Enseñanza en la sombra
Clases particulares: la educación se expande más allá del horario lectivo
El 47% de los hogares con menores las usan para reforzar o ampliar conocimientos. Las familias destinan hasta 300 euros al mes a clases no regladas para sus hijos

Alumnos de instituto en una academia, reforzando asignaturas. / XOAN ALVAREZ
Las clases particulares son una realidad en el 47% de los hogares y los datos evidencian una diferencia notable que acentúa este gasto en el caso de los hogares con alumnos que acuden a escuelas concertadas y también en las rentas más altas. Lo pone de relieve el reciente informe de Esade Educación en la sombra en España. En los centros concertados invierten en el refuerzo académico de los hijos el doble que los públicos; y en la proporción de familias que lo hacen hay casi cuatro puntos de diferencia: son el 46,5% de los alumnos de la red pública y el 50.1% de la concertada.
En cuanto al desembolso, mientras las familias que llevan a sus hijos a centros concertados gastan de media unos 300 euros en estas clases particulares, el dispendio para las familias de la educación pública baja a 236 euros; no hay gran diferencia. En la privada (en Extremadura el nivel de Bachillerato de los centros concertados), este gasto se dispara por encima de los 600 euros de media.
Las razones por las que cada familia contrata estas clases también son muy diferentes, según cita el estudio. Las clases de idiomas son las que, en general, sobresalen sobre el resto de materias curriculares a la hora de pagar atención fuera del horario lectivo; suponen el 46% del gasto, frente al 35% que representan las materias curriculares o las clases de arte, que no superan el 16%. Aun así, y en eso incide también, dos de cada tres euros van destinados a «ampliar y perfeccionar» materias no curriculares (idiomas y arte) mientras que un euro estaría orientado a «reforzar y recuperar». De nuevo el estudio distingue ahí entre los alumnos de la pública y la concertada. En el caso de la red pública, alrededor del 40% de los alumnos recibe clases particulares de las materias centrales del currículum escolar y lo hacen el 30% de los estudiantes de la concertada.
Atendiendo a la renta, los hogares con una economía más desahogada son los que más invierten en estas clases destinadas a ampliar conocimientos; mientras que las familias con menor poder adquisitivo realizan este gasto para evitar que los niños se queden atrás. «El gasto en los hogares más ricos, eso sí, triplica el de los hogares más pobres», apunta el estudio, que señala la necesidad de evaluar el impacto que tiene en la calidad y la igualdad educativa.
Problemas en la base
Quienes imparten estas clases discrepan sobre las razones que llevan a las familias a demandar esta formación de apoyo, aunque coinciden en que hay un problema «en la base». «En ocasiones solo pasa que no tiene una técnica de estudio. No lo aprenden porque no saben cómo estudiarlo y hay que guiarles en eso», dice Ramón Sánchez Barquero, graduado en Magisterio y profesor de clases particulares. Otra formadora con más de 30 años de experiencia en educación no reglada considera, en todo caso, que hay «un fallo en le sistema educativo». «Te encuentras a alumnos de segundo de Bachillerato que no tienen base de matemáticas porque se les ha ido permitiendo superar los cursos con esa asignatura sin aprobar; y claro, llegas a ese nivel y el profesor da por hecho que sabes todo lo anterior», dice.
«Pagar por ampliar idiomas, muy bien; pero faltan profesores de refuerzo en eso que les cuesta», dice Freampa
Desde la Federación regional Extremeña de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Freampa), apuntan a que el aumento constante de las clases particulares atañe, directamente, a los padres, que consideran importante ese refuerzo ante la dinámica convencional del curso.
«Lo importante no es cuánto gastamos en estas clases, sino qué tipo de clases estamos pagando; si son de refuerzo o son por otras cuestiones», dice Maribel Renjel, presidenta de Freampa. Ella destaca que sobresalen las clases de idiomas y que «dos de cada tres euros se destinan a ampliar conocimiento y solo uno a clases de refuerzo». «Creo que los padres somos ahora más exigentes que en generaciones anteriores y estamos dispuestos a invertir todo y más en la educación de nuestros hijos», valora.
