Sector en dificultades

La lana extremeña no encuentra destino

Los almacenes de Lanas de Extremadura y Digaisa acumulan 3.000 millones de kilos de lana por el cierre del mercado chino, que dejó de comprar el género en 2022 por la viruela bovina y caprina de la que ya está libre España

Parte de la lana acumulada en los almacenes de Lanas de Extremadura.

Parte de la lana acumulada en los almacenes de Lanas de Extremadura. / Cedida

Almudena Villar Novillo

Almudena Villar Novillo

La tormenta perfecta azota desde hace años al sector de la lana en Extremadura. Empresas como Lanas de Extremadura y Digaisa, actualmente socias, acumulan en sus almacenes más de 3.000 millones de kilos de un producto de excelente calidad procedente de las ovejas merinas extremeñas, que no hallan salida ni en el mercado nacional ni en el internacional

Las causas de este escenario se explican en dos dimensiones: una global y otra específica española. En el caso del primer motivo, la baja demanda de los productos textiles desde la pandemia ha provocado un aumento de las existencias a nivel mundial y, si solo el 3% de las fibras que usa el sector pertenece a la lana, ocasiona que la solicitud de esta materia prima caiga también. Y la segundo razón (la española) se debe a que en 2022 la viruela bovina y caprina atacó a la cabaña española, se cerraron las fronteras y China, principal comprador mundial de lana, dejó de importarla para evitar contagios.

«Entre el 80 y el 90% de la lana española iba a China. Y, aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) decretó que España está libre de la viruela bovina y caprina, el gigante asiático ya no quiere nuestra lana. A los chinos les sobra la lana y no tienen interés en abrir las fronteras. Además, los políticos españoles no parecen dispuestos a buscar soluciones», describe la situación Adrián Sánchez, propietario y administrador de Lanas de Extremadura. En este contexto, Sánchez reconoce que el sector no sabe qué hacer con la lana, que en sus almacenes se acumula de campaña en campaña y que, poco a poco, pierde propiedades, amarillea porque la grasa se enrancia, desaparece la resistencia de la fibra y merma.

En este sentido, su socio, Marco Antonio Calderón, propietario y administrador de Digaisa, aclara también que cuando los precios se disparan, se utilizan menos la lana en los procesos textiles que conlleva un derrumbe de la demanda y así ilustra el escenario: «Llegó el covid y se fabricaron prendas que no se vendieron y se usó menos lana. La demanda descendió a mínimos históricos. Esto ha hecho que, por ejemplo, en las rebajas de 2024 no se fabricaron prendas específicas para ellas y esto no había ocurrido nunca. También afecta la tendencia del mercado de ropa usada y la subida de los precios, que ha dejado la ropa en segundo plano o se compra ropa barata».

Si la industria textil se encuentra al ralentí, pero las ovejas producen lana todo el año, «nosotros acumulamos la mercancía y el atasco es de lo lindo», subraya Calderón.

Lavado y peinado de la lana extremeña

Sin embargo, y mientras se esperan tiempos mejores, tanto Lanas de Extremadura como Digaisa descubrieron un mercado que les permite sobrevivir y dar salida aparte del género almacenado: lavado y peinado de la borra. Según explica Adrián Sánchez, compran el pelo de las ovejas sucio; posteriormente, se clasifica para destinarla a los diversos procesos textiles y de tejidos porque «no es lo mismo la lana corta y blanca, que la negra y larga; y también depende de qué zona del cuerpo de la oveja procede. Nos adecuamos a la industria. Ahora cogemos el producto, lo ponemos en contenedores de 24.000 kilos y los enviamos a Uruguay, que nos la lavan y nos la peina. Aquí ya no se puede hacer porque contamina los ríos. Una vez terminado el proceso, vuelve a nosotros». Y en este ir y venir, las compañías extremeñas pagan transporte, tasas de importación, impuestos del plástico... Y el resultado de esta enredada maniobra se destina a Europa, sobre todo a Polonia, Italia y Bielorrusia.

De este modo, ambas compañías subsisten, siguen recogiendo el vellón de las explotaciones y mantienen a sus trabajadores. «De momento, a los ganaderos les decimos que a ver si se reactiva el sector de cara a la temporada 2025-2026 porque la 2024-2025 está perdida, no hay orden de fabricación», resalta Marco Antonio Calderón y matiza que ellos han hecho una apuesta como empresa porque «clasificar la lana es un método artesanal y meticuloso. Tenemos un equipo de 35 personas y no todo el mundo sabe hacer este trabajo. Por eso mantenemos a todas las familias, para que cuando se reactive el sector podamos tener la capacidad de seguir trabajando».

Si la situación en Extremadura es complicada, en el resto de España es peor. Por ejemplo, el Gobierno de Aragón ha contratado a Tragsa para que recoja la lana y la destruya, y la Diputación Foral de Navarra ha dispuesto contenedores para depositar en ellos el producto. 

Por último, Raúl Muñiz, presidente de Interovic (Interprofesional del ovino y del caprino de carne) solicitó al ministro de Agricultura, Luis Planas, su intervención diplomática para que China vuelva a comprar la lana española.