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Enfermedad infecciosa

Virus del Nilo en Extremadura: La primera alerta cayó en la trampa

Quince días antes de conocerse los primeros dos contagios de fiebre del Nilo Occidental de este verano en la región, un dispositivo ubicado en Mengabril permitió detectar la también primera presencia de este virus en mosquitos

Este tipo de dispositivos suele avisar con unas semanas de antelación, lo que da margen a la toma de algunas medidas preventivas

Ejemplar de culex pipiens, vector del virus del Nilo.

Ejemplar de culex pipiens, vector del virus del Nilo. / Luis Mario Arce

E. B.

La trampa estaba colocada en el término municipal de Mengabril (Vegas Altas) y en ella habían caído en esa ocasión algo más de 3.200 hembras de mosquitos del género culex. De todas las pruebas PCR que se efectuaron con los ejemplares recogidos, dos dieron positivo en virus del Nilo. El muestreo se hizo el 9 de agosto y estos fueron los primeros positivos que se detectaban en el transcurso del verano en alguno de los dos dispositivos de captura con los que cuenta la Junta de Extremadura para este tipo de controles. Hasta entonces, los análisis siempre habían dado negativo igual que tampoco se había sabido de ningún caso de esta enfermedad en humanos. El día 24 de agosto, quince días después, fue cuando se tuvo conocimiento de las primeras personas contagiadas en la región en este año: un hombre de 66 años y una mujer de 56, ambos pertenecientes al área sanitaria de Don Benito-Villanueva.

El intervalo temporal discurrido entre el positivo revelado por la trampa y los primeros pacientes contagiados no es casual. «Numerosos estudios» elaborados en España y en otros países europeos afectados por esta enfermedad infecciosa, como Italia, Rumanía o Grecia, han permitido comprobar que «la detección del virus en los mosquitos suele comenzar dos o tres semanas antes de que aparezcan los primeros casos en humanos», precisa Eva María Frontera, profesora del área de Parasitología del Departamento de Sanidad Animal de la Facultad de Veterinaria de la Uex. 

Su capacidad de anticipación convierte a estas trampas en herramientas «de alerta temprana», que dan el «aviso de que pueden aparecer pronto casos en humanos». Eso da algo de tiempo para adoptar acciones preventivas, como alertar a la población cercana para que, en la medida de lo posible, evite las picaduras. Igualmente, puntualiza esta experta, puede dar margen para combatir al insecto, ya sea en su fase adulta, con la fumigación en núcleos urbanos, o larvaria, mediante métodos menos agresivos con otras especies si la presencia es en el medio natural. Por ejemplo, explica, existe una bacteria de origen natural, llamada Bti, que ataca las larvas, y que se aplica en el agua estancada en la que estas se encuentran.

 Según se aclara desde la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Sostenible, las dos trampas de las que se dispone están en funcionamiento todo el año. Se colocan semanalmente y su ubicación (Mengabril y Santa Amalia) está determinada «por criterios técnicos». 

Esta clase de receptáculos no solo sirven para controlar los mosquitos que transmiten el virus del Nilo, sino también la presencia de otros insectos que pueden ser vectores de enfermedades (el culicoides, de la lengua azul; o los flebótomos, que transmiten la leishmaniasis, entre otros).

«La detección del virus en los mosquitos suele comenzar dos o tres semanas antes de que aparezcan los primeros casos en humanos»

Eva María Frontera

— Profesora del área de Parasitología del Departamento de Sanidad Animal de la Facultad de Veterinaria de la Uex

Generalmente se emplazan durante doce horas –entre el atardecer y el amanecer- y los cebos que se emplean, detalla Frontera, son dos: luz y CO2. Este gas, que se puede obtener «mediante hielo seco», se usa porque el objetivo es atraer a insectos hematófagos (los que pican y chupan la sangre) y que, por tanto, pueden ser vectores de infecciones. Y lo que consigue el dióxido de carbono es simular el comportamiento de un animal cuando respira. 

Los ejemplares capturados se sexan en el Laboratorio Regional de Sanidad y Producción Animal de Badajoz y las hembras (que son las que pican) se remiten al Laboratorio Central de Veterinaria de Algete para detectar positividades de la enfermedad por PCR. Las pruebas no se hacen individualmente a cada insecto, sino que normalmente se agrupan «de 50 en 50» para efectuarlas.

Otros 8 muestreos anteriores

De acuerdo a la información facilitada por la Junta, hasta los mencionados primeros positivos del 9 de agosto, desde el 6 de junio se había realizado ocho muestreos en los que se habían controlado más de 14.000 hembras. Con posterioridad, se hicieron otros dos controles (uno en Santa Amalia y otro en Mengabril) y en cada uno de ellos se registró un positivo más.  

El 18 de septiembre se confirmó el primer fallecido por fiebre del Nilo Occidental en Extremadura, un varón de 83 años, perteneciente también al Área de Salud de Don Benito-Villanueva. Con esa fecha, se habían detectado 24 positivos, con seis hospitalizados. En todo el país, han sido ocho los fallecidos por esta infección, el último de ellos en Andalucía, la comunidad más afectada. 

Andalucía ya ha instalado sensores que, mediante inteligencia artificial, identifican la especie y el género analizando el patrón de vuelo de los insectos

El uso de estas trampas permite hacer un seguimiento periódico de las poblaciones de las distintas especies de mosquito y de cuál es su densidad. No obstante, Eva Frontera incide en que la presencia creciente en la Península de diferentes enfermedades transmitidas por vectores que hasta ahora habían sido de aparición poco frecuente hace cada vez más necesario aumentar la «vigilancia entomológica». También defiende el que hay que «acompañar» estos dispositivos «tradicionales» de control con otros métodos «más avanzados» que recurren a la inteligencia artificial. 

Larva de mosquito culex. RUBÉN DURO

Larva de mosquito culex. / Rubén Duro.

Sistemas que, por ejemplo, ya se han instalado en la comunidad andaluza, con sensores que discriminan estos mosquitos diana de otros insectos que no lo son, identificando el género al que pertenecen. Diferencian tanto la especie como el sexo mediante el análisis de su patrón de vuelo en el momento en que son aspirados por el flujo de aire generado por la trampa de captura a la que está adosado. Y transmitir toda esta información en tiempo real.

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