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Tren de borrascas: los efectos en la región

El tesoro arqueológico extremeño que ha quedado inhabilitado tras el temporal en Badajoz

Las intensas lluvias han hecho mella en el yacimiento de Cancho Roano, en Zalamea de la Serena, y se han restringido las visitas

Rocío Muñoz

Rocío Muñoz

La borrasca Laurence ha hecho mella en Extremadura. Especialmente en Badajoz, donde se han cortado una veintena de carreteras y se ha activado el plan de inundaciones. Pese a las medidas tomadas, las fuertes lluvias que azotaron la región la pasada noche han causado importantes daños en el yacimiento arqueológico de Cancho Roano, considerado un tesoro arquitectónico de Zalamea de la Serena. La infraestructura del recinto se ha visto afectada y, por seguridad, se han restringido las visitas hasta nuevo aviso.

Cabe destacar que el arroyo Cagancha atraviesa la zona y, debido a la proximidad, el depósito puede verse daminificado por este tipo de fenómenos meteorológicos. Las autoridades competentes han decidido suspender temporalmente el acceso a visitantes, priorizando la seguridad tanto de los turistas como del personal encargado del cuidado y conservación del lugar.

Antes y después de Cancho Roano

Antes y después de Cancho Roano / Facebook/ Turismo La Serena

Antes y después del yacimiento Cancho Roano tras el temporal

Antes y después del yacimiento Cancho Roano tras el temporal / Facebook/ Turismo La Serena

Cancho Roano, un santuario religioso

Cancho Roano, más que un simple yacimiento, fue un centro de confluencia de creencias, comercio y rituales, cuyo legado continúa revelándose bajo la tierra extremeña.

Ubicado en la Reserva Natural de la Biosfera de la Dehesa de Badajoz, se considera uno de los conjuntos tartésicos mejor preservados de la península y, por su tamaño y el gran estado de conservación, se trata de un yacimiento único en su género.

En el siglo IV a.C. el edificio se clausuró por un incendio y se tapiaron puertas y ventanas. Con el paso del tiempo quedó enterrado por la vegetación, pero los objetos que se encontraron en el interior sugieren que era un centro comercial y religioso. Los molinos de grano, telares y vasos rituales presagian que los mercaderes de la zona acudían a este lugar para sancionar sus intercambios con cultos religiosos, que probablemente estaban relacionados con las cosechas o la fertilidad de la tierra.

El descubrimiento de edificios más antiguos y altares bajo el pilar del santuario actual señala que este lugar fue de gran importancia religiosa desde tiempos remotos.

Rodeado por pequeñas sierras que dibujan el paisaje del valle de La Serena, el santuario se distigue por el arroyo Cagancha, elemento fundamental en la construcción de la estructura, pues su cauce estableció una protección natural contra las riadas. Incluso en épocas de sequía, el arroyo mantiene un flujo constante de agua gracias a los manantiales cercanos.

El yacimiento está compuesto por tres edificios superpuestos, en los que destaca el principal, con muros de adobe de color rojizo y rodeado de grandes piedras calcáreas. Su disposición en forma de U, con once habitaciones y un amplio patio, resalta porque sigue la estructura antigua de la región.

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