Extremadura en la mochila

Yuste, de Monsieur Delors a Signore Draghi

Han pasado 29 años y parece que poco hemos aprendido en Europa

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

29 años después, aunque en Yuste es que como si el tiempo se hubiera detenido porque la cuna de Europa, que con tanto mimo acunó Carlos I de España y V de Alemania sigue intacta. Ay, Europa, esa vieja niña maltratada frente al dantesco dolor de los naufragios en Lampendusa, el drama de la tragedia en el Egeo, millones de refugiados sirios, de cunetas en guerra, terrorismo global, crímenes de lesa humanidad, de barbarie cotidiana... y el mundo estremecido. «Vamos a hacer limpieza general, o mejor todavía, una mudanza que nos permita abandonar las cosas sin tocarlas siquiera, sin mancharnos, dejándolas donde han estado siempre; vamos a irnos nosotros para empezar a acumular de nuevo. O vamos a prender fuego a todo y a quedarnos en paz, con esa imagen de las brasas del mundo ante nosotros». Ay, el mundo que tan bien deletreara Amalia Bautista. Ay, Europa.

«Amigos míos, aún no es tarde para hallar un Nuevo Mundo. Me interné en los bosques porque quería vivir eternamente, quería sacarle el jugo a la vida. Desterrar todo lo que no fuese vida para así no descubrir, en el instante de mi muerte, que no había vivido. ¡Oh, capitán, mi capitán!». Ay, el mundo, el Nuevo Mundo del profesor Keating. Ay, Europa.

29 años. Con sus meses y todos sus días; los que han pasado desde que la Academia Europea de Yuste entregara por primera vez el Premio Carlos V y lo hiciera en la persona de Jacques Delors, uno de los grandes arquitectos de Europa, miembro del Partido Socialista francés, presidente de la Comisión Europea entre 1985 y 1995 y funcionario del Banco de Francia en 1945, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa y de haber estudiado economía en La Sorbona.

En 1995

Aquella mañana del 6 de junio de 1995, en el monasterio jerónimo conocido mundialmente por ser la última morada del Emperador Carlos V, los Reyes eméritos Don Juan Carlos y Doña Sofía, acompañados del presidente del jurado, Marcelino Oreja, la ministra de Cultura, Carmen Alborch, y el entonces director de la Academia, José Antonio Jaúregui, presidieron la entrega del galardón, y Extremadura volvía a hacer historia.

Entonces, Delors se mostró convencido de que sin ideales y sin memoria histórica, la construcción europea no tendría un éxito durable ni sería una realización verdadera. Visionario Delors. Ay, Europa, tirando los ideales por el water. El Rey, como testigo del acontecimiento, asentía defendiendo que la unión de Europa no era sólo una aspiración sino una necesidad.

Han pasado 29 años y parece que poco hemos aprendido. Ay, Europa... «Jóvenes, juéguense la vida por grandes ideales», ha dicho el Papa Francisco ante los sordos oídos de la vieja Europa.

Esta mañana del 14 de junio, Mario Draghi, el que fuera presidente del Consejo de Ministros de la República Italiana y reputado economista, volvía a ocupar l a misma posición de Delors reclamando cooperación por los cambios que amenazan al modelo europeo. Las alarmas saltan y el Rey Felipe VI es taxativo al aseverar que la voz de Europa debe oírse.

Ay, Europa, la que soñó Carlos V, ese avanzado precursor de la globalización, que idealizó un orbe católico e imaginó un mundo unificado tras poner fin a todas las diferencias religiosas. Carlos V eligió Yuste como retiro y dio un ejemplo ético que inspiró a Fray Luis de León en aquel céebre poema: «¡Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruïdo, y sigue la escondida senda, por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido». Ay Europa, 29 años después. 

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