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Tren de borrascas

Reabre en tiempo récord el yacimiento Cancho Roano, afectado por el temporal

El Centro de Interpretación de Cancho Roano, que se había clausurado por las intensas lluvias de la pasada noche, ha reanudado las visitas tras el trabajo de los operarios

Rocío Muñoz

Rocío Muñoz

El Centro de Interpretación de Cancho Roano ha reabierto sus puertas en tiempo récord, tan solo horas después de que el temporal Laurence dañara las inmediaciones del recinto, situado en Zalamea de la Serena. Fuentes de la Consejería de Cultura han explicado a este diario que el yacimiento ya está abierto al público y que se puede llegar y aparcar con normalidad, tras una mañana marcada por el trabajo de los operarios, que han tratado de restaurar las zonas afectadas.

La Consejería ha recalcado que el personal de limpieza ha quitado las ramas de árboles que impedían el acceso debido a la crecida del arroyo Cagancha, que ha ocasionado la acumulación de agua en el depósito.

Cancho Roano, un santuario religioso

Cancho Roano, más que un simple yacimiento, fue un centro de confluencia de creencias, comercio y rituales, cuyo legado continúa revelándose bajo la tierra extremeña.

Ubicado en la Reserva Natural de la Biosfera de la Dehesa de Badajoz, se considera uno de los conjuntos tartésicos mejor preservados de la península y, por su tamaño y el gran estado de conservación, se trata de un yacimiento único en su género.

En el siglo IV a.C. el edificio se clausuró por un incendio y se tapiaron puertas y ventanas. Con el paso del tiempo quedó enterrado por la vegetación, pero los objetos que se encontraron en el interior sugieren que era un centro comercial y religioso. Los molinos de grano, telares y vasos rituales presagian que los mercaderes de la zona acudían a este lugar para sancionar sus intercambios con cultos religiosos, que probablemente estaban relacionados con las cosechas o la fertilidad de la tierra.

El descubrimiento de edificios más antiguos y altares bajo el pilar del santuario actual señala que este lugar fue de gran importancia religiosa desde tiempos remotos.

Rodeado por pequeñas sierras que dibujan el paisaje del valle de La Serena, el santuario se distigue por el arroyo Cagancha, elemento fundamental en la construcción de la estructura, pues su cauce estableció una protección natural contra las riadas. Incluso en épocas de sequía, el arroyo mantiene un flujo constante de agua gracias a los manantiales cercanos.

El yacimiento está compuesto por tres edificios superpuestos, en los que destaca el principal, con muros de adobe de color rojizo y rodeado de grandes piedras calcáreas. Su disposición en forma de U, con once habitaciones y un amplio patio, resalta porque sigue la estructura antigua de la región.

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