Por un lado Renjel reconoce un contexto social en el que «los padres están ahora mejor formados, pero tienen menos tiempo para ayudar a sus hijos»; aunque también cree que el estudio («hay que valorarlo en su justa medida», matiza en varios momentos) evidencia la necesidad de «contar con más personal docente para reforzar esas asignaturas que les cuestan a nuestros hijos para que no exista una distinción entre quienes pueden pagar unas clases particulares y quienes no pueden hacerlo» y reconoce que la pandemia ha puesto «en jaque» a un sistema educativo que «compite» con las clases particulares y la atención personalizada.
«La confianza en el sistema educativo no se ha perdido, pero es cierto que hay que trabajar en buscar la excelencia dentro de él, para que no se rentabilice la educación, que es un derecho. Y a su juicio eso pasa por tener más programas de apoyo y más profesores de refuerzo». Pero cree que también habría que abordar otro modelo de políticas educativas «que multipliquen los itinerarios para transformar la educación en una carrera en la que todos los alumnos ganen».

Pablo Serrano, profesor de la academia Aprendo, en Cáceres. / Carla Graw
«No se busca excelencia, sino salvar los muebles»
Pablo Serrano. Academia Aprendo
En la academia Aprendo abordan de forma integral el fracaso escolar, desde la psicopedagogía a las distintas materias que alumno necesita reforzar. «La educación se ha devaluado cada año más. El sistema no ofrece herramientas suficientes y necesarias a la mayoría de los alumnos, y las becas que el estado ofrece vienen a reconocer que el centro necesita una ayuda que no puede prestar el sistema», explica Pablo Serrano, Licenciado en Económicas, profesor y responsable de este centro de Cáceres. Es cierto que la pandemia ha marcado un punto del inflexión del que tratan de recuperarse: «Muchos que cerraron entonces no volvieron a abrir y los que seguimos notamos una caída de alumnos que tratamos de recuperar», cuenta. No se han alcanzado aún las cifras previas a la pandemia pero este año sí está siendo ya bueno. «En el mes de enero debería estar todo lleno tras ver los resultados de la primera evaluación. Ahora no, pero es cierto que se nota un repunte importante ya para febrero», cuenta.
«Lo que también notamos es que ya no se buscan clases para la excelencia; se busca salvar los muebles y con alumnos con un nivel muy bajo», afirma; y eso atribuye a la caída de alumnos: «antes venían algunos a no bajar las notas, ahora lo hacen si la familia se lo puede permitir».
En ese cambio de tendencia también influye, asegura, los cambios en las últimas reformas educativas: «empieza a calar la idea de que no pasa nada por suspender una asignatura si pueden pasar de curso con hasta cuatro suspensos», lamenta. «Eso ha devaluado nuestro trabajo, y si lo unes con la subida de los precios y la inflación.... Hay quien se lo piensa mucho para contratar unas clases (62 euros al mes por dos horas a la semana) o quien en lugar de cuatro horas contrata tres, que es lo que puede pagar», cuenta.

Ramón Sánchez, Graduado profesor de clases particulares en Cáceres / LORENZO CORDERO
«Hay casos que solo les falta técnica de estudio»
Ramón Sánchez, Graduado en Magisterio
Ramón Sánchez no concibe las clases particulares como un trabajo a largo plazo, pero de momento le permiten complementar lo que gana en un centro de niños con autismo y TDH en Cáceres, «trabajar en lo mío y coger más experiencia», asegura. «Las clases particulares no te permiten vivir. No podría independizarme; yo lo hago porque aún vivo con mis padres y esto me permite ser más independiente hasta que pueda volver a presentarme a las oposiciones en 2024», reconoce.
Este joven de 24 años, graduado en Magisterio en la especialidad de Educación Física da clases ahora a seis alumnos, fundamentalmente de Secundaria y para matemáticas. Se organiza para acudir a casa de cada uno de ellos un día a la semana, «aunque a veces voy los fines de semana si necesitan más ayuda para las recuperaciones», cuenta. Hace tres años que comenzó a trabajar así y el «boca a boca» no ha dejado de traerle alumnos. Cobra entre 8 y 10 euros por hora.
