Algunos datos: 2,35 metros, 40 centímetros, 52 y 26. Estos números que no significan nada por sí mismos, esquematizan la vida de Agustín Luengo Capilla: 2,35 metros de altura, manos de 40 centímetros, pies del número 52 y 26 años cuando la tuberculosis le mató.

Pero, ¿quién era Agustín Luengo Capilla? Más conocido como el Gigante extremeño o el Gigante de la Puebla. Su figura, su precaria salud y su corta existencia han provocado aluviones de historias, algunas falsas, que le han convertido en un personaje peculiar. Su excesiva altura, atípica para mediados del siglo XIX, no le hizo la vida fácil. Llegó a sufrir lo indecible.

Agustín vino al mundo el 15 de agosto de 1849, en la calle Colón de la localidad pacense de Puebla de Alcocer. Sus extraordinarias dimensiones, que le ha llevado a convertirse en el segundo español más alto hasta el momento, obligaron a sus padres a agujerear las paredes de la vivienda para sujetar las tablas de su cama.

Se sabe que fue un niño enfermizo y que, con 12 años, se convirtió en una atracción circense exhibiendo su enorme envergadura y sus manos de 40 centímetros de largo. Cuentan que era capaz de ocultar un pan de un kilo. En uno de sus espectáculos conoció al rey Alfonso XII, quien le regaló unas botas del 52.

Agustín Luengo junto a sus padres. Wikipedia

En aquel momento, Pedro González de Velasco aterrizó en la vida de nuestro gigante extremeño. Este hombre dirigía el Museo Antropológico de Madrid, de reciente creación, y sabedor de la inusual altura de Agustín, le propuso un trato extraordinario: comprarle su cadáver por 2,50 pesetas diarias mientras viviera. A cambio, una vez fallecido el joven extremeño, su cuerpo sin vida se expondría en el museo madrileño.

Esta oferta significó un antes y un después para la vida de nuestro protagonista. Con 2,50 pesetas al día Agustín Luengo Capilla se dedicó a vivir. Aunque la suerte no le acompañó y el 31 de diciembre de 1875, con tan sólo 26 años, murió de tuberculosis.

Actualmente, su esqueleto se muestra en una vitrina en el Museo Nacional de Antropología de Madrid y en su localidad natal se creó en 2015 el museo del Gigante extremeño.

Y, hasta aquí, lo que todo el mundo conocer. ¿Verdad o no? Quién lo sabe.

A continuación, lo que dice el Museo Nacional de Antropología

Según el museo, "estamos antes un esqueleto humano de dimensiones superiores a la media. Se trata del esqueleto de Agustín Luengo Capilla (1849-1875), más conocido por el nombre de Gigante extremeño por su estatura y origen. Agustín nació en Puebla de Alcocer (Badajoz) el 15 de agosto de 1849, siendo el primer hijo de Crisanto -de profesión zapatero- y de Josefa, quienes tuvieron otros cinco hijos -uno de ellos muerto a edad temprana-, ninguno con unas características físicas similares a las de Agustín".

Bota regalada por Alfonso XII. Museo Nacional de Antropología

"Agustín Luengo Capilla padecía gigantismo, una enfermedad rara provocada por la producción excesiva durante la infancia de hormona del crecimiento, debido a un adenoma hipofisario. La altura desmesurada se acompaña además de deformaciones en manos, pies y cráneo, donde se produce también un crecimiento excesivo de la nariz, mentón, pómulos, orejas y arcos superciliares".

A continuación, el museo relata las observaciones del doctor Pedro González Velasco, quien remarcó que "Agustín Luengo no mostró nada de particular en su aspecto físico hasta los 14 años, cuando empezó a crecer más de lo normal, hasta llegar a una altura de 2,35 metros. Desde muy pronto este crecimiento inusual se vio acompañado de problemas de salud, como pérdida de vista o dolores de cabeza, habituales en esta enfermedad. El 28 de agosto de 1875 llegó a Madrid, después de haber viajado por Andalucía. Se ha considerado en ocasiones que allí había estado trabajando en un circo, noticia recogida en varias crónicas periodísticas posteriores, no obstante, a su muerte y que parece que podría estar avalada por dos carteles conservados en el Museo del Gigante Extremeño (Puebla de Alcocer, Badajoz), donados por familiares de Agustín, en los que aparece a modo de reclamo. Sin embargo, el propio Velasco no hace referencia a que ésta fuera la forma de ganarse la vida de Agustín en la breve semblanza que hace de él en 1878, con motivo de la presentación de sus restos en la Exposición Universal de París".

Sin embargo, no existen certezas que demuestren si nuestro gigante trabajó en un circo o no, o en ferias. "En la autopsia del doctor Velasco descubre signos de malnutrición debidos a la pobreza en la que había vivido, algo que no parece compatible con una vida estable en el circo. Durante la estancia de Agustín en Madrid, el diario La Correspondencia de España da la noticia de que es presentado al rey Alfonso XII el 3 de octubre de 1875. Se indica también que se encuentra algo enfermo, pues en la capital se vieron agravados sus problemas de salud, con dolores de rodilla que se extendieron a las zonas abdominal y torácica. Dada su precaria situación económica, fue tratado por un profesor de la Beneficencia domiciliaria, que ayudó a Velasco a contactar con Agustín y parece que medió para disponer de su cuerpo, que interesaba a Velasco para su Museo Antropológico por su afición a la teratología.

Cuando Velasco conoció y examinó a Agustín destacó, además de su estatura, la piel pálida, la falta de vello en la cara, el prognatismo de la mandíbula, la atrofia de los genitales y su extrema delgadez, así como los dedos gordos acaballados, debido a unos zapatos que le hizo su propio padre, pequeños para sus pies de casi 35 centímetros de longitud.

"A su muerte, Agustín fue trasladado al Museo Antropológico, gracias a la cesión hecha por su madre, quien lo acompañaba en su estancia en la capital. “Manuel Antón da noticia de que Velasco llegó a un acuerdo con Agustín para que cediera su cuerpo para el museo a cambio del pago de la cantidad de 3.000 pesetas, en parte abonada al propio Agustín en vida y en parte a sus padres; no obstante, no se conserva documentación que confirme este dato ni el propio doctor Velasco hace referencia a ello en la publicación para la Exposición Universal de París referida anteriormente".

Ya en el museo, Velasco practicó la autopsia y sacó un molde de escayola y conservó los restos óseos sobre el tablero de madera en el que aún hoy se exponen. Velasco relata de forma detallada todo el proceso, destacando lo quebradizo de los huesos y el debilitamiento general de su organismo.