XVII PREMIO EUROPEO CARLOS V

La Extremadura que late con el corazón más europeísta

Europa es Extremadura y en Yuste late el corazón europeo. La Vera y toda la comunidad vivieron con la misma emoción que 17 años atrás la entrega del Premio Carlos V. Escolares, trabajadores, alarbaderos reales apostados en el recinto. Solemnidad y fiesta, pero sobre todo, Europa.

Raquel Rodríguez Muñoz

Raquel Rodríguez Muñoz

El premio Carlos V, que entrega la Fundación Europea e Iberoamericana de Yuste en su monasterio desde 1995, es sinónimo de seguridad, expectación y seriedad. Sobre todo, este día, retrasado este año por la cita electoral, Extremadura es Europa y el corazón de Europa late en un rincón extremeño elegido por un emperador que sonó con un estado europeo.

La organización no deja nada al azar, es un acto de Estado con todas las consecuencias y toda la trascendencia que entraña. La seguridad es palpable ya para el que circule por la carretera de la Vera desde el día antes. Además de los controles habituales, desde Cuacos de Yuste, ya era imposible acceder a la carretera que lleva a la última morada de quien da nombre al galardón la noche del jueves. Esa noche tuvo lugar una cena de honor presidida por el rey Felipe VI.

Llegada la mañana, autoridades y medios de comunicación, hasta una veintena, tres de ellos italianos, el país de origen de Draghi, accedían a la que fuera última morada del emperador en autobuses fletados por la Fundación.

Fieles a la tradición, los primeros en tomar sitio para la cita son los más pequeños, que se reparten en un lado y otro de la explanada de acceso al monasterio. Se trata de los escolares del colegio Ejido, de Jaraíz de la Vera, con quienes su alcalde, Luis Miguel Núñez, ha querido hacerse una foto, y también del Jeromín, de Cuacos de Yuste, del Gregoria Collado de Jaraíz, del Colegio Rural Agrupado Vera Tiétar, de Tejeda de Tiétar, del Francisco Parras de Losar de la Vera y del Santísimo Cristo de la Cruz, de Aldeanueva de la Vera. Los escolares formaban una pequeña multitud que agitaba banderas de la UE, de España y de Italia.

Entregaron al rey de España una caja con diversas cartas en las que le han pedido «que venga a nuestro colegio» y también han incluido dibujos y banderas. «Las leeré por el camino», les ha dicho el rey.

Felipe VI ha firmado una gran bandera y muchos autógrafos, al igual que el premiado, Mario Draghi y la presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola, los más jaleados y aplaudidos.

Los escolares pidieron autógrafos a Felipe VI, a quien entregaron varias cartas: «Las leeré de camino», dijo el rey

También algunos vecinos de Cuacos de Yuste, Jaraíz de la Vera o Garganta la Olla han querido estar presentes un año más. Pedro Pérez acude desde su primera edición y asegura que repetirá para la que será la XVIII edición en 2025.

Día de trajín para los trabajadores del monasterio, que tuvieron la ocasión de saludar personalmente al rey, aunque detrás de una puerta enrejada de acceso. Francisco Romero ha sido uno de ellos. Trabaja como electricista desde la primera edición. Recuerda que, entonces, la iglesia se calentaba «con setas de butano», mientras que ahora se contrata a empresas especializadas. También cuenta como anécdota que, el año en que el expresidente del Gobierno Felipe González fue premiado, estaba en el exterior fumando y «no sabía qué hacer con el cigarro, dónde tirarlo y yo se lo cogí». Ahora, el hijo de Francisco sigue sus pasos.

Una vez en el monasterio y, terminada la entrega del premio, Felipe VI, Mario Draghi y el resto de autoridades se han trasladado al exterior, para fotografiarse junto al Sello de Patrimonio Europeo otorgado al Monasterio de Yuste y han visitado el ‘Olivo de la paz’, plantado en el 2019. Para entonces, los invitados ya aguardaban sentados, según el estricto protocolo, dentro del monasterio, donde la temperatura baja unos grados con respecto al calor de la espléndida mañana que dio mayor empaque, si cabe, a tan importante jornada. En los minutos previos, había quien aprovechaba para fumar un pitillo, para saludar o para hacerse fotos, como hicieron todos los alcaldes de la Vera, presumiendo, justamente orgullosos, de su comarca.

Cita, sobre todo de políticos, con presencia de la mayoría de los consejeros, la presidenta de la Asamblea, diputados, subdelegado y delegado del Gobierno, el presidente de la Diputación de Badajoz, el alcalde de Cáceres y, por supuesto, eurodiputados.

Todos escucharon la auténtica clase magistral ofrecida por Mario Draghi. Un análisis certero, didáctico y crudo que siguieron, circunspectos, el vicepresidente del Banco Central Europeo, Luis de guindos, el Alto Representante de la UE, Josep Borrell y los ministros Albares y Cuerpo, este último, presumiendo de su tierra natal, a la que acude en cuanto sus obligaciones le dejan.

Sonaron en la celebración los himnos de España y de Europa. Una acústica increíble, la de la basílica donde se desarrolla el acto central, y una elegante ejecución por parte del cuarteto de cuerda de la Orquesta de Extremadura contribuyeron a una atmósfera solemne y serena, que culminó con la actuación de la soprano Delia Agúndez Calvo. Llegó luego la hora del coctail en el claustro y los invitados corrieron a refugiarse bajo la sombra de las espléndidas bóvedas. Felipe VI brindó con una copa de cava. Draghi se decantó por la cerveza.

Y a partir de entonces, el protagonismo lo tuvo la excelencia del producto y la cocina extremeña, la mejor embajadora de su papel trascendental en la Europa que debe volver a renacer, reinventarse. Con el ímpetu y la precisión de Carlos V, un monarca que buscó la serenidad entre los árboles y el agua de la Vera, mientras dedicaba sus últimos días a su colección de autómatas y relojes. Como hiciera el emperador, los europeos tenemos el encargo de engrasar la maquinaria para que el tiempo corra a favor de los ciudadanos. Y como apuntó el rey, miremos a las estrellas, a las amarillas de la bandera de la UE, o a las del cielo limpio de Extremadura. Tanto da.