A su juicio hay materias como matemáticas, física o lengua, que necesitan refuerzo porque no lo entienden; pero el problema de base en muchas ocasiones no es que no entiendan los contenidos «sino que no tienen una técnica de estudio» o también que «necesitan que una persona esté detrás de ellos apoyándoles y recordándoles que se tienen que sentar a estudiar». «Me he encontrado con casos en los que solo trabajaban esa materia el rato que estaban conmigo. Hasta que no vuelvo la semana siguiente no abren más el libro», cuenta. Por eso trata también de hablar con ellos: «a veces lo que necesitan es que les motives y les guíen, y me gusta hablar con ellos en los descansos que hacemos. Creo que al verme alguien joven, les puedo llegar mejor».

Jim Mc Cue, de la academia de inglés Caledonia en Badajoz / BADAJOZ. JIM EL ESCOCES, DE LA ACADEMIA DE INGLES CALEDONIA,
«Con 25 alumnos es difícil enseñar idiomas»
Jim Mc Cue. 40 años de experiencia enseñando inglés
Tiene cuatro décadas de trabajo a sus espaldas y conoce bien dónde se mueve y también lo que motiva que la demanda de sus clases no pare de crecer. «En los centros escolares no se enseña el inglés práctico. Se trabaja mucho la gramática, pero no a desenvolverse en una conversación», dice Jim Mc Cue, profesor de inglés de la academia Caledonia de Badajoz. Eso es lo que les distingue a ellos: «basamos nuestra metodología en la competencia comunicativa y tenemos un máximo de diez alumnos», explica. «Yo entiendo que con 25 alumnos es difícil enseñar bien idiomas porque necesitas dividir el grupo o bien trabajar más horas o con más profesorado; por ese se recurre a un sistema más tradicional, pero menos efectivo», asume. Reconoce que se han producido «cambios importantes» que han mejorado en España el conocimiento de idiomas «pero sigue habiendo una gran diferencia con el resto de Europa». «El sistema educativo falla», apunta. Aun así, la reforma de la ley de universidades de 2008 que obliga a tener un nivel B1 de inglés acreditado para acceder, dio un impulso la sector que no se ha detenido. «La conciencia colectiva de los padres influye también», asume.
En su centro trabajan con todas las edades, aunque es la franja entre 8 y 15 años la que más alumnos les aporta. «Son niños que están empezando con el inglés y sus padres quieren que profundicen, pensando en los exámenes de certificación», reconoce el docente. Cuentan ahora con más de 360 alumnos, aunque han llegado a tener más de 500: la pandemia y la inflación ha detenido el crecimiento de los últimos años. «Lo notamos todas las academias. Es cierto que la situación económica puede llegar a condicionar a las familias porque son clases privadas; pero no tanto en realidad. La mayoría de los padres están dispuestos a asumir un sacrificio económico por la educación de sus hijos», concluye. En su centro pagan 62 euros mensuales por dos horas a la semana.
Suscríbete para seguir leyendo
- Extremadura activa la tarjeta sanitaria virtual: qué cambia para ir al médico o a la farmacia
- Tres latidos para un mismo sueño hecho realidad en Almendralejo
- Los Premios Empresario Extremeño del Año reconocen el impulso de una economía en transformación
- Jesús Sánchez, decano de la UEx: 'Más de 400 aspirantes se van a quedar fuera del grado de Psicología; me parece tremendo
- La Audiencia de Madrid corrige a Peinado y deja sin efecto la imputación de Olga García por la planta solar de Alcántara
- Pueblos de Extremadura recibirán hasta 250.000 euros para terminar sus residencias de mayores
- El incendio en Casas de Millán está ya estabilizado y su evolución es favorable
- Cuatro alumnos de FP en Zafra idean una alerta contra incendios e inundaciones sin cobertura móvil: 'Ha sido una aventura que ha ido creciendo