Consecuencias en el campo
La huella del devastador incendio de Jarilla: "En dos días se ha quemado el trabajo de toda nuestra vida"
El Periódico Extremadura se adentra en las fincas arrasadas por las llamas en Gargantilla, donde ganaderos y agricultores relatan cómo pasaron dos noches enteras viendo arder sus pastos y cerezos. "El fuego estaba a cuatro metros de mis vacas", recuerda uno de ellos con la voz quebrada

Carlos Gil

Cientos de cerezos calcinados. La desolación de los agricultores y ganaderos de Gargantilla (Cáceres) es absoluta. A medida que se avanza hacia la sierra, en la parte alta del pueblo, los restos de la combustión son lo único que queda. El monte está cubierto por un manto negro y las motas de ceniza vuelan arrastradas por el viento sin dar tregua. Los árboles ahora son esqueletos. No hay rastro de las hojas y las cerezas que yacen en el suelo son solo carbón. Es la imagen que se encuentra Fernando Barbero al regresar a su finca, completamente arrasada por el incendio que se originó el pasado martes en Jarilla y que ha puesto en jaque a trece localidades del norte de Cáceres.
La pérdida no es solo emocional. El agricultor explica que el conjunto de sus terrenos daban al año unos 20.000 kilos de cereza, 7.000 de ciruela y 25.000 de aceituna. Esa producción mantenía a su familia. "Más de 40 árboles se han quemado, eso supone perder de manera permanente unos 1.200 kilos de cereza. Son entre 2.000 y 2.500 euros menos cada año. Da mucha pena". Y añade un dato que pone en perspectiva la huella de la devastación: los cerezos necesitan entre tres y cuatro años para volver a formarse. Sin embargo, el daño económico no es, ni de lejos, lo que más pesa, sino haber visto de cerca cómo ardía su propia tierra.
Los vecinos, de voluntarios con la UME
Todo comenzó el sábado por la mañana. Muchos vecinos de Gargantilla, un pueblo enclavado en el Valle del Ambroz de apenas 300 habitantes, salieron con cubas de agua a intentar frenar el fuego, pero la Guardia Civil los desalojó por seguridad. "Entiendo que era para protegernos, pero me gustaría que se pusieran en nuestro lugar. Nosotros vivimos de las cerezas, del regadío, de esta sierra que es nuestro sustento", protesta.

La huella de la tragedia: las imágenes de la 'zona cero' del incendio de Jarilla / Carlos Gil
Algunos de ellos se saltaron las instrucciones, lo que les ha permitido ayudar a la Unidad Militar de Emergencias (UME) durante estos dos últimos días a entrar con los camiones y buscar puntos estratégicos. Su llegada fue para muchos un alivio en medio del caos. Sobre todo lo fue la aparición de los 17 medios aéreos: "En ese momento el fuego era un monstruo, pero lograron controlarlo", recuerda Gregorio González, un ganadero gravemente afectado.
"Se ha quemado todo"
Decidió quedarse en su finca para cuidar del ganado. "Me pasé las noches sentado viendo las llamas de frente. Una cosa es que te lo cuenten y otra es ver una lengua de fuego corriendo hacia abajo. Venía y venía sin parar". Las llamas estaban a apenas cuatro metros de sus vacas. "Llegué a pensar: las dejaré sueltas, que se defiendan. Al ganado no llegó, pero el pasto se lo ha llevado todo".
Con la voz entrecortada, González revive el miedo: "Sentía una impotencia enorme. Estábamos solos ante un fuego de esa magnitud. Y todo el ganado allí, sin saber qué hacer con él. Era desbordante. Había kilómetros y kilómetros ardiendo".
Los animales del ganadero han sobrevivido, pero el 90% del pasto ha desaparecido. "El incendio me quemó 400 metros de manguera con la que daba agua al ganado. He tenido que volver a instalarla. Ahora tengo que comprar todo de nuevo para alimentarlos", lamenta.
Los estragos
La magnitud del desastre se percibe en la sierra comunal de Gargantilla, compartida por Barbero, González y otros vecinos que poseen acciones dentro de una organización colectiva. El monte, dividido en zonas como La Solana, Cruces Altas y el puerto de Honduras, muestra ahora los estragos de lo vivido.
Daniel Pérez, presidente de la asociación, calcula que de las mil hectáreas, el 90% han quedado arrasadas. Los animales han tenido que ser trasladados a una parcela de apenas 400 metros. "Los ganaderos tenemos la sierra arrendada, y no hay otro medio. Aquí no hay dehesas ni prados. Cada uno tiene su nave para los controles sanitarios y poco más", explica. La preocupación principal es que las vacas no pueden estar todas juntas, porque se pelean entre ellas. Por eso, reclama apoyo: "Esto ha sido un desastre, una catástrofe, y nosotros no tenemos la culpa. Queremos que no se nos olvide y que nos ayuden".

La huella de la tragedia: las imágenes de la 'zona cero' del incendio de Jarilla / Carlos Gil
Los árboles, de cortafuegos
En la zona de Los Pocitos, Juan José María García tiene una finca de 400 árboles y ha perdido alrededor de 100. Los árboles han hecho de cortafuegos. "La mayoría vivimos de la cereza. El incendio se ha llevado casi la mitad de la producción, pero ya no para el año que viene, sino durante 20 o 30 años".
García lo recuerda con impotencia: "En cuestión de segundos todo se quemó. Es tan frustrante...". Él también se sumó a la UME, indicando por dónde subir. "Los militares no pensaban atacar las llamas en la Solana, y al final les explicamos el camino. A las cuatro de la mañana logramos apagar la zona más peligrosa para el pueblo".
Las críticas al abandono del monte son compartidas. Los vecinos denuncian que está lleno de maleza, sin cortafuegos ni pistas. "A la administración le pedimos permisos para limpiar y no nos los dan. La sierra está abandonada", señalan. Fernando Barbero va más allá: "Vino el jefe de forestales y ni siquiera conocía el terreno. Hasta que no se ha quemado todo, no apareció nadie. El fuego se ha llevado el 80 o 90% de la sierra. ¿Dónde metemos ahora al ganado? Los árboles ya están destruidos", se pregunta.
Durante los últimos días, estos vecinos han sido bomberos, agricultores y ganaderos al mismo tiempo. Pero, sobre todo, han sido familia. Ahora se ayudan entre ellos, reponen mangueras y riegan los pocos árboles que han sobrevivido a la catástrofe. Lo hacen con un objetivo: "tirar palante". El recuerdo, sin embargo, quedará. Porque para ellos, 2025 será siempre el año del incendio que truncó sus vidas.
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