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Agroindustria estratégica para la región

El tomate extremeño arranca la campaña con buena previsión de cosecha, pero bajo la creciente amenaza china

La comunidad es origen de en torno a un 80% de la producción española de este fruto para industria

La cosecha comienza estos días, con algo de retraso por las lluvias de primavera

Cosecha de tomate en una foto de archivo.

Cosecha de tomate en una foto de archivo. / El Periódico

Cáceres

El sector del tomate para industria, uno de los cultivos estratégicos para el campo y la agroindustria extremeños, encara su inicio de campaña con buenas previsiones de producción. Eso sí, las perspectivas no son las de alcanzar «el récord del año pasado», avanza Domingo Fernández, presidente de la sectorial de Frutas y Hortalizas de Cooperativas Agro-alimentarias Extremadura.

Las generosas lluvias de esta primavera obligaron a posponer las labores de plantación por lo que las tareas de recogida también se iniciarán en 2025 con algo de retraso respecto a lo que es habitual. En principio, será coincidiendo con el arranque de esta semana cuando dé comienzo la actividad en las explotaciones de la comarca de las Vegas Bajas y dentro de «cuatro o seis días» lo hará en las de las Vegas Altas. A estas últimas, el agua caída hace unos meses no permitió entrar hasta algo más tarde en las parcelas, encharcadas en muchos casos, por lo que la recolección también será posterior.

Un retraso que, aclara Domingo Fernández, no tendrá repercusión en el ámbito comercial, ya que existencias de tomate «hay normalmente para empalmar una campaña con la otra». Y en esta ocasión, más todavía. De hecho, «se ha sembrado algo menos de hectáreas precisamente porque hay stock» de la campaña anterior, puntualiza.

Un 2024 de récord

Con unas 22.000 hectáreas cultivadas, la campaña pasada los rendimientos ascendieron a una media de en torno 100.000 kilos por hectárea (2,1 millones de toneladas en total), «algo que no se había dado nunca». Un comportamiento que vino determinado por una conjunción de factores, que incluyeron las favorables condiciones meteorológicas o las mejoras de productividad derivadas de la implementación de sistemas de riego y la utilización de nuevas variedades.

En relación con la cosecha actual, precisa Fernández, «la cosa no pinta mal», con un pronóstico que es mejor en las variedades tempranas que en el tomate tardío, que se vio algo más castigado por los intensos calores durante su floración.

Unas 2.000 hectáreas menos

Con unas 2.000 hectáreas menos cultivadas que las que había en 2024, Fernández apunta que la media podría situarse en unos 90.000 kilos, moviéndose así de nuevo en unos parámetros convencionales aunque, incide, «todavía es pronto» para dar nada por seguro. «El tomate es muy delicado para la lluvia y tiene que dormir aún al raso muchas noches», esgrime el responsable de la sectorial de Frutas y Hortalizas de Cooperativas Agro-alimentarias Extremadura.

En esta línea, recuerda que las faenas de recogida en campo se prolongarán cerca de dos meses, hasta final de septiembre, con lo cual la climatología puede todavía dar disgustos en forma de lluvias o tormentas. Un «riesgo mayor» si se tiene en cuenta que este año, con la demora acumulada, en lugar de acabar hacia el 20 de septiembre la temporada se alargará una semana más, llegando a fechas en las que es mayor la probabilidad de mala climatología.

Remolque cargado de tomate en las instalaciones de una cooperativa en una imagen de archivo.

Remolque cargado de tomate en las instalaciones de una cooperativa en una imagen de archivo. / El Periódico

Cerca del 80% del tomate para industria español tiene origen en Extremadura. «Hay algo en Andalucía, y en Navarra, donde queda muy poco», aclara el también presidente de la cooperativa de segundo grado Acopaex. Son 14 las industrias transformadoras para una producción que está fundamentalmente orientada a los mercados exteriores.

Utilizado para elaborar concentrados, salsas, purés o zumos, el 85% del tomate extremeño se exporta fuera de las fronteras españolas. Va a parar, «prácticamente a toda Europa», con Alemania a la cabeza, pero también a Francia, Reino Unido o Italia, que es el mayor productor del continente. «Nosotros podemos competir en Europa en calidad y en coste. El problema nos viene con el tomate chino», lamenta Fernández.

Estas importaciones de China van inundando el mercado progresivamente y tirando a la baja de los precios. «Es una competencia que podríamos llamar desleal, porque los costes que tienen en China no son los mismos que aquí ni de mano de obra, ni de tratamientos, ni de riegos, todo es diferente. Además, allí es ‘papá’ Estado el que carga con todo, también si hay pérdidas, no los empresarios, como aquí».

Por este motivo, incide, la producción china «debía tener también los mismos controles», sanitarios, ambientales o de calidad que la nacional. Porque, critica, este tomate importado es empleado luego en segundas transformaciones, en las que «el origen casi desaparece» para el consumidor.

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