El limbo de los humedales extremeños
La región es una de las pocas que no tiene aún un catálogo de estos ecosistemas, pese a que se planteó por ley en 1989
Hay un convenio ya con la Uex para crear ese registro, pero no estará hasta finales de 2025, al filo del plazo límite
Extremadura es una de las tres comunidades autónomas que no tiene aún catalogados sus humedales, como se estableció por ley en 1989, hace más de 30 años. Hay estimaciones que hablan de alrededor de 400 zonas húmedas y figuras internacionales que han reconocido el interés de al menos dos de ellos en la región: el embalse de Orellana y el Complejo Lagunar de La Albuera figuran en la lista del Convenio de Ramsar desde 1993 y 2002 respectivamente; otra cosa es cuál es su estado de conservación en la actualidad, una incógnita. Al margen de esos dos espacios, lo que hay son datos deslavazados que recogen algunos de los humedales existentes en zonas puntuales de la región, pero no un registro completo y menos aún pormenorizado sobre su situación y el estado de conservación. Al menos este año sí se ha acordado ya hacerlo.
«La ausencia de un catálogo deja una laguna enorme de conocimiento, por lo que es una incógnita en qué situación están los humedales; y los efectos son importantes, porque los humedales acogen al 40% de las especies que habitan el planeta a lo largo de su ciclo vital», apunta David Miguélez, técnico de la Fundación Global Nature, que acaba de presentar un estudio en el que analizan, precisamente, la información disponible sobre los humedales españoles.
Las conclusiones no dejan lugar a dudas de lo que queda por hacer en la mayor parte de los territorios, entre ellos Extremadura, que junto a Canarias y Cantabria son las tres únicas regiones que aún no han realizado el catálogo fijado por ley y regulado en 2004. «En algunos gobiernos es falta de voluntad política, que no apuesta por actualizar sus inventarios como pasa en Extremadura», ahonda.
Complejo Lagunar de la Albuera.
El término humedal engloba un conjunto muy heterogéneo de ecosistemas singulares, a caballo entre la tierra y el agua, que en cualquier caso comparten la característica esencial de la humedad, así como el mantenimiento de unos procesos ecológicos y una flora y una fauna muy particulares. Se trata de lugares fluctuantes en el tiempo y el espacio, y de límites difusos, entre los que se encuentran lagunas, deltas, marismas, albuferas, llanuras aluviales, estuarios, manglares, turberas, prados húmedos...
El Inventario Español de Zonas Húmedas (IEZH) se planteo por ley en 1989 y se reguló en 2004. En esos 19 años, nueve comunidades autónomas han aportado sus datos: 871 conjuntos de humedales repartidos en 1.352 puntos que casi en el 50% de los casos «se encuentran en una situación de conservación desfavorable o han desaparecido», según el estudio de Global Nature. Solo el 12,9% de los sitios analizados puede considerarse en buen estado de conservación, atendiendo a «la calidad del hábitat que precisan sus poblaciones de aves», precisa. A este número se le pueden sumar los 4.415 puntos de zonas húmedas catalogadas por otras cinco comunidades en sus inventarios autonómicos, que aún no han trasladado al inventario nacional.
En trámite
En el caso de Extremadura, no hay ningún tipo de inventario, como corrobora la propia Junta. Sí se está trabajando en él a través de un convenio que se firmó en marzo de 2023 con la Universidad de Extremadura (UEx) y que fija a finales de 2025 el plazo máximo para completar ese catálogo, al filo del límite marcado por el Ministerio para la Transición Ecológica para completar el registro nacional: en 2026, según el plan estratégico que se aprobó en 2022 para impulsar la catalogación y conservación de las zonas húmedas.
«La información obtenida y generada con este convenio [con la UEx] se integrará en la base de datos del Inventario Nacional de Zonas Húmedas del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico», señalan en la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Sostenible sobre el convenio con la Uex. Desde este departamento aseguran que la Dirección General de Sostenibilidad tiene inventarios de humedales y que esa información se ha remitido a la UEx «para que tuvieran todo lo relevante a los humedales para completar el inventario a realizar», y existe otro inventario de los Hábitat de Interés Comunitario (HIC) catalogados como encharcamientos temporales mediterráneos o humedales naturales. Pero no hay una cifra desde el Ejecutivo autonómico.
En el estudio de Global Nature apuntan a que los únicos datos constatados en Extremadura proceden de la Confederación Hidrográfica del Guadiana: un listado de trabajos preliminares limitado a 151 humedales de la cuenca sin ninguna información cartográfica asociada. No están, sin embargo, los correspondientes a la cuenca del Tajo, según los autores del estudio.
Al margen del inventario extremeño, la Junta también está analizando el estado de conservación y gestión de las zonas húmedas inventariadas; y recogerán «las amenazas que sufre cada uno de los humedales, así como propuestas de restauración». De hecho la previsión del Gobierno regional es realizar un encargo de gestión con cargo a fondos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia para el mantenimiento y conservación de estos humedales y de la diversidad de sus especies autóctonas. Únicamente habla, eso sí, de los «humedales de importancia internacional», lo que incumbiría a un grupo reducido de estos espacios.
El listado internacional de referencia hasta el momento, el catálogo del Convenio Ramsar, solo incluye entre las 76 referencias españolas a dos en Extremadura: el embalse de Orellana y las lagunas de La Albuera. Allí prevé la Junta colocar abrevaderos con toma de agua para el ganado, para evitar que accedan al humedal; se restaurarán las orillas con plantaciones de especies autóctonas; y se usarán algunas incluidas en el catálogo de especies amenazadas como la marsilea batardae y la marsilea strigosa (dos tipos de trébol).
«Los humedales son uno de los ecosistemas más importantes y productivos que existen, ya que albergan una gran biodiversidad vegetal, son lugares idóneos para la avifauna, y suponen una fuente de recursos y servicios ecosistémicos de vital importancia para la vida humana sostenible», defienden desde el Ejecutivo autonómico.
Silenciado
En la organización ecologista Seo Birdlife consideran que el hecho de que Extremadura no tenga un registro público de humedales «es la mejor manera de no sacar a la luz un problema, el de la presión que existe sobre ellos, que es múltiple», apunta Marcelino Cardalliaguet, su delegado en Extremadura. En SEO Birdlife manejan un catálogo de unos 400 humedales en la región, atendiendo únicamente a aquellos espacios en los que llevan a cabo el censo de aves en invierno, puesto que Extremadura es un referente internacional como refugio de aves acuáticas en los meses fríos.
«La mayoría son pequeñas charcas, pero también hay tramos de ríos más importantes», apunta el experto, que alerta de la complicada situación que atraviesa un aparte importante de estos espacios. La mayoría de los humedales son temporales, dependen de las lluvias que reciban en invierno, y están sometidos a aprovechamientos de una agricultura que, según SEO Birdlife, «no se está adaptando a las circunstancias impulsando los regadíos». «La presión sobre los humedales se está multiplicando», alerta el delegado de la organización, que avisa también: «Tenemos los humedales que tenemos y no podemos exprimirlos, porque vamos a destruir toda la biodiversidad».
En los efectos de la pérdida ahonda también David Miguélez, que señala a los insectos y artrópodos en general (la base alimenticia de mamíferos y herbívoros) como los primeros damnificados . Parece algo baladí, pero no lo es porque su desaparición pondría en jaque la sostenibilidad del ecosistema, desde la base a la cúspide que ocupa el hombre: «Puede suponer el colapso de la agricultura o la ganadería, por la pérdida de los polinizadores que habitan allí o de los depredadores que combaten las plagas», apunta el técnico.
Embalse de Orellana: refugio de aves y zona de recreo
El embalse de Orellana es uno de los humedales incluidos en el catálogo internacional del Convenio Ramsar. Lo hizo en marzo de 1993 y abarca las 5.500 hectáreas que ocupa el embalse y sus islas, desde su muro al muro del embalse de García Sola. Es un humedal artificial que albergó el único enclave reproductor en la región del pato colorado. «Está más explotado ahora con un uso recreativo intenso que está regulado, pero no se controla», apunta Marcelino Cardalliaguet, delegado de SEO Birdlife. A eso se une que las oscilaciones del nivel del embalse son mayores por el regadío y exponen a las especies de las islas, que acaban conectadas antes a la orilla: «Había especies muy interesantes que se están perdiendo», lamenta.
Complejo lagunar de La Albuera: cada vez más seco
Las lagunas de La Albuera entraron en el 2002 en el Ramsar que incluye 76 enclaves en España. El complejo lagunar, conocido también como Dehesa del Caballo, ocupa 1.878 hectáreas que incluyen siete lagunas naturales y cuatro charcas artificiales entre encinares adehesados, pastizales mediterráneos y cultivos extensivos. Su régimen hidrológico es estacional y por tanto sujeto a las lluvias y la recarga de su acuífero que, según SEO Birdlife, «está sobre explotado», y por ello los periodos de estío en la zona se están prolongando. La Confederación Hidrográfica del Guadiana ha suspendido otorgar nuevas autorizaciones de pozos en la zona para preservar el espacio y su diversidad. «Era uno de los pocos sitios en los que anidaban patos también en verano», recuerda Cardalliaguet.
LAS CLAVES
- Compromiso por ley desde marzo de 1989: La Ley 4/1989, de 27 de marzo, de conservación de los espacios naturales y de la flora y fauna silvestres estableció, en su artículo 25, «la elaboración de un Inventario nacional de zonas húmedas a partir de la información proporcionada por las comunidades autónomas, con el fin de conocer su evolución y, en su caso, indicar las medidas de protección que deben recoger los planes hidrológicos de cuenca».
- Nuevo plan con la mirada puesta en 2030: En 2022, ante la demora en los trabajos, el Ministerio para la Transición Ecológica aprobó un plan estratégico calificando de «urgente» para centrarse en las tareas de catalogación del registro de humedales, para que todas las regiones aporten sus datos a ese inventario, regulado desde 2004. La información debe incluir características ecosistémicas, funcionamiento hidrológico y estado de conservación.
- Extiende los plazos entre 2026 y 2030: A pesar de la urgencia, el plan estratégico extiende hasta 2026 el plazo para disponer del Inventario Español de Zonas Húmedas (IEZH) con la información aportada por las regiones; y lleva a 2030 el plazo para terminar la cartografía. Son 22 años después de que el BOE recogiese los detalles de elaboración del inventario y 37 años después de la norma que dio el mandato para su elaboración.
- Situación desigual por regiones: No todas las comunidades están en la misma situación. Nueve de ellas mantienen al día sus registros: Asturias, País Vasco, La Rioja, Comunidad de Madrid, Castilla-La Mancha, Andalucía, Baleares, Región de Murcia y Comunidad Valenciana. Galicia, Castilla y León, Navarra, Aragón y Cataluña tienen pendiente enviar los datos al Ministerio. Y Extremadura, Cantabria y Canarias son las más rezagadas, aún sin datos.