Demografía
Extremadura envejece: ya hay 31.500 mayores de 60 años más que jóvenes menores de 30
El envejecimiento se intensifica y no deja de crecer año tras año. «Es un éxito social, pero muy negativo desde el punto de vista económico y demográfico», señala un experto de la UEx

Un abuelo cuida de su nieto en un parque. / EL PERIÓDICO
El envejecimiento de Extremadura se intensifica. En los últimos años, la brecha entre la población más mayor y la más joven sigue creciendo en la comunidad. El índice de envejecimiento demográfico se mide con el porcentaje de población mayor de 64 años sobre la población menor de 16, ya hace años que son mayoría los primeros frente a los segundos y, además, no para de crecer año tras año. Actualmente, hay 158 mayores de 64 años por cada 100 jóvenes menores de 16. Y esta tendencia se está trasladando ya a toda la población joven hasta los 30 años de edad.
De hecho, en la época de la postpandemia se ha producido un hito demográfico en Extremadura: desde 2022 la población de más de 60 años ha empezado a superar por primera vez a la de menos de 30 años. Otro dato que muestra el vertiginoso envejecimiento de la sociedad extremeña. Del poco más del millón de residentes (1.051.987) que el INE contabilizaba a 1 de octubre de este año en Extremadura, 290.721 no habían cumplido los 30 años y 322.275 superaban los 60, lo que indica que los segundos son 31.554 más que los primeros. Esto significa que los mayores superan en un 10% a los jóvenes y ese porcentaje ha crecido cuatro puntos en solo un año, ya que en 2023 el porcentaje era del 6%: había 314.987 mayores de 60 frente a 293.895 menores de 30.
Un hito muy reciente
Pero ha sido muy recientemente cuando en estas franjas de edades se ha dado la vuelta a la tortilla. Hace tan solo tres años, en 2021, todavía eran más los jóvenes (menores de 30) que los mayores (más de 60), pero la balanza cambió por completo a partir del año siguiente. Según los datos de la Estadística Continua de Población, que publica trimestralmente el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), fue en el 2022 cuando una franja superó a la otra con más de 303.000 residentes en la comunidad con más de 60 años, frente a los 300.000 menores de 30, a fecha de 1 de enero de ese año. Y desde entonces esa tendencia no solo continúa, sino que la diferencia va incluso creciendo.
«La natalidad es ya irreversible a corto plazo y la solución pasa por facilitar la inmigración»
Estos números también suponen que en la región, según los residentes actuales, uno de cada cuatro extremeños sobrepasa la antigua edad de jubilación. Del total de residentes en Extremadura (1.051.987) casi 240.000 tienen más de 65 años. Esa proporción es menor en el conjunto nacional, de uno de cada cinco españoles.
Incluida la franja de edad de 60 a 64 años, los mayores se quedan con el 30,6% del censo total de la población de Extremadura, mientras los extremeños de 0 a 29 años suponen el 27,6% del total, según los últimos datos de octubre.
Pero hace quince años la balanza se inclinaba hacia la población joven, en el sentido inverso al actual. En 2009 se contabilizaban en la comunidad 373.000 jóvenes menores de 30 años y 261.000 mayores de 60, lo que da idea de la velocidad a la que está envejeciendo la población.
‘Sexalescencia’ y ‘baby boom’
«Hay que tener en cuenta que ahora estamos llegando a la llamada ‘sexalescencia’ todos los que nacimos en el ‘baby boom’, que somos generaciones muy nutridas mientras las generaciones que vienen detrás son muy menguadas, y eso no hay manera de romperlo de otra manera que no sea con la inmigración», explica Antonio Pérez, geógrafo y profesor de la Universidad de Extremadura.
Porque el problema de fondo viene de atrás, es la fuerte caída de la natalidad, que ya es «irreversible», sostiene el experto. «Con la natalidad ya no hay que contar, es irrecuperable a corto plazo porque es una tendencia cultural, ideológica... y no hay manera de revertirla. Las políticas pronatalistas en pocos países han tenido éxito, salvo en aquellos que han puesto en marcha medidas de conciliación laboral y familiar hace ya mucho tiempo, como en la Europa central y del norte», subraya.
Esta caída de los nacimientos y el aumento progresivo de la esperanza de vida plantea desafíos de carácter demográfico, social y económico que no tienen fácil solución ni parecen prioritarios para los gobernantes, según Pérez. «Poner en marcha políticas ahora que tengan resultados positivos dentro de 30 o 40 años no les interesa ni a los que están ahora ni a los que vengan, sean del signo que sea, porque no las rentabilizan; les interesan las políticas a corto plazo», lamenta el profesor.
Éxito social, dilema económico
Pero, ¿es negativo el envejecimiento? Desde el punto de vista social «es un éxito, porque permite que las personas vivamos más tiempo», sostiene Pérez. Hace un siglo la esperanza de vida era de 40 años y ahora supera los 80 gracias a la mejora de la calidad de vida: «tenemos trabajos más cómodos, una mejor alimentación, higiene y sanidad y en ese aspecto la lectura es positiva». Sin embargo, es todo lo contrario desde el punto de vista económico y demográfico. «Es muy negativo. ¿Quién va a trabajar en el futuro para poder mantener las pensiones? ¿Vamos a poder seguir dando becas a los estudiantes, por ejemplo? ¿Quién sostiene el sistema si no hay jóvenes que trabajen?», se pregunta el experto. La clave, indica, pasa por la inmigración que pueda realizar trabajos en los sectores con más déficit de mano de obra en estos momentos, como el campo o la construcción. «Pero eso es difícil de hacérselo entender a algunas mentes», lamenta.
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