Entrevista | Pilar Galán Rodríguez Nueva académica numeraria de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes
Pilar Galán: "La ignorancia es más peligrosa que el olvido y la lectura es la única defensa"
A la espera de tomar posesión, la escritora, profesora y columnista de este diario (Navalmoral, 1967) asume con ganas y responsabilidad su nombramiento en la Real Academia Extremeña de las Artes y las Letras, que ahora respaldará a Pilar Galán en la misión que "a pequeñísima escala" lleva haciendo toda su vida: promover la cultura, dar a conocer autores, salvar textos....

Pilar Galán posa para este diario en el IES Hernández Pacheco, de Cáceres, donde ejerce de profesora. / Carlos Gil
-¿Qué supone el nombramiento como académica de la Real Academia de las Letras y las Artes de Extremadura?
-Siento muchísimo agradecimiento a las personas que me han apoyado y me han propuesto, es un honor. Me hubiese encantado compartirlo con mis padres, porque es una de esas cosas que alegran a los padres. Y luego también supone una responsabilidad enorme porque estás al lado de gente con un talento increíble. Una se siente humilde y muy poquita cosa, pero con muchas ganas de aprender.
-¿En qué consiste ser académica? ¿Cuál es la misión?
-Todo el mundo me dice que es un cargo con cargas, pero bueno, las cargas son relativas. En los estatutos de la Academia se dice que la misión es promover la cultura, dar a conocer a autores, salvar textos, la cultura extremeña en todo su sentido y la naturaleza también. El trabajo consiste al final en lo que yo llevo haciendo toda la vida a una escala pequeñísima, a escala individual, y ahora amparada, arropada y asesorada por una institución como la academia.
-¿Lo había imaginado alguna vez?
-Nunca lo había pensado. No suena sincero, pero es verdad. Creo que es una cosa que llega a la gente de más edad y con más méritos.
-Pero méritos a usted no le faltan: tiene más de veinte premios, una quincena de libros publicados, otros tantos colectivos, coordina talleres literarios, clubes de lectura...
-Siempre hay personas con más méritos que tú para ocupar cualquier puesto, pero creo que también es hora de no pensar en eso, sino de que es hora de ponerse a trabajar. En Extremadura no somos conscientes de la cantidad de gente valiosa que tenemos.

Pilar Galán durante la entrevita con este diario. / Carlos Gil
-¿Y somos conscientes de la labor que desempeña esta Academia? ¿Cómo promoverla más?
-Una de las funciones de la Academia es organizar ciclos de conferencias, congresos… En mi primera toma de contacto, fui a la sede en Trujillo que es preciosa y asistí a la conferencia de la académica Carmen Fernández Daza sobre Carolina Coronado y me pareció sorprendente la cantidad de gente que había. Me sorprendió que hubiese tanta gente en Trujillo una tarde de un viernes lluvioso y frío. Me gustó mucho el ambiente, fue todo muy amable, nada protocolario.
-¿Cree que se conoce lo suficiente?
-Creo que tiene un papel importante en la sociedad. Es verdad que a lo mejor falta labor de difusión, pero no por la propia Academia, sino porque a veces parece que no valoramos las instituciones que tenemos, como pasa con las bibliotecas públicas. La Academia hace una labor muy importante y si la gente no la conoce más es porque no quiere y porque no se preocupa de conocer su legado. Pero hay mucha gente que sí conoce esta institución, de hecho me ha sorprendido la cantidad de gente que me ha felicitado porque lo considera importante y forma parte de la conciencia colectiva de la cultura extremeña.
-La Academia cuenta con una biblioteca con obras de Ramón y Cajal que le encantará seguro…
-Es impresionante, creo que tiene más de 47.000 volúmenes. Es maravillosa. Los libros de Ramón y Cajal tienen sus anotaciones personales, con su propia letra, que dan una idea de la personalidad porque son anotaciones personales no solo académicas. Fíjate si se puede reconstruir la personalidad de una persona con lo que escribe al margen de cada libro. Así empezó el castellano con las glosas.
--En el mundo de lo superfluo, del postureo y el ‘clickbait’, ¿ha dejado de interesar nuestra historia y cultura?
-Curiosamente luego vas a los pueblos y hay mucha gente participando en cualquier acto cultural, gente que quiere mantener la memoria oral, las leyendas, las tradiciones y costumbres. Imparto muchos talleres literarios y voy a clubes de lectura y son sobre todo mujeres las que mantienen viva esa llama.
-¿Hay un mayor desapego quizás entre los jóvenes?
-Generalizamos mucho cuando hablamos de jóvenes y sí que son grandes lectores aunque nos cueste reconocerlo y también les interesan las tradiciones; yo creo que esa es la brecha que tenemos que cerrar, el abismo que hay entre las instituciones y los jóvenes.
-Ante el discurso del miedo y del odio que parece imponerse, ¿es más peligroso el olvido o la ignorancia?
-La ignorancia siempre es muy peligrosa y ante eso la lectura, la formación y la enseñanza y aprender cosas es la única defensa posible. Vivimos en una sociedad tremendamente polarizada, que se agravó con la pandemia, pero las tradiciones son puntos de encuentro entre la gente mayor y la joven. Coordino un proyecto intergeneracional en el que unimos a las personas de los centros de mayores de Cáceres con mis alumnos para hacer lecturas, recitar, escuchar tradiciones y aquí, incluso el alumno que peor se porta es como si de pronto se volviese mucho mejor en compañía de las personas mayores y luego a los mayores les gusta estar con la gente joven. Es alucinante porque los que no tienen abuelos desconocen por completo el tema de la emigración y ahí creo que la Academia tiene un papel fundamental para mantener las tradiciones, conservarlas y darlas a conocer. Instituciones además que están por encima de la política y mantienen ese tempo que necesita la cultura en el mundo de usar y tirar y del ahora ya en el que vivimos ahora.
-También es el mundo del lenguaje millennial, de los anglicismos… ¿eso es negativo o positivo?
-La lengua se enriquece siempre, no es una cosa muerta. Entonces, mientras los jóvenes utilicen esa forma de hablar y no la pongan en los exámenes o en un documento oficial, la lengua se enriquece. Y luego para protegerla de los anglicismos, pues están las instituciones, está el propio uso, están los diccionarios, pero la lengua crea palabras nuevas y eso es lo interesante.
-Recientemente, la RAE ha admitido ‘marichulo’ o ‘perreo’, ¿le parece bien?
-Son justamente dos palabras que no me gustan, como cuando admitió ‘amigovio’. La Academia de la Lengua, pues tiene sus tiempos y a veces admite una palabra que ya no usa nadie, pero yo creo que está bien que se creen. Hay que destacar también que la Academia de Extremadura tiene una relación con Hispanoamérica y con Portugal y eso me parece muy importante y enriquecedor. Nuestro idioma no es nuestro y esa labor de contactar con Hispanoamérica y Portugal es muy buena porque parece que se habla con desprecio con las palabras que usan en Hispanoamérica, pero es que también es nuestra lengua, son muchos más que nosotros y hay que aprender mutuamente.

