El Gobierno central declara 2025 como Año del Pueblo Gitano en España
Quince mil gitanos en Extremadura: «Queremos igualdad y no ser víctimas de la discriminación»
Diferentes colectivos trabajan para ayudar a romper las barreras que existen en ámbitos como la educación, el empleo o la vivienda

Celebración del día del pueblo gitano, en Badajoz. / S. GARCÍA
El 12 de enero de 1425, antes de que se constituyera el Estado español, el rey Alfonso V de Aragón otorgó un salvoconducto a un grupo de gitanos nómadas que se dirigía a Castilla a través de los Pirineos. Es la primera vez que se documenta la llegada del pueblo gitano a la península ibérica. Muchas de aquellas familias que declararon peregrinar a los santuarios cristianos pasaron por el de Guadalupe y decidieron quedarse en Extremadura o ‘Morochandé', que significa tierra de pan en caló. A pesar de su buena acogida inicial, esta comunidad ha sido víctima de legislaciones discriminatorias, expulsiones, estigmatización y falta de reconocimiento.
El pasado 4 de enero, el Consejo de Ministros aprobó una declaración institucional con motivo del 600º aniversario de la llegada del pueblo gitano a nuestro país y declaró 2025 como Año del Pueblo Gitano en España. El objetivo es rendir homenaje a la significativa contribución cultural, social y lingüística de la etnia gitana, así como reflexionar sobre los retos históricos y actuales que todavía enfrenta. En esta línea, la iniciativa del Ejecutivo busca reconocer las injusticias pasadas y presentes que sufren, así como garantizarles igualdad y libertad.
Una de las muchas tentativas de eliminación de los gitanos se produjo con la llegada de los Borbones. A través de la Pragmática de 1717 se les obligó a residir en lugares establecidos de los que no podían desplazarse sin autorización de las justicias locales, pero ante la poca efectividad de esta ley, se promulgó otra en 1726, que añadía una serie de prohibiciones para terminar con la presencia de los gitanos en los caminos. En concreto, entre las 35 ciudades que se establecieron para vecindad de los gitanos había tres extremeñas: Plasencia, Trujillo y Cáceres.
Según relatan los historiadores, en el año 1788, las justicias elaboraron un informe donde constaba el asentamiento de 631 gitanos residentes en Extremadura, entre los que figuraban 13 chicos escolarizados y otro, Nicolás Vargas, que hacía de monaguillo en Los Santos de Maimona. El período entre 1850 y 1950 se puede considerar la época dorada para los gitanos extremeños, ya que fue el único momento de su historia en el que pudieron dedicarse libremente al comercio de ganado, lo que les permitió alcanzar, en muchas zonas, un gran nivel económico y de relevancia social.
La realidad regional
Aunque no existen datos oficiales, se estima que en torno a 15.000 gitanos viven en la actualidad en Extremadura. La música, la gastronomía y las fiestas propias de este pueblo son una prueba irrefutable de su gran influencia en la región: los jaleos y los tangos, la Feria Chica de Mérida, la de San Miguel o la Romería de la Virgen de los Remedios. A pesar de la profunda huella cultural, social y lingüística que han dejado en la sociedad española y extremeña, a día de hoy existen importantes barreras en ámbitos como la educación, el empleo, la vivienda y la salud, lo que perpetúa la exclusión social y económica de esta comunidad.
«Si eres gitano y vas a alquilar una vivienda, no te la alquilan, y si vas a buscar empleo, no te lo dan. Lamentablemente, hay racismo y es una realidad que sigue existiendo», sostiene el presidente de la Federación de Asociaciones del Pueblo Gitano de Extremadura (Fapugex), Juan Vázquez. Este colectivo aglutina a 14 asociaciones gitanas y tiene entre sus objetivos intervenir ante actitudes de racismo, xenofobia o discriminación hacia el pueblo gitano, favoreciendo el acceso a la educación y la vivienda en casos de riesgo o exclusión social, además de promover la integración laboral. «Todo lo que hagamos es poco», traslada.
Cabe destacar que la educación es clave para abordar las desigualdades por lo que, en este sentido, es fundamental poner todos los recursos que sean necesarios para frenar el absentismo escolar y lograr que el alumnado gitano culmine la etapa educativa obligatoria. Para ayudar con esta labor, en Fapugex cuentan con 18 promotores o mediadores escolares que se encargan de comprobar que los padres llevan a sus hijos al colegio, de supervisar después en el centro que asisten a clase, de conocer si requieren esfuerzo escolar y proporcionárselo, así como de lograr que sus padres se involucren igualmente en la vida del centro y asistan a las reuniones.
Otra de las entidades que trabajan con mayor ahínco en la región es Fundación Secretariado Gitano, que tiene previsto realizar varios eventos con motivo del reconocimiento que ha hecho el Gobierno. Así, el 7 de abril se realizará un acto institucional, a las 12 horas, en el complejo San Francisco de Cáceres. Se llevará a cabo la perfomance ‘Picasso, los gitanos y el flamenco’. Otra de las iniciativas será la exposición ‘600 años, una historia compartida’, compuesta por 12 láminas que van contando la historia del pueblo gitano, y que se llevará a las sedes de la Fundación: Navalmoral de la Mata, Plasencia, Cáceres, Mérida, Badajoz, Don Benito, Almendralejo y Zafra.
Programas de ayuda
«Hay que a conocer qué es el pueblo gitano, las bondades, lo que podemos aprender de ellos y nada más», afirma la presidenta de la entidad, Mercedes Moreno. Entre los programas que desarrollan, a nivel educativo cabe destacar Promociona, que tiene como punto de partida una evidente situación de inequidad educativa: seis de cada 10 jóvenes gitanos no han completado con éxito los estudios obligatorios y hay un 89% de abandono escolar. «Son datos que alarman que tienen que abrir las carnes a cualquiera, por ello, pedimos que se trabaje la especificidad de la población gitana y se pongan medios a las instituciones», reclama.
Para el acceso al mercado laboral, la Fundación cuenta con el programa Acceder, que desarrolla itinerarios individualizados de inserción sociolaboral, busca la incorporación de la población gitana al empleo y, por tanto, su implicación y participación en la sociedad como ciudadanos de pleno derecho. «Las tasas de desempleo siguen siendo altísimas, también las de desempleo juvenil», advierte. De esta forma, el objetivo es «conseguir que la población gitana entre en el mercado laboral y permanezca en un mercado laboral de calidad». «No podemos pensar que con contratos solo temporales ya nos vale», apostilla.
«También es fundamental que haya un compromiso mayor contra el antigitanismo, con respuestas institucionales y jurídicas firmes ante de los casos de discriminación y los discursos de odio», señala. En este sentido, añade que "hay que apoyar a las víctimas cuando dan ese paso de denunciar y, sobre todo, ayudar a la reparación". "En la población gitana está muy poco representada la discriminación y no es porque no la sufran, sino porque tienen interiorizado que es lo que pasa siempre y para qué van a decir nada. Sí que se ha avanzado, pero queda muchísimo camino por recorrer», asegura.
Con respecto a la situación de las mujeres gitanas, explica que estas ejemplifican la multidiscriminación, es decir, tienen la condición de ser gitana y mujer a la vez. Para ellas está pensado el programa Calí, pues este tiene como objetivo la mejora de su integración socio-laboral, a través del fomento de la igualdad de oportunidades, de la igualdad de género y la lucha contra toda forma de discriminación, con especial atención a esa discriminación múltiple que sufren las mujeres gitanas y a las víctimas de violencia de género.
Antonio Manuel Gil: «He tenido dificultades para encontrar un trabajo»
Antonio Manuel Gil tiene 26 años y, en la actualidad, se encuentra desempleado. Para adquirir competencias formativas que le ayuden a la hora de encontrar un puesto de trabajo, ha optado por apuntarse al curso Busca tu empleo, que desarrolla la Fundación Secretariado Gitano. Además, el pasado año participó en uno sobre cómo aprender a cocinar. «Los cursos que hago me están sirviendo mucho porque me ayudan a la hora de tener más formación, no es lo mismo buscar un trabajo sin ningún conocimiento, que teniendo idea de a lo que aspiras», sostiene.

