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Con sumo gusto

¿Está el enemigo? Que se ponga

El Ministerio de Consumo quiere tomar medidas para frenar las llamadas comerciales no consentidas o spam, término que viene de una lata de carne en conserva y de un sketch de los británicos Monty Python

La escena final de La vida de Brian, de los Monty Python.

La escena final de La vida de Brian, de los Monty Python. / El Periódico

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Todo comenzó con una lata de carne en conserva. Spam es originalmente el nombre de una marca de carne enlatada que la empresa Hormel Foods lanzó en 1937. Este producto se hizo muy popular, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial, cuando era una opción barata y fácil de distribuir.

Sin embargo, el verdadero giro lingüístico ocurrió en 1970, cuando el grupo de comedia británico Monty Python incluyó la carne Spam en un famoso sketch televisivo. En el sketch, una pareja entra a un restaurante donde prácticamente todos los platos incluyen Spam, y los camareros no paran de repetir la palabra sin cesar. Además, un grupo de vikingos empieza a cantar «¡Spam, Spam, Spam, maravilloso Spam!» de manera cada vez más ruidosa, hasta que todo se vuelve un caos absoluto.

Mensajes telefónicos o digitales

Este exceso repetitivo de Spam en el sketch encajaba perfectamente con lo que luego sería la saturación de mensajes telefónicos o digitales. Inspirados por el famoso sketch, la comunidad tecnológica empezó a llamar a estos mensajes spam, en referencia a la insistencia absurda e incontrolable de la carne enlatada en Monty Python. Desde entonces, spam ha evolucionado hasta convertirse en un término oficial para referirse a correos electrónicos no deseados, llamadas comerciales incesantes, mensajes basura y publicidad invasiva. Quién diría que una lata de carne y un grupo de comediantes británicos cambiarían el lenguaje digital para siempre.

Medidas para atajar las llamadas spam o comerciales no consentidas

No estoy aquí para hablar de los Monty Phyton, ojalá, lo estoy para hablar de consumo, así que al lío del Monte Pío. El Ministerio de Consumo parece que ha tomado cartas en el asunto de que a tu cuñado le joroben la siesta en casa de tus suegros, que también son los tuyos, con llamaditas comerciales. Entre las medidas destacadas se incluyen:

Asignación de códigos telefónicos específicos para identificar llamadas comerciales y de atención al cliente. Esto está muy bien, podríamos familiarizarnos con ese tipo de números y no cogerlo, pero la llamada sigue incordiando. A más abundamiento, si consiguieron hacer que una llamada comercial desde Bogotá te entre como una llamada 927 de Cáceres, no las tengo todas conmigo.

Declaración de nulidad de contratos realizados tras llamadas no consentidas. Esto es interesante. A menudo a ACUEX acuden personas que han contratado servicios que no solo no han contratado, si no que no saben ni qué narices son. Muchas veces respondemos con un “sí” al coger el teléfono, el anunciante lo graba, y te monta un contrato verbal grabado colocando tu “sí” a diestro y siniestro.

Es una buena medida, pero los trileros funcionan mucho con estadísticas: si hago el truco 10 veces, pero solo me solicitan la nulidad 2, pues eso que me llevo. Preveo no demasiadas nulidades, en relación al número de engaños, ya que deberá ser judicial. Otra vez los abogados llenándonos los bolsillos, fetén.

Renovación obligatoria del consentimiento del consumidor cada dos años. Si ya recibimos spam por doquier retirando el consentimiento, la renovación obligatoria de un consentimiento que se pasan por el forro no lo veo yo muy allá.

¿Qué podemos hacemos para defendernos ante este acoso telefónico?

Mi abuelo Pedro al coger el teléfono decía «¿Quién es?», directamente, a bocajarro. A él no le hubieran podido grabar nunca un ‘sí’. Ya cogía el teléfono medio enfadado, sin saber ni quién llama ni qué quiere. En sus conversaciones telefónicas, que no le gustaban demasiado, había siempre más noes que síes. Visualizo a la pobre comercial anotando ‘no llamar jamás’ tras haber sido enviada a tomar por saco en el segundo 18. La de Pedro Parra sería una buena manera de no perder tiempo al aparato, pero no es correcto que recomiende eso desde la asociación, por lo que daré unas recomendaciones (nunca se es lo suficientemente viejo para dar consejos) que son compatibles con la convivencia pacífica:

Solicitar expresamente ser eliminado de la lista de contactos comerciales de la empresa que llama. A veces funciona, a veces no. Como añadido yo me apuntaría a la Lista Robinson. ‘Googlealo’, querido lector, y no doy mas datos que la publicidad en mi sección es carísima, por motivos evidentes.

No ignorar las llamadas, ya que los números no contestados pueden permanecer en listas de devolución automática.

Tratar con respeto a los teleoperadores, quienes simplemente cumplen con órdenes laborales. Se que es difícil ante la insistencia, las horas intempestivas, lo pesados que se ponen para hacer la venta, pero son trabajadores, con sus vidas, sus anhelos y una maleta llena de sueños. Bromas aparte, yo soy partidario de decirles educadamente que el producto no te interesa y que si pueden que te borren de la lista (fingirán que lo hacen pero no lo hacen).

Always look up the bright side of life

En honor a la verdad he de reconocer que hay un tipo de llamada con la que me enciendo muchísimo. Es cuando llama un comercial de una empresa de posicionamiento web, y te entra diciendo: «hola, soy de tuprimasoft, somos socios de Google». En ese momento toda la sangre se me va al ojo derecho, se me sale un poco de la cuenca, y le digo «no, no sois socios de Google», y comienza una lucha encarnizada hasta que convenzo al vendedor de que no son socios de Google y que decirlo es una estrategia comercial ilegal. He tenido peleas tan largas con esta bobada que hemos acabado abrazados, telefónicamente claro.

En todo caso, el que te llama en julio a las 15 horas mientras reposas el frite de tu suegra, es un trabajador. Haz como hicieron los compañeros de Brian en la cruz: silba, y canta ‘always look up the bright side of life’ - Mira siempre el lado bueno de la vida -, podrías estar colgado de una cruz, o revisitando la colección de vasos de chupito de Zoilo, yacente en el sofá contiguo absolutamente ajeno a tus reflexiones

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