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Día de Extremadura

Medallas de Extremadura: Una velada que ovaciona a los «guardianes» del futuro

La noche en la que se entregan los máximos galardones que otorga Extremadura es una noche para presumir. La gala deja, además, de un profundo poso de orgullo propio, momentos para el recuerdo como la fiesta flamenca con La Kaíta o la conmovedora ovación a los efectivos del Infoex, protagonistas -y héroes- del verano insólito de incendios

Los premiados en el Teatro Romano de Mérida.

Los premiados en el Teatro Romano de Mérida. / Javier Cintas

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Gema Guerra

En noches como esta es difícil mantener el foco durante algo más de unos minutos. Los estímulos son infinitos, siempre que se sepa mirar. El escenario, inigualable, de una presencia magnánima, que impone hasta el más confiado. Hace unas semanas, el graderío ovacionaba a los valientes que se suben a escena para declamar los textos escritos hace siglos como hiciera en su día Margarita Xirgú y este domingo, volvió a engalanarse el aforo en el templo, un símbolo de la Extremadura del pasado, del presente y del futuro, para celebrar, precisamente, eso. La región que levantó los cimientos para que las generaciones de ahora dejen un legado de orgullo para las de los años venideros. Esta es una velada para presumir, para honrar al amor propio y a la dignidad. Por esta razón, en noches como esta, ese alarde de esperanza y seguridad, de certezas, es difícil no encontrar multitud de pequeños detalles, distinciones minúsculas o mayúsculas, por qué no, que dejan un recuerdo perpetuo.

No es casual, por esta razón, que haya quien aprovechara para hacer alarde de los colores, ese verde, blanco y negro al que apela el himno que volvió a corear Mérida, otro símbolo indiscutible entre símbolos. Por supuesto que el verso en el que «nuestras voces se alzan y nuestros cielos se llenan de banderas» sonaría más tarde en el teatro romano a viva voz. La impecable Orquesta de Extremadura dirigida por Roberto Forés la encargada de entonarlo acompañada de las voces de la sección juvenil de los coros In crescendo de la agrupación coral y el coro del conservatorio oficial de música de Don Benito. Los tres colores lucieron, además, en banderas, pulseras, proyectadas en las columnas romanas e incluso en las medallas que se entregaron, cuatro en esta ocasión. Quiso aliarse, también, con ese orgullo extremeño el tiempo que, aunque amenazaba con cubrirse de nubes, respetó la gran fiesta de la autonomía con un clima que bien agradecieron aquellos que tiraron de americana.

Como buena celebración, la solemnidad fue la gran protagonista a la hora de escoger el vestuario. Los premiados, de impecable traje y las autoridades, con el protocolo que exige la ocasión. Fueron haciendo su entrada en la zona reservada entre la orchestra y la cavea de forma escalonada. Los galardonados, como es habitual, arriba en una scaena que está acostumbrada a pisar la actriz Carolina Yuste y la presentadora del acto, la periodista Irene Rangel, después de que la que iba a ser su partenaire, Raquel Sánchez , anunciara in extremis que la enfermedad le impedía estar presente. Con tablas, defendió la exigente velada en la que todo el abanico de autoridades y lo más granado de la sociedad extremeña está pendiente. Presidió la que es ya su tercera gala la presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola, de verde y negro.

Entró en el teatro acompañada de la presidenta de la Asamblea de Extremadura, Blanca Martín, y de la presidenta del Tribunal Superior de Extremadura, María Félix Tena Aragón, las tres representantes de los tres poderes de la región extremeña. A las puertas del teatro aguardaba desde primera hora una comitiva que aprovechó la ocasión para manifestar sus reivindicaciones, desde las posturas contrarias al macrovertedero y a la planta de biogás de los vecinos de La Coronada y los vecinos contrarios a las minas de Cáceres y Cañaveral hasta los manifestantes contra el genocidio palestino que, incluso, llegaron a acceder al graderío y fueron desalojados.

La velada, que acostumbra a dilatarse a pesar de los esfuerzos para que así no sea, dejó para la memoria estampas como la que protagonizaron los coros y las voces genuinas del flamenco extremeño, que emocionaron como solo lo hacen los maestros en el arte del cante jondo. Entre los momentos más significativos de la gala, destacó el emotivo discurso de la actriz de Badahó, porque se pronuncia y se escribe Badahó, en el que reivindicó sus raíces y la presencia numerosa de efectivos del plan Infoex, reconocibles por su característico uniforme amarillo, y la sonora y prolongada ovación que recibieron del público y de cada uno de los premiados porque, sin duda, ellos han sido nombres propios de un verano en el que el fuego no ha dado tregua y como bien apuntó uno de los galardonados, son «guardianes del futuro». «Buenas noches y viva Extremadura», resumió Diego Guillén (Infoex) como el mejor de los broches.

Así, entre discurso y discurso, y ese clima de estímulo constante que caracteriza a noches como esta, concluyeron las algo más de dos horas de gala. Bajó la iluminación del teatro y el silencio sepulcral del aforo se convirtió en un murmullo ya centrado en los saludos que no pudieron darse al inicio de la velada en la que se reivindicó como eslogan una luz y un rumbo propios. La gala de las Medallas ejerce de antesala del 8 de septiembre, jornada de este lunes en la que la celebración se traslada a Guadalupe, ya con un tono más solemne y ceremonial, y más tarde con el concierto del Miguelito, que es de Mérida, y de sus Derby Motoreta Burrito Cachimba. Ahora, los galardones ya reposan en los hogares de sus correspondientes acreedores como recordatorio de que no hay mayor honor que estar orgulloso de la tierra en la que uno nació.

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