Antonio Manuel Gil. / EL PERIÓDICO
«Por mi situación económica y familiar, a día de hoy mi prioridad es tener un trabajo, y he entendido que para conseguirlo es necesario tener unos estudios mínimos y una formación básica», subraya. «Cuando no disfrutas de un trabajo fijo, tienes que optar por hacer un poco de todo, por eso he estado trabando en el mantenimiento de jardines, de piscina, de auxiliar de jardinería o de pintor», relata. Ahora, confiesa que le gustaría cursar Formación Profesional para celador, carpintero o electricista. «Por desgracia, he tenido dificultades a la hora de encontrar trabajo por ser gitano», lamenta.
Débora Muñoz: «He encontrado más trabas en la vida por ser mujer y gitana»
«He encontrado más trabas en la vida por ser mujer y gitana». Así se expresa Débora Muñoz, quien participa desde hace ya varios años en el programa Calí de la Fundación Secretariado Gitano, que tiene como finalidad la formación y el desarrollo de la mujer. «Los cursos que hago, me han servido para ver que hay mujeres como yo que tienen las mismas inquietudes y pensamientos, que no soy un bicho raro como pensaba». Relata que cuando estaba en el instituto, algunas compañeras se alejaban sin conocerla porque tenían prejuicios. Pese a ello, siguió con sus estudios hasta conseguir el título de auxiliar administrativa.

