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EL DIARIO OFICIAL DE EXTREMADURA PUBLICÓ AYER LA ORDEN QUE REGULA LA NUEVA EVALUACIÓN DE INFANTIL A BACHILLERATO

Críticas a la ley de educación: «Dedicamos más tiempo al papeleo que a dar clase»

Docentes y equipos directivos dicen estar «desbordados» por la burocracia que exige. «Es desastre tras desastre, cada vez hay menos enseñanza», reprocha Pide

Alumnos acceden a un instituto de la ciudad de Cáceres el primer día de clase.

Alumnos acceden a un instituto de la ciudad de Cáceres el primer día de clase. / CarlaGraw

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Cáceres

La nueva ley de educación, la LOMLOE o Ley ‘Celaá’, como se la conoce popularmente, está llevando al límite a los centros educativos. Docentes y equipos directivos denuncian que están desbordados por la excesiva burocracia que exige: «Dedicamos más tiempo a justificar el trabajo y al papeleo que a dar clase», critica José Manuel Chapado, presidente de Pide, sindicato mayoritario del profesorado extremeño.

Ayer al Diario Oficial de Extremadura (DOE) publicó la orden que regulará a partir de ahora la evaluación en todas las etapas educativas, desde Infantil hasta Bachillerato, y que este año solo afectará a los cursos impares (a partir del que viene se impondrá en todos). Y esta nueva forma de evaluar es precisamente uno de los puntos de esta nueva norma que trae de cabeza a los docentes. Ya no hay calificaciones numéricas ni en Primaria ni en ESO, solo en Bachillerato. Y en Educación Secundaria, la evaluación irá acompañada de un informe en el que se detallará el grado de desarrollo del alumno en cada una de las competencias clave.

«Obliga a perder cinco veces más el tiempo y tenemos que evaluar unos ítems que muchas veces no son ni de nuestras materias», asegura Chapado, cuyo sindicato ha recibido un sinfín de denuncias por parte del profesorado desde que comenzó el periodo de evaluación. Esto lleva a situaciones de auténtica paradoja: «Un alumno que suspende Matemáticas puede llegar a aprobar la asignatura porque en otras materias haya conseguido superar la competencia matemática, no tiene ningún sentido», añade el presidente de Pide.

Las novedades de esta nueva evaluación ya se conocían: Solo se puede repetir curso una vez en todo Primaria y en toda la ESO y se podrá obtener el título de Bachillerato con una asignatura pendiente de primero o de segundo si el claustro lo decide, siempre y cuando el alumno lleve una nota media de un 5 entre todas las materias, incluida la suspensa. Esto va a suponer que, por primera vez, un estudiante pueda presentarse a la EBAU sin haber aprobado todo. De 1º a 2º de Bachillerato se podrá pasar también con dos suspensas y en ESO con varias (la norma general serán dos sin aprobar pero si el claustro lo estima, podrá promocionar con más). «Como solo se puede repetir una vez lo que puede suponer es que un alumno llegue a la ESO sin haber aprobado ni una asignatura», subraya José Manuel Chapado.

Justificar cada día en el aula

Tampoco comparten las nuevas programaciones didácticas, cuyo plazo de entrega se ha tenido que alargar precisamente por el exceso de trabajo que conllevan. La nueva ley les exige que contengan las unidades didácticas, es decir, que a principio de curso tengan ya elaborado un programa en el que esté especificado lo que van a desarrollar cada día en el aula. «Esto es algo imposible, no sabes lo que vas a hacer. Es un desastre tras desastre. Es horrible, es papel tras papel que no vale para nada», insiste el presidente de Pide.

Se les requiere que a principio de curso elaboren un programa que detalle lo que harán cada día en el aula

A este sindicato llegan quejas de docentes y de equipos directivos diariamente. «Cada vez hay más papeles y más informes que rellenar que no valen para nada, solo para justificar por si el día de mañana pasa algo, pero cada vez hay menos enseñanza aprendizaje, el sistema va de mal en peor», agrega. En el caso de la Formación Profesional, incide, la situación es peor porque al estar sufragada con fondos europeos esa burocracia se multiplica: «Los equipos directivos tienen que justificar cada hora que están en el aula, pero esto no mejora los resultados de nuestros alumnos, solo suma más trabajo que no sirve», apostilla.

Esta es la razón, asegura, por la que haya crecido el número de jubilaciones en el sector de la educación. «La gente está muy harta, cuando cumple la edad preparan sus papeles y se van, muchos incluso perdiendo dinero, pero así no hay quien aguante», reconoce.

Ya han elevado estas quejas a la Consejería de Educación en varias ocasiones, pero no se da una solución. «A la administración por un oído le entra y por otro le sale, no pone ninguna orden y los docentes siguen desbordados». 

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