Con sumo gusto
¿Quién se ha llevado mi queso?
La autoayuda explota necesidades humanas que son básicas:esperanza, autoestima, control... Su marketing es brillante: transforma problemas complejos en soluciones simples

Dos lectores miran libros de autoayuda económica en una librería. / EL PERIÓDICO
Con fórmula de fábula, Spencer Johnson publicó en 1998 la historia de dos ratones y dos humanos con igual tamaño que habitan un laberinto en busca de su queso. El queso simboliza aquello que queremos en la vida: éxito, trabajo, amor, dinero, estabilidad. Un día el queso desaparece y cada personaje reacciona de forma distinta. Moraleja de la historia: la vida cambia, acostúmbrate, muévete rápido, no te aferres a lo viejo. El tal Spencer vendió como churros su libro y no solo a particulares, en el mundo empresarial muchas empresas se lo regalaban a sus empleados con fecha de caducidad para motivarles a la hora de afrontar la salida de la empresa. Sí, has leído bien, querido lector.
A mis manos llegó por mi Madre. En la época del Instituto mi futuro se presentaba negro zahíno. Arrastraba suspensos desde tercero de EGB y el fenómeno del botellón me llamo poderosamente la atención. En su afán de que yo sacara una carrera intentó todo lo intentable, y una de sus ocurrencias fue darme a leer ese libro. Recuerdo perfectamente que mientras lo leía di por finalizados todos mis problemas académicos y futuros laborales. Estaba deseando terminar sus escasas cien páginas para ponerme manos a la obra en mi nueva vida de éxito. Lejos de eso, como una cerilla que da un fogonazo efímero, a las 24 horas de acabarlo volvía a ser de los que se sientan al fondo del autobús en las excursiones.
El negocio de la autoayuda
La sección de libros de El Corte Inglés es, para mí, una eficaz forma de tomarle el pulso a la sociedad de clase media. Al género de autoayuda destinan a menudo más estantes que a la novela histórica, fuente inagotable de Best Sellers. Promesas de felicidad instantánea, éxito asegurado, superación de traumas y hasta iluminación espiritual condensados en frases motivacionales, gurús carismáticos y seminarios que cuestan un ojo de la cara.
Si en formato papel sigue siendo rentable, imaginad este modelo de negocio en las redes sociales, en la que cualquier psicólogo argentino se forra mostrándote el camino. Solo necesitas un micrófono y un discurso motivador para hacerte coach desde la casa de tus padres. Invéntate un sistema sencillo para tener éxito en los negocios, como por ejemplo levantarte a las cinco de la mañana a hacer burpees (una especie de flexiones con saltito) y, aunque carezca del menor sentido, como el ejemplo que acabo de poner, lo importante es que seas convincente en tu mensaje.
¿Por qué funciona?
Porque la autoayuda explota necesidades humanas básicas: esperanza, autoestima, control, comunidad. Y porque su marketing es brillante: transforma problemas complejos en soluciones simples y da la ilusión de que todo depende de ti. Dentro de los subtipos que tiene esta curiosa rama del ‘saber’, el de la economía va ganando terreno a los demás, junto con el omnipresente y atemporal amor romántico. Lo único que puede competir de tú a tú con el dinero en materia de desarrollo personal es la bragueta.
No todo es engaño
No es justo demonizar al género de autoayuda por completo. A modo de ejemplo, del libro que ha introducido esta sopa de letras se pueden extraer mensajes positivos. Su mayor virtud es su sencillez. La metáfora es fácil de entender, y muchos lectores agradecen un cuento infantil para recordar una lección básica: nada es para siempre, adáptate o muere. También a su favor diré que se lee en una tarde y puede motivar a personas bloqueadas o reacias a aceptar cambios, como un despido o un divorcio. En su faceta más honesta, la autoayuda puede servir como puerta de entrada a la reflexión personal, a la terapia o al desarrollo de habilidades blandas. Hay personas que, gracias a un libro motivador, se animan a dejar un trabajo tóxico, a poner límites en una relación o a adoptar rutinas saludables
¿Psicología Low Cost?
En la recamara de mi revólver tengo temas calentitos como la nostalgia de las narices o la psicología domestica o amateur. Este segundo podría encajar hoy perfectamente, pero me lo guardo para ensañarme bien a gusto cuando corresponda. Otro fenómeno curioso es la tendencia a confundir autoayuda con terapia. Para muchas personas, leer libros de autoayuda es más barato y rápido que acudir a un psicólogo. En algunos casos puede funcionar como complemento, pero no como sustituto.
Entre la esperanza y el negocio
La autoayuda es inmortal, porque encara nuestras mayores preocupaciones y nos da soluciones fáciles, rápidas y baratas. En nuestra mano está separar el grano de la paja, no dejarnos embaucar por vendedores de humo, distinguir entre motivación pasajera y transformación real, y exigir rigor y ética. Volviendo al queso de marras, ningún ratoncito literario te dará el próximo trabajo ni resolverá las causas profundas de la inseguridad laboral o emocional. Leerlo no hace daño, pero esperar que cambie tu vida sí puede hacerlo.
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