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Enigmas de la historia de Extremadura (XI)

La presencia de animales en la escultura funeraria

En conjuntos fúnebres de iglesias y conventos de la región nos encontramos con animales que custodian al finado. En su mayoría son perros o leones, acompañantes en el viaje al más allá y protectores en el descanso eterno

Sepulcro de Antonio Bravo de Jerez, en la iglesia de Santa María de Almocóvar de Alcántara.

Sepulcro de Antonio Bravo de Jerez, en la iglesia de Santa María de Almocóvar de Alcántara. / Cedida

Junto a esculturas fúnebres situadas en iglesias y conventos extremeños, encontramos animales que custodian al finado. En la Baja Edad Media comienzan a colocarse esculturas de animales - perros y leones- en las esquinas de los sarcófagos o a los pies de la escultura del difunto. Eran los protectores del fallecido en el Más Allá. Aunque algunos autores consideraban que se colocaban allí para evitar que el difunto volviera y así proteger a los vivos. Tanto el perro como el león son guías en el reino de los muertos. No obstante, el león tiene otro significado más, es un símbolo de fuerza y justicia. 

Un sencillo rastreo por el registro arqueológico realizado en varios lugares donde se han localizado felinos nos transporta a contextos funerarios y rituales de la antigüedad. No olvidemos la asociación egipcia de los chacales y perros salvajes con deidades funerarias y los propios mitos de los egipcios acerca de ellos. Los dioses chacales persistieron en Egipto hasta la época romana, como se ve en los sarcófagos.

Uno de los leones que rodean el sepulcro de Antonio Bravo de Jerez en la iglesia de Santa María de Almocóvar de Alcántara.

Uno de los leones que rodean el sepulcro de Antonio Bravo de Jerez en la iglesia de Santa María de Almocóvar de Alcántara. / Cedida

En lo referente a los leones y su asociación con la muerte, podemos citar los leones de Fu, unos animales míticos que tienen su origen en la tradición budista y que, consecuentemente, están bastante difundidos en el Sudeste Asiático (China, Japón, Corea, Tailandia...). Son considerados como un símbolo de protección contra malos espíritus (demonios), malas energías y malas personas. Por esta razón se solían adornar palacios y edificios con figuras de leones.

La representación del perro

En Mesoamérica es abundante la representación del perro, tanto en la pintura mural, la escultura y la cerámica como en los códices y fuentes históricas del siglo XVI. Además es común la presencia de sus restos óseos asociados a contextos arqueológicos como parte de ofrendas en las tumbas y entierros. En las ofrendas funerarias de las tumbas de tiro, en particular en Colima, abunda la cerámica con forma de perro, ya que esta tradición lo consideraba como acompañante y guía en el viaje hacia el Mictlán, que era el lugar a donde se encaminaba el hombre que había terminado su existencia terrenal para continuar con su vida como huésped del dios de la muerte. El simbolismo del perro como guardián se conservó en Occidente figurando en sarcófagos griegos, etruscos y romanos.

Conjunto escultórico funerario de los Condes de Nieva, Diego López de Zúñiga y Leonor Niño de Portugal, de finales del s. XIV.

Conjunto escultórico funerario de los Condes de Nieva, Diego López de Zúñiga y Leonor Niño de Portugal, de finales del s. XIV. / EL PERIÓDICO

En lo referente a la representación del león, el grupo de leones asociado a cabezas humanas llega a Hispania desde el norte de Italia acompañando a grupos humanos desplazados de su lugar de origen. Su distribución en el Mediterráneo afecta a áreas discontinuas (la Provenza, el Sudeste ibérico, la provincia de Jaén, la provincia de Sevilla...). El tema se documenta también en la decoración de copas de plata y de vasijas ibéricas del 75 antes de Cristo. 

Yacentes junto a un león

Respecto a los personajes yacentes junto a un león, la interpretación como cuadro ideal de lucha de anfiteatro es aceptable por su significado funerario en el mundo itálico, que se proyecta hasta Hispania. En Camorra de las Cabezuelas (Santaella, Córdoba) hay un grupo con un gladiador tendido bajo un león que también ha sido datado hacia el 75 a.C. La alegoría de la muerte como combate es propia de la romanización y, para distinguir la relación del ser humano con el león, es interesante observar si el rostro humano aparece muerto, dormido o despierto. Ponemos el ejemplo de una tumba en Alcolea del Río (Sevilla), donde la paz del personaje dormido evoca el tránsito a la muerte mediante el sueño; el difunto se convierte en un hermoso niño dormido y el león en protector de su descanso, idea, asimismo, de sabor helenístico. 

Volver a la vida

En la Baja Edad Media se pensaba que los cachorros de león nacidos muertos volvían a la vida después de tres días gracias al aliento de la madre. El cristianismo ha mantenido el papel funerario del león y soporta los sarcófagos medievales al igual que decoraba las tumbas paganas, herencia del repertorio iconográfico funerario de la antigüedad.  

Las esculturas funerarias de felinos que sujetan entre sus garras o bajo la testa alguna víctima, humana o animal, e incluso sólo su cabeza remontan a modelos conocidos en el ámbito mediterráneo desde el siglo IV antes de Cristo y que serían popularizados durante el período alejandrino. Eran composiciones funerarias de inspiración helenística y etrusca a las que el arte romano dio cobijo y difusión por gran parte de su imperio.

Hasta dragones

Los leones tuvieron un cierto carácter mágico que se creía que alejaba el mal o propiciaba el bien en las sepulturas que decoraban y custodiaban. El felino -con su aterradora expresión- guardaba el sepulcro al tiempo que encarnaba la violencia y el sino inevitable de la muerte. Y como cancerbero de la tumba protegía los restos mortales del difunto y su ajuar funerario. Los leones carnívoros fueron uno de los motivos más frecuentes en el repertorio iconográfico funerario desde la antigüedad. 

En la mayoría de los sepulcros extremeños en los que aparece un felino se nos ofrece vigilante o durmiendo, perdiendo su fiereza en sentido protector. Pero no solo aparecen representados leones o perros junto a la figura del finado, también el dragón, que está asociado al mal. Colocado a los pies de las estatuas yacentes, recuerda a los que a menudo se colocan a los pies de María, símbolo de la victoria contra el mal.

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