Un día en el centro de salud de Jaraíz de La Vera: 30 horas de trabajo y más de 200 pacientes para un solo médico. Parece imposible pero lo cierto es que esta situación se repite por los centros de salud de la región. Lo cuenta a este diario un médico de familia de este ambulatorio verato, de 35 años y con plaza en propiedad desde hace dos años. El miércoles de la semana pasada atendió, solo en su consulta, a 63 pacientes, el martes a otros tantos,… y así sucesivamente. De 60 enfermos no baja, a los que se suman las urgencias y las guardias. 

«El primer paciente que paso es a las ocho y cuarto. Tengo media hora para el descanso pero no la uso, la utilizo para adelantar el retraso que llevo. Muchos días llego a casa a las tres y media y lo primero que hago es ir al servicio porque no he tenido tiempo ni de ir al baño en toda la mañana», reconoce. Llega a las 15.30 horas a casa el día que va bien porque hay otros muchos que le dan las 17.00 horas.

Teme los días de guardia porque todo se complica. Pasa su consulta habitual, a las 15.00 horas comienza el turno de urgencias hasta las 8.00 del día siguiente y después tiene que cubrir al médico que falta, ya sea por vacaciones, enfermedad o días libres. Así que el día saliente de guardia, después de llevar 24 horas trabajando, acumula su consulta, lo que suponen otras cuatro o cinco horas más, con lo que su jornada pasa a ser de 30 horas y más de 200 pacientes atendidos. Y eso teniendo en cuenta además que las urgencias no son tranquilas. El domingo pasado vieron entre los dos compañeros a 140 enfermos. En peor situación se encuentra Pediatría porque en este centro de salud, con dos consultas pediátricas, hay una vacante desde mayo y el que queda atiende a los niños de los dos. Siempre, cada día.

No entiende la organización: «Vengo de Asturias, donde se reconoce el saliente de guardia, sales y te vas a casa a descansar. Allí, si tienes guardia el sábado, descansas el domingo y el lunes, por sentencia», asegura. Y reconoce que esto genera inseguridad, estrés y nerviosismo: «Siempre te queda la duda de si podría haberlo hecho mejor, pero el cansancio mental te impide pensar con lucidez. La consulta no es pasar cartas, estás viendo a personas y tu decisión repercute en su salud y en su vida». 

Poco tiempo

Además de que no hay sustituciones, hay otro problema añadido: la organización de las agendas y el tiempo que obligan para cada paciente, entre cinco y siete minutos. «No se ajusta a la realidad». «Quieren que veas a un paciente con movilidad reducida en cinco minutos y prácticamente ese tiempo es el que usa en desvestirse», apunta. Él cree que el tiempo «ideal» serían 10 minutos por usuario. 

Con todo, hay miedo también a las vacaciones de Navidad porque tanto él como el resto de sus compañeros se cogen días libres, lo que supone doblar trabajo. «Sabes que vas a trabajar 24 horas, no queda otra salida», se resigna. Y pone como ejemplo la semana pasada, cuando uno de sus compañeros se puso enfermo, porque la situación que vivirá será parecida. «En una hora vi a 13 pacientes (ni a 5 minutos por cada uno) quienes lo pagan son mi mujer y mis hijos que me ven cansado y estresado», asiente. 

Muchas veces, cuando tiene tal acumulación de pacientes, opta por pasar a uno a su consulta y a otro a la de la enfermera y los va atendiendo a la par, mientras uno se viste o se desviste ve al otro y así aprovecha más el tiempo. Una locura, pero no queda otra. «Los médicos estamos implicados en el sistema pero tenemos una sobrecarga inasumible y el problema es que el que se ve afectado es el paciente», sentencia.