Pilar Galán posa para este diario. / Carlos Gil
-El Consejo de Europa ha pedido a las instituciones que reconozcan y cuiden las lenguas extremeñas: la fala, el portugués rayano y el extremeño, ¿qué le parece?
-Cuando desaparece una lengua, un dialecto o un habla se pierde una forma de entender el mundo. Las lenguas interpretan el mundo y es una forma de mirar el mundo y contarlo y hay que respetarlas, por eso creo que hay que proteger todo. Además, en el norte de Extremadura la fala está muy viva y es muy rica.
-Pero hay gente que mira con desprecio el extremeño...
-El extremeño no es una lengua, es un dialecto, pero hay que respetarlo igual. Igual que a mí me parece un poco triste que no sepamos catalán ni vasco ni gallego, son las lenguas de nuestro país. Me gustaría conocer, por ejemplo, la literatura vasca más de la que la conozco y que mis alumnos la conocieran, que aprendiesen palabras de nuestro dialecto y también la fala.
-¿Aprender catalán o vasco? Ahí hay un gran muro…
-Es que cuando se mezcla lengua e ideología qué mal acabamos… bueno, cuando se mezcla ideología con cualquier cosa.
-Desde 2020 la academia está presidida por una mujer por primera vez en 40 años de historia. ¿Están cambiando las cosas?
-Es un signo muy lento, muy lento. Lo que cuesta dar un paso hacia delante y lo fácil que damos pasos hacia atrás. Hay muchísimas mujeres haciendo cosas maravillosas en muchos campos y es hora de que demos ese paso al frente también, porque es verdad que a veces sí que hay un propio techo de cristal que nos ponemos por la familia, por los hijos... Estamos trabajando mucho y bien, pero estamos más expuestas en los cargos de responsabilidad que un hombre y luego siempre está la conciencia de decir de dónde saca tiempo para tener a su familia. Que es una pregunta que curiosamente no se la hacen a ningún hombre. A mí sí me lo han hecho muchas veces en las entrevistas.
-¿El nuevo cargo le va a quitar tiempo para seguir escribiendo? ¿Tiene nuevo libro a la vista?
-Obviamente tienes que trabajar por un nombramiento y lo que yo pueda hacer lo voy a hacer, pero siempre saco tiempo. Siempre digo que soy muy vaga para escribir, pero si algo me apasiona lo hago. Siempre estoy dando vueltas a la cabeza, pero ahora tengo un libro de cuentos que me gustaría sacar pronto.
-¿Nos puede avanzar algo más?
-Será de microrrelatos, vuelvo al tamaño más pequeño. He vuelto a los cuentos porque es como empecé. Soy una admiradora de Cortázar, de Borges, de Rulfo, de Aldecoa, de Ana María Matute, de Martin Gaite… Los cuentos son como la columna semanal que escribo en el Periódico Extremadura que me mantiene activa y me obliga a escribir cada semana y a mirar el mundo. Y los cuentos hacen lo mismo. Estoy retomando lo que aprendí porque lo había olvidado un poco, es decir, las novelas son un arte de madurez, de más tranquilidad, de más planificación y los cuentos son un chispazo y cuando uno cuaja, cuando surge ese chispazo, es una satisfacción enorme.
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