Débora Muñoz. / EL PERIÓDICO
Confiesa que su sueño era ser arquitecta, pero por circunstancias familiares decidió no cursar un grado universitario. «Siempre fui al colegio porque la educación para mis padres fue lo principal, porque la ignorancia nunca trae nada bueno», señala. En la actualidad, Muñoz trabaja como peluquera y esteticista, y no cesa en su formación. «Me gusta saber cosas, no quedarme estancada y reciclarme. En mi profesión tienes que estar reciclándote cada dos por tres y eso me gusta mucho, es algo que me interesa», destaca.
Ángel Cristo Amaya: «Los prejuicios llevan a que ni te den una oportunidad»
Ángel Cristo es de Don Benito y, desde que salió del instituto, ha participado en casi todos los programas que le ha ofrecido la Fundación Secretariado Gitano. «La ayuda ha sido fundamental desde siempre, la verdad que conmigo han hecho una muy buena labor», sostiene. Entre otras cuestiones, ha tenido apoyo para rellenar documentación, el currículum, e incluso le avisan cuando salen ofertas de trabajo que pueden ser acordes para su formación. "Cualquier cosa que necesite, les llamo y siempre me ayudan en todo lo que pueden", asegura.

Ángel Cristo Amaya. / EL PERIÓDICO
«He tenido épocas en las que he cobrado el paro, pero al final acabo trabajando porque siempre estoy buscando de lo que haya, he hecho un poco de todo», explica. Desde hace ya tiempo trabaja en la empresa Feval y reconoce estar «contentísimo». Lamenta que por el hecho de ser gitano haya tenido dificultades para acceder al mercado laboral: «Ya no es solo racismo, sino los prejuicios, porque la gente ve llegar a un gitano y ya tienen una idea preconciba de ti, ni siquiera te dan la oportunidad de conocerte". "Una vez que me han dado la oportunidad, están encantados, pero en muchos sitios ni te la dan», afirma.
Rosario Santiago: «Para mí es fundamental que mis hijos reciban formación»
Rosario Santiago vive en Badajoz y está desempleada. Desde que eran muy pequeños, sus hijos Juan y Jesús Manuel, de 15 y 17 años, respectivamente, participan por las tardes en el programa Promociona de la Fundación Secretariado Gitano, destinado al refuerzo en el ámbito educativo. «La verdad es que les viene muy bien porque les ayuda mucho a la hora de hacer las tareas y estudiar para los exámenes. Yo no les puedo ayudar porque no sé y para mí es importantísimo que primero terminen sus estudios», sostiene.

Rosario Santiago. / EL PERIÓDICO
«Hoy en día, si no tienes estudios, no te puedes sacar el carné de conducir, ni trabajar ni nada. Para mí es fundamental que reciban formación para que puedan seguir adelante el día de mañana», apostilla. Por ello, anima a participar en el programa: «Es una ayuda muy grande que dan a los niños de los padres que no pueden ayudarlos con la educación». Afortunadamente, sus hijos no han sufrido discriminación por ser gitanos: «La verdad es que les pregunto si le hacen algo y me dicen que no». Por contra, ella sí sabe lo que es que te señalen: «Cuando vas a comprar o alguna tienda, el guarda te persigue porque solo por ser gitana, se piensa que vas a robar».
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