino la higiene de sueño, las buenas costumbres»

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Por todo que dice, ¿se puede decir que estamos ante un auténtico problema de salud pública?

Es un problema a mi forma de ver grave de salud pública y que además está empeorando, porque las condiciones que se están dando cada vez lo dificultan más. 

¿Cuántas horas de sueño son las adecuadas?

El número de hora de sueño es muy personal. Hay gente adulta que con cinco o seis horas de sueño va bien y otra que con ocho no tiene suficiente. Lo suyo es aplicar el sentido común. Si durante el día tienes sueño, es que no has dormido suficiente de noche. Si tienes problemas de atención, concentración o memoria, que son los primeros síntomas del insomnio aparte de la somnolencia diurna, es que no has tenido suficiente cantidad o calidad de sueño. Para un adulto joven dormir siete u ocho horas sería lo lógico. Una persona mayor quizás puede dormir menos, seis o siete. Y los niños, 8 o 9. Un niño que se levanta a las siete de la mañana no debería acostarse después de las diez y media de la noche.

¿Dónde deben abordarse estos problemas?

Con incidencias tan elevadísimas lo suyo es en la atención primaria. El problema son las dificultades que existen en ella para atender a tanta cantidad de población. En primer lugar habría que dotar de una formación y una concienciación adecuada al médico de atención primaria y en segundo lugar darle más tiempo. Los trastornos más graves, teniendo en cuenta que no hay un área de capacitación específica, se deben abordar en unidades multidisciplinares en las cuales participan especialistas en diversas áreas: neumólogos, neurólogos, neurofisiólogos, otorrinos, dentistas… 

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