DATOS DE UN INFORME deL INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA relativo a 2022
El trabajo y la experiencia personal lastran la calidad de vida en Extremadura
Se sitúa como la sexta comunidad con menor puntuación global y supera por poco la media del país
Destaca en los parámetros de educación, ocio y relaciones laborales, seguridad física y personal

Dos trabajadores en una obra viaria. / EL PERIÓDICO
El filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel acuñó a comienzos del siglo XIX el término ‘Espíritu del tiempo’ para significar que en cada momento histórico hay un elemento o característica dominante que define la forma de ver la realidad que nos rodea. En nuestra era, ese espíritu que lo mueve todo es la economía. A ello hace referencia el sociólogo y antropólogo de la Universidad de Extremadura (UEx), Domingo Barbolla, para tratar de arrojar luz sobre un informe publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en el que se desprende que el nivel de calidad de vida en Extremadura apenas supera a la media nacional, fundamentalmente debido a la percepción que tienen los extremeños del trabajo y de su propia experiencia personal.
Según el denominado Indicador Multidimensional de Calidad de Vida (IMCV) correspondiente a 2022, que sintetiza cerca de 60 datos y variables oficiales repartidos en nueve dimensiones, la región tuvo el pasado año un índice global de calidad de vida de 101,651 puntos, superando por la mínima la media española (101,438). Además, se situó como la sexta comunidad con menor puntuación, solo seguida por Cataluña (100,876), Murcia (100,113), Galicia (99,681), Andalucía (99,137) y Canarias (98,663). Extremadura no resaltó en ninguno de los parámetros analizados, pero sobrepasó a la media del país en educación, ocio y relaciones sociales, seguridad física y personal, gobernanza y derechos básicos, así como en entorno y medio ambiente.
Por el contrario, la región suspendió en las dimensiones que tienen que ver con las condiciones materiales de vida y salud. En este sentido, cabe destacar que en la dimensión del trabajo, que tiene en consideración el número de puestos de trabajo y la calidad del mercado laboral, ocupó el último puesto del ranking . Además, se situó en la antepenúltima posición en el parámetro relativo a la Experiencia general de la vida, una sección que trata de evaluar el bienestar subjetivo de las personas a través de su satisfacción existencial, las emociones que experimentan y su percepción sobre el sentido de la vida.
Valoración baja
«En cada momento de la historia hay unas profesiones y unos saberes que se consideran más valiosos que otros. En este momento de la historia, el ‘espíritu’ está conformado por la economía», explica el profesor. Esto viene a decir que «en función de lo que tienes, vales, así nos ven los demás y nos vemos nosotros». «Significa que nos valoramos de forma desigual y esa es la estructura de funcionamiento de nuestra sociedad», apostilla. «Si en Extremadura producimos poco, porque estamos en zonas agrícolas, y hoy la agricultura tiene menos valor, pues valemos menos», señala. En consecuencia, la percepción que tienen los extremeños de ellos mismos es baja: «Extremadura ocupa las posiciones bajas porque se conforma con poco». «No esperemos milagros de que aquí es donde mejor vivimos porque tenemos una atmósfera respirable, un entorno habitable porque nos queremos mucho o somos muy guapos», bromea.
A su juicio, este estudio del INE está mal enfocado, ya que «entiende que las condiciones económicas, el clima o las relaciones personales están en el mismo plano de igualdad, con la misma proporcionalidad y eso no es verdad de aquí a Lima». En esta línea, Barbolla considera que la variable principal para poder determinar la calidad de vida de las personas es la económica. «Hay otras variables que tienen menos entidad, pero que están ahí, en función de que la persona se sienta más reconfortada si tiene amistades, de si es capaz de querer y ser querido o de no sentirse aislado. Al final, la mirada que se tiene a ese nivel equilibra un poco a lo que es la mirada económica de sentirse poco valorado», apunta el antropólogo.
Desde que el instituto estadístico comenzó a publicar estos datos en año 2008, los extremeños siempre se han situado por debajo de la media nacional en cuanto a la percepción que tienen de la calidad de vida. Tan solo han logrado superarla en 2019 y el pasado año, cuando se registró una mejoría con respecto a 2021, principalmente por las condiciones materiales de vida, trabajo, salud, educación, gobernanza y derechos básicos. Por contra, empeoraron su puntuación en lo relativo al ocio y relaciones sociales, seguridad física y personal, entorno y medio ambiente y, principalmente, experiencia general de la vida (cinco puntos